viernes, 20 de diciembre de 2013

Economatos solidarios, en la mayoría de las diócesis españolas


Un litro de leche, 20 céntimos
Los economatos solidarios proliferan en España porque «otorgan una mayor dignidad y responsabilidad a los usuarios», afirma don Jorge González, sacerdote y responsable del primer economato puesto en marcha por Cáritas Madrid. «No es lo mismo ir a pedir limosna que ir a hacer la compra», dice una de las usuarias, que, por primera vez, no se avergüenza de ir a por comida a la parroquia

El párrocoMonseñor Herráez, en la inauguración
Carmen -nombre ficticio-, tiene dos hijos, y un marido que se marchó de casa. Con los pocos euros que ingresa trabajando como asistenta en una casa, «compra lo más indispensable», explica don Jorge González, el párroco de Beata María Ana Mogas, parroquia del madrileño barrio de Tres Olivos, donde Carmen va asiduamente a recibir alimentos de Cáritas -pasta, arroz, legumbres, leche para los niños...- El día que le toca recibir comida, deja a los pequeños con su madre, para que no la vean pedir limosna.
Esta pobreza vergonzante es uno de los grandes lastres de tantas familias españolas que, como la de Carmen, han visto en poco tiempo cambiar radicalmente su economía. Para intentar dignificar su situación, han proliferado en nuestro país los economatos solidarios, «un modelo que fomenta la dignidad de las personas», afirma el párroco de Beata María Ana Mogas, donde hace una semana se puso en marcha el primer economato solidario de Cáritas Madrid. De hecho, Carmen, una de las primeras usuarias, «llegó de la mano de uno de sus niños, porque, según reconoció, no era lo mismo venir a que te den limosna, que a hacer la compra».
Otra de las razones fundamentales por las que este modelo de ayuda se reproduce a gran velocidad en las diócesis españolas es porque «fomenta la responsabilidad del usuario, que ve que también tiene que aportar algo», asevera el sacerdote. La tercera razón es que, «en el economato, se ofrecen productos que no se pueden encontrar en un despacho de Cáritas, y se da a la gente autonomía para elegir lo que más necesita», añade.
¡Pescado, por fin!
En el economato de Tres Olivos, además de poder comprar un litro de leche a 20 céntimos, los usuarios también se pueden llevar a casa, entre otras cosas, un kilo de merluza por 80 céntimos, 8 yogures por 40 céntimos, una docena de huevos por 30 céntimos, y hasta verdura y productos de higiene -el criterio general es que el precio sea de un 20% con relación al precio de venta al público-. «No sé si brillaban más los ojos de Carmen o los del crío ante el despliegue de productos que había a su disposición», afirma don Jorge González.
«Además de lo de siempre, en la cesta entraron unos yogures de sabores, huevos, verdura y productos congelados», señala el párroco, que recuerda cómo Carmen fue a contarle, agradecida, que por fin iba a comer pescado después de seis meses sin probarlo. Esta comida llega hasta el economato a través de donaciones particulares -sobre todo, recogidas en las Operaciones Kilo de la parroquia-. El resto, se compra gracias a los donativos y a la ayuda del Banco francés Natixis.
En este proyecto madrileño, son los técnicos de Cáritas de las parroquias del arciprestazgo de San Miguel de Fuencarral quienes valoran qué familias deben acceder al economato. De momento, han comenzado con 60, pero la idea es llegar, en menos de dos meses, al centenar.
No es una idea nueva...

Economato de Tres Olivos
Además de Cáritas, son muchas las Órdenes y Congregaciones religiosas que han reforzado su acción social a través de la puesta en marcha de proyectos como los economatos solidarios. Es el caso de las religiosas salesianas en Sevilla, que, desde 2010, gestionan el Economato Social María Auxiliadora, nacido de la mano de su actual coordinadora, la salesiana María José Cabet. Trabajadora social en Cáritas diocesana, la religiosa sufría al ver a decenas de familias sin poder llevar un plato de comida a casa:
«Me preocupaba -explica-, sobre todo, cuando veía a los padres sacar lo que quedaba de alimentos de los contenedores, o cuando me contaban que un niño llevaba en el biberón el caldo de los macarrones, en lugar de leche. Aquello era más fuerte que pensar en cómo lograríamos el dinero para levantar un economato».
Tres años después, como dice la Hermana María José, es palpable que, «cuando se trata de los pobres, Dios da el ciento por uno». Y es que, de 30 familias en 2010, han pasado a atender a 475, «y llegaremos a las 500 este mes, que la Navidad es la Navidad», añade.
En el economato sevillano, la familia usuaria aporta el 25% del precio del producto, y el 75% restante la institución que la respalde: «Vienen familias de Cáritas, otras de asociaciones como Sevilla Acoge...; y las que llegan sin derivar de ninguna asociación, las respaldamos nosotras, como salesianas».
Además, cuentan con la ayuda de 100 voluntarios, tienen 200 socios fijos que aportan, mensualmente, una cantidad económica, reciben donativos particulares e, incluso, familias llaman para apadrinar a otras familias.
Cristina Sánchez Aguilar

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