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martes, 3 de septiembre de 2013

Materiales Youcat parte III del MFC, muy pronto en septiembre del 2013



Los nuevos materiales sobre el Youcat tercera parte, para niños adolescentes y jóvenes, serán presentados en la Asamblea Nacional de este mes de septiembre y en los Consejos Nacionales de los Servicios de octubre del Movimiento Familiar Cristiano (MFC).

El formato de esta tercera parte será similar a las anteriores, estudiando a Jesús de Nazaret desde el Youcat y el catecismo de la Iglesia Católica, y los libros de Benedicto XVI, para ayudar a la formación no solamente de nuestros niños y jóvenes, sino también de otras parroquias y movimientos ya que seguirán siento gratuitos. Están adaptados en cuatro grupos de edades, para niños menores de 6 años, de 6 a 11 años, de 12 a 16 y mayores de 16 años.

Podrán solicitarse a movimadrid@gmail.com o descargarse desde nuestra página web.
www.movimadrid.blogspot.com cuando sean presentados oficialmente en unos días.


El año pasado tuvieron gran difusión, con más de 20.000 lecturas del temario de materiales Youcat segunda parte Año de la Fe y JMJ RIO 2013,   con difusión gratuita en la red, como servicio a la Iglesia del Servicio de Infancia y Juventud del Movimiento Familiar Cristiano .

La primera parte de los materiales que desarrollan el Youcat fueron utilizados por más de 12.500 personas difundidos de forma gratuita.



Numerosas instituciones, colegios, parroquias y movimientos los han utilizado en los dos cursos anteriores, siendo España, México, Argentina, Colombia, Perú y Chile los usuarios más numerosos, pero destacando también Cuba, Costa Rica y Venezuela, incluso de países de habla portuguesa como Brasil o inglesa como Estados Unidos de América o Reino Unido.





lunes, 5 de agosto de 2013

El Papa en el Ángelus: los jóvenes no siguen al Papa, siguen a Jesucristo, llevando su Cruz

«La verdadera riqueza es el amor de Dios compartido con los hermanos» expresó explicando que el evangelio de este domingo «advierte propiamente sobre el absurdo de basar la propia felicidad sobre el tener»
El obispo de Roma enmarcó su reflexión en la maravillosa experiencia vivida en Brasil con la JMJ, a la que calificó como «una nueva etapa en la peregrinación de los jóvenes a través de los continentes con la cruz de Cristo».
«Las JMJ no son ‘fuegos de artificio’, sino etapas de un largo camino», constató el Sucesor de Pedro. «Los jóvenes no siguen al Papa, siguen a Jesucristo llevando su cruz. Y el Papa los guía y los acompaña en este camino de fe y de esperanza».
Después de agradecer y pedir al Señor que recompense a todos los que han trabajado para esta gran fiesta de la fe y el encuentro con el pueblo y los pastores, el Obispo de Roma pidió rezar para que los jóvenes que participaron de la JMJ, puedan traducir esta experiencia en su camino cotidiano, en el comportamiento de todos los días y que puedan traducirlo también en elecciones importantes de vida, respondiendo a la llamada personal del Señor.

Texto completo

Queridos hermanos y hermanas,
El pasado domingo estaba en Río de Janeiro. Se concluía la Santa Misa y la Jornada Mundial de la Juventud. Pienso que todos juntos tenemos que dar gracias al Señor por el gran don que ha sido este evento, para el Brasil, para América Latina y para el mundo entero. Ha sido una etapa en la peregrinación de los jóvenes a través de los continentes con la Cruz de Cristo. Nunca tenemos que olvidar que las Jornadas Mundiales de la Juventud no son «fuegos de artificio», finalizados en sí mismo; son etapas de un largo camino, iniciado en 1985, por iniciativa del Papa Juan Pablo II. Él confió a los jóvenes la Cruz y dijo: vayan y yo iré con ustedes! Y así fue; y esta peregrinación de los jóvenes continuó con el Papa Benedicto, y gracias a Dios también yo he podido vivir esta maravillosa etapa en Brasil. Recordemos siempre: los jóvenes no siguen al Papa, siguen a Jesucristo, llevando su Cruz. Y el Papa los guía y acompaña en este camino de fe y de esperanza. Agradezco por esto a todos los jóvenes que han participado, incluso con sacrificios. Y agradezco al Señor también por los otros encuentros que tuve con los Pastores y el pueblo de aquel gran País que es el Brasil, como también con las autoridades y los voluntarios. El Señor recompense a todos aquellos que han trabajado para esta gran fiesta de la fe.
También quiero subrayar mi gratitud; muchas gracias a los brasileños, buena gente la del Brasil, un pueblo de gran corazón, no me olvido de su calurosa bienvenida, de sus saludos, de sus miradas, tanta alegría, un pueblo generoso, pido al Señor los bendiga tanto.
Quisiera pedirles que recen conmigo para que los jóvenes que han participado en la Jornada Mundial de la Juventud puedan traducir esta experiencia en su camino cotidiano, en los comportamientos de todos los días; y que puedan traducirlo también en elecciones importantes de vida, respondiendo a la llamada personal del Señor. Hoy en la liturgia resuena la palabra provocante de Qoèlet: «Vanidad de vanidades… todo es vanidad» (1,2). Los jóvenes son particularmente sensibles al vacío de significado y de valores que a menudo los circunda. Y lamentablemente pagan las consecuencias. En cambio, el encuentro con Jesús vivo, en su gran familia que es la Iglesia, llena el corazón de alegría, porque lo llena de vida verdadera, de un bien profundo, que no pasa y no se marchita: lo hemos visto en los rostros de los chicos de Río. Pero esta experiencia tiene que afrontar la vanidad cotidiana, el veneno del vacío que se insinúa en nuestra sociedad basada en el beneficio y en el tener, que ilusionan a los jóvenes con el consumismo. El Evangelio de este domingo nos advierte justamente sobre el absurdo de basar la propia felicidad sobre el tener. El rico se dice a sí mismo: «Alma mía, tienes bienes almacenados… descansa, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dice: Necio esta misma noche morirás. Y aquello que has acumulado ¿para quién será?» (cfr Lc 12,19-20).
Queridos hermanos y hermanas la verdadera riqueza es el amor de Dios, compartido con los hermanos. Aquel amor que viene de Dios y hace que nosotros lo compartamos con nosotros; y nos ayudemos entre nosotros. El que hace la experiencia no teme la muerte y recibe la paz del corazón. Confiemos esta intención, esta intención de recibir el amor de Dios y compartirlo con los hermanos, a la intercesión de la Virgen María.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,
Los saludo a todos y les agradezco su presencia, a pesar del calor.
Estoy contento de saludarlos, en particular a algunos grupos juveniles: la Juventud Carmelitana de Croacia, los jóvenes de Sandón y Fossò, diócesis de Verona; a los de Mozzanica, diócesis de Cremona; aquellos de Moncalieri, que han hecho parte del camino a pie, y a los de Bérgamo, que han venido en bicicleta. ¡Gracias a todos!
Pero hay tantos jóvenes en la plaza, ¡esto parece Río de Janeiro!
Querría garantizar un recuerdo especial a los párrocos y a todos los sacerdotes del mundo, porque hoy se recuerda su patrono, San Juan María Vianney. Queridos hermanos, estamos unidos en la oración y en la caridad pastoral.
Mañana los romanos recordamos nuestra Madre, la Salus Populi Romani. Pidámosle a ella que nos custodie y ahora todos juntos la saludamos con un Ave María, todos

miércoles, 31 de julio de 2013

Insólito: un Papa entrevistado en televisión; Francisco no esconde los males en la Iglesia

El papa Francisco afirmó que "hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece", en respuesta a los escándalos por los que pasa el Vaticano, según una entrevista con el pontífice emitida el domingo 28 de julio por el canal brasileño de televisión Globo.

"Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece y ahora tenemos el ruido de los escándalos de una transferencia de millones de dólares de un monseñor", declaró el Papa, entrevistado durante su visita a Río de Janeiro para la JMJ 2013. 

El Pontífice se refería con sencillez al oficial italiano de la Curia, Nunzio Scarano, acusado de fraude y corrupción en el marco de una investigación sobre supuestas irregularidades financieras en el Instituto para las Obras de Religión (IOR), que fue arrestado a finales de mayo.

"Bonito favor le hace a la iglesia este señor. Pero hay que reconocerlo, este señor obró mal y la Iglesia tiene que darle la sanción que merece", indicó el pontífice en la entrevista realizada el jueves en la residencia del Arzobispado de Río de Janeiro, en Sumaré, en las afueras de la ciudad y donde Francisco se hospedaba durante la JMJ.

"En la Curia hay muchos santos"
Según el papa, "a la curia humana siempre se le criticó, pero en la curia romana hay muchos santos: cardenales santos, obispos santos; sacerdotes, religiosas y laicos santos, gente de Dios que ama la Iglesia pero eso no se ve mucho".

Francisco creó el 13 de abril un grupo de ocho cardenales para que le aconsejen en el gobierno de la Iglesia y estudien un proyecto de reforma, y ese fue otro tema que comentó.

"Ya tenemos muchos documentos y el 1, 2 y 3 de octubre tendremos la primera reunión oficial", en la que de acuerdo con el papa "se darán algunas pautas", pero según él "no saldrá una reforma definitiva".

 

"La Iglesia siempre se tiene que reformar"

"La iglesia siempre se tiene que reformar; si no, se queda atrás. Hay cosas que servían para el siglo pasado u otras épocas y ahora no sirven más, entonces hay que reformarlas", apuntó.

En la entrevista, Francisco recordó las palabras que le dijo el arzobispo de Sao Paulo, el cardenal brasileño Claudio Hummes, cuando el argentino fue escogido como papa: "él me dijo ´no te olvides de los pobres´ y esa fue una frase que me hizo tanto bien".

A pesar de desconocer el fondo de la ola de protestas en Brasil, que se intensificaron en junio por diferentes reivindicaciones sociales y en varias ciudades del país, Francisco opinó: "un joven que no proteste no me gusta, el joven tiene la ilusión de la utopía y la utopía no siempre es mala".

Escuchar a los jóvenes, no manipularlos
"El joven tiene más frescura para decir sus cosas, un joven esencialmente es disconforme y eso es muy lindo y hay que escuchar a los jóvenes y cuidarlos para que no sean manipulados, pues hay gente que busca explotar a estos jóvenes manipulándolos", expresó.

Criticó también la "feroz idolatría del dinero", fruto de "una política mundial muy impregnada del protagonismo del dinero. Quien manda ahora es el dinero", aseveró Francisco, quien puso como ejemplo de eso "el alto porcentaje de desocupación juvenil que hay en Europa. Es alarmante".

"Hay chicos que mueren de frío en el invierno y eso no es noticia, pero si bajan tres o cuatro puntos las bolsas de las grandes capitales eso si es noticia. No debemos caer en una globalización de la indiferencia", consideró.

Francisco abogó por "fomentar una cultura del encuentro en todo el mundo de todas las confesiones", como él llama el conjunto de religiones.

"Las diversas confesiones no pueden irse a dormir tranquilas mientras haya un chico con hambre", subrayó.

"El Papa es argentino, y Dios es brasileño"
Sobre su visita a Brasil y el hecho de ser de Argentina, país vecino y rival en muchos aspectos, Francisco destacó que fue recibido con calidez y "el pueblo brasileño tiene un gran corazón y la rivalidad está superada, porque hemos negociado bien: el papa es argentino y Dios es brasileño".

Justificó el ejemplo de "simplicidad y humildad" al escoger un coche modesto para desplazarse en Brasil, un "papamóvil" abierto y una residencia sin lujos durante su estancia en Río de Janeiro.

Comunicación sin vidrios
"No puedo vivir solo, encerrado, necesito contacto con la gente y me quedé en la residencia por razones psiquiátricas (risas) para no estar sufriendo esta soledad que no me hace bien", indicó el papa, quien admitió que fue "indisciplinado" por no atender siempre las recomendaciones de seguridad del Vaticano y de Brasil.

"Fui a ver el "papamovil" y estaba con vidrios. Nadie puede visitar a sus amigos en una caja de vidrio, no podría venir a visitar, a este pueblo que tiene un gran corazón, dentro de una caja de vidrio. O es todo o es nada, pues fue un viaje con comunicación humana, y la comunicación a medias no hace bien", concluyó.

Tres millones de personas en la misa de clausura de la JMJ en Copacabana

La misa de clausura de la JMJ en Brasil congregó a 3 millones de personas según las autoridades municipales de Río de Janeiro. 

Por comparación, la enorme misa de clausura de la JMJ Madrid 2011 consiguió reunir dos millones de personas, aunque la organización de la JMJ oficialmente no dio ninguna cifra, entre otras cosas porque aunque ellos también contaban 2 millones de asistentes, habría significado asumir públicamente que el recinto de Cuatro Vientos y sus aledaños habían superado los límites que por seguridad se habían establecido previamente. 

Para entender los 3 millones de Copacabana hay que ver las fotos aéreas verticales; las horizontales no captan tan bien lo que es esa multitud. 

Hay varias diferencias entre el acto masivo final de Río y el de Madrid: 

1- En Río el acto se iba a celebrar en Guaratiba, pero ese espacio habilitado quedó inundado por la lluvia, así que se desplazó a la playa de Copacabana... donde no había puestos de reparto de comida, la gente durmió en la playa que no había estado preparada para ello, escaseaban los lavabos (planeados para las concentraciones iniciales, de unos cientos de miles de personas), etc... En Madrid, en cambio, el acto masivo tuvo lugar donde se había planeado, en Cuatro Vientos (bajo estas líneas, las fotos muestran cómo se llenó el recinto madrileño). 

2- En Río, el "enemigo" fue la lluvia fina y constante, para la que los peregrinos iban mal preparados. Con todo, en la Misa final del domingo por fin salió el sol. En Madrid el enemigo era el calor asfixiante, la jornada más calurosa de todo el verano madrileño. Las chicas de Europa del Norte yacían con la piel de color rojo desmayadas alrededor de las tiendas de atención sanitaria. Cuando la noche de vigilia en Madrid cayó un aguacero con rayos y truenos, empapando a todos, fue casi un alivio y causa de regocijo. El problema es que colapsaron algunas estructuras que debieron desmantelarse. 

3- En Río, el mar ofrecía una alternativa a la mera espera, aunque los que estaban más alejados de la línea de mar, cuando se llenó Copacabana, no tenían tanta capacidad de llegar allí. En cualquier caso, puesto que el sol fue escaso, mojarse era más un ritual para presumir de vuelta a casa ("me bañé en Copacabana") que una necesidad. En Cuatro Vientos y su calor sofocante los peregrinos habrían dado lo que fuera por tener mar cerca.

Y se quedan cortos estos millones frente al récord absoluto de concentración humana en un solo espacio, que fue el final de la JMJ de Manila, donde 5 millones de personas (algunos lo suben hasta 7) desbordaron cualquier límite en 1995.

Así era la participación en la JMJ de Manila 1995: más de 5 millones de personas


lunes, 29 de julio de 2013

La JMJ de Cracovia 2016 ya tiene web oficial y está en redes sociales


Ya se puede visitar la página web oficial de la próxima JMJ que tendrá lugar en Cracovia (Polonia) en el año 2016, como ha anunciado hoy el papa Francisco a la conclusión de la JMJ de Río de Janeiro.

El dominio es http://www.krakow2016.com/es/ y se puede seguir en Twitter en @Krakow2016

Es la JMJ con este servicio más rápido de la historia, muestra de que cada vez se comprende mejor dónde desarrollan los jóvenes buena parte de su tiempo. La de Madrid tardó más de año y medio y la de Río unos meses, por poner ejemplos de las dos últimas.

También está creada ya la página de Facebook, Google+, Ask, Timblr y canal de Youtube. 


Incluye además las primeras noticias con el anuncio de la JMJ, la historia de las JMJs, todo un especial sobre el beato Juan Pablo II, una guía sobre la ciudad, saludo de su arzobispo...

El Papa a los pastores: sabed perder el tiempo con los jóvenes



Francisco animó a los pastores a dedicar tiempo a los jóvenes, a escucharlos, a acompañarlos y a ayudarles a encontrarse con Jesús y también a salir a llevar a la calle la fe. Lo hizo en la misa celebrada la mañana del sábado 27 de julio en la catedral de Río de Janeiro con obispos, sacerdotes, seminaristas y personas consagradas.

A las nueve menos diez de la mañana (hora local), el Papa entró por una alfombra roja al original edificio de la catedral de San Sebastián de Río de Janeiro, llena de obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas de todo el mundo, que le recibieron con aplausos y el canto “Tu es Petrus”, el himno pontificio que se le canta al Papa cuando lo eligen.

A medida que Francisco avanzaba por la alfombra roja que llegaba hasta el presbiterio, se iba deteniendo a saludar a algunos de ellos, a bendecirlos, a darles la mano, a abrazarles, mientras cientos de dispositivos móviles le fotografiaban, muchos de ellos en manos de obispos revestidos para concelebrar, con su mitra sobre la cabeza.

Los que llenaban el templo eran algunos de los al menos 600 obispos, 8.000 sacerdotes, 9.000 religiosos y religiosas y 7.000 seminaristas que están participando en la JMJ de Río.

Y celebraban la misa de la mañana del sábado como discípulos dispuestos a “escuchar al sucesor de Pedro y, de él y con él, asumir con intensidad cada vez mayor la misión que nos fue confiada”, destacó en su saludo inicial el arzobispo de Río, monseñor Joao Orani Tempesta.

Como en casi todos los actos públicos en los que ha estado presente el Papa desde que llegó a Brasil el 22 de julio, una talla de la Virgen Aparecida estaba expuesta en un lugar visible, en este caso muy cerca del altar.

Tras una introducción que recordó el lema de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2013 –Id y haced discípulos a todos los pueblos- y una oración para que los pastores procuren ser para todos padres y amigos y estén abiertos al diálogo, entró la procesión mientras se cantaba la versión litúrgica del himno de esta JMJ de Río.

El arzobispo de Río manifestó a Francisco, en su saludo, el compromiso de buscar una acción pastoral enfocada en el encuentro de las personas que están en las periferias y le pidió que les confirmara en los propósitos de la consagración y bendijera su servicio. Tras ese saludo, el Papa regaló un cáliz al arzobispo en señal de afecto y unidad.

En la homilía, Francisco reflexionó sobre tres aspectos de la vocación de los consagrados: “llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio, llamados a promover la cultura del encuentro”.

Recordar quién llamó

Respecto a la importancia de recordar que la llamada de los consagrados viene de Dios, el Papa señaló que “un obispo, un sacerdote, una consagrada, un seminarista, no puede ser un desmemoriado: pierde la referencia esencial al inicio de su camino” y animó a “pedir a la Virgen la gracia de ser memoriosos de esa primera llamada”.

También recordó que la llamada es “para permanecer con Jesús” unidos profundamente a Él y “esta «vida en Cristo» es precisamente lo que garantiza nuestra eficacia apostólica y la fecundidad de nuestro servicio”.

En este sentido, destacó que “no es la creatividad pastoral, no son los encuentros o las planificaciones lo que aseguran los frutos –si bien ayudan, y mucho- sino el ser fieles a Jesús”.

Para el Papa, permanecer en Jesús significa “contemplarlo, adorarlo y abrazarlo, especialmente a través de nuestra fidelidad a la vida de oración, en nuestro encuentro cotidiano con él en la Eucaristía, en nuestros momentos de adoración y también reconocerlo presente y abrazarlo en las personas más necesitadas”.

Tras citar a la beata Teresa de Calcuta cuando animaba a “estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres”, afirmó que Jesús “es nuestro verdadero tesoro”, y pidió: “Por favor: no lo borremos de nuestra vida; enraicemos cada vez más nuestro corazón en Él”.

Educar a la misión

Respecto a la segunda característica de la vocación de los consagrados, la llamada a anunciar el Evangelio, destacó que “Dios quiere que seamos misioneros donde estamos, donde Él nos ponga, en nuestra patria o donde Él nos ponga”.

Y pidió a los pastores a ayudar a los jóvenes a “darse cuenta de que ser discípulos misioneros es una consecuencia de ser bautizados, es parte esencial del ser cristiano, y que el primer lugar donde se ha de evangelizar es la propia casa, el ambiente de estudio o de trabajo, la familia y los amigos”.

Improvisando, el Papa lanzó a continuación una petición con especial énfasis: “Ayudemos a los jóvenes, pongámosle la oreja para escuchar sus ilusiones, necesitan sus ilusiones, necesitan ser escuchados, para escuchar sus logros, escuchar sus dificultades”.

Y se explicó inmediatamente en qué consiste “la paciencia de escuchar” a los jóvenes: “Es estar sentado escuchando quizás el mismo libreto pero con música diferente, con identidades diferentes".

“Eso se lo pido de todo corazón –continuó-. En el confesionario, en la dirección espiritual, en el acompañamiento: sepamos perder el tiempo con ellos".

Y añadió: “Sembrar cuesta y cansa, cansa muchísimo. Es mucho más gratificante gozar de la cosecha. ¡Qué digo! Todos gozamos más con la cosecha. Pero Jesús nos pide que sembremos en serio”.

Seguidamente, Francisco pidió no escatimar esfuerzos ni sacrificios en la formación de los jóvenes para ayudarles a “redescubrir el valor y la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, que es muy difícil pero cuando un joven lo entiende, lo siente, con la unción que le da el Espíritu Santo, que es amado por Dios especialmente, lo acompaña toda la vida.”

También destacó la importancia de educar a los jóvenes “a la misión, a salir, a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe”, igual que hizo Jesús con sus discípulos: “no los mantuvo pegados a él como una gallina con sus polluelos; los envió”.

En este sentido, advirtió que “no podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, en nuestra institución parroquial o diocesana cuando tantas personas están esperando el Evangelio”.

Y explicó que “salir enviados no es un simple abrir la puerta para acoger, sino salir por ella para buscar y encontrar”.
Finalmente, invitó a pensar “con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia.

Promover la cultura del encuentro

Sobre el tercer aspecto de la vocación de los consagrados, la llamada a promover la cultura del encuentro, el Papa pidió el valor de ir contracorriente de la “cultura del descarte” impuesta “en muchos ambientes y en general en este humanismo economicista”, que no deja lugar al anciano ni al hijo no deseado ni al pobre.

“A veces parece que, para algunos, las relaciones humanas estén reguladas por dos «dogmas»: eficiencia y pragmatismo”, lamentó. Y pidió en cambio, “ser servidores de la comunión y de la cultura del encuentro”.

“El encuentro y la acogida de todos, la solidaridad –una palabra que la están escondiendo en esta cultura, casi una mala palabra- y fraternidad, elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana”, dijo.

No nos echa: nos empuja a salir

Para finalizar su homilía, el Papa se refirió a la Virgen María como madre que anima “a todos los que colaboran en la misión apostólica de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida hueva”.

“Le pedimos que nos enseñe a encontrarnos cada día con Jesus –dijo-. Cuando nos hacemos los distraídos, que tenemos nuestras cosas, para ir al sagrario, que nos lleve de la mano, que nos empuje a salir al encuentro de tantos hermanos y hermanas que están en la periferia, que tienen sed de Dios y no hay quien se lo anuncie”. Y concluyó: “Que no nos eche de casa pero que nos empuje a salir de casa y así que seamos discípulos del Señor”.

En las oraciones de los fieles, se pidió, entre otras cosas, que los jóvenes puedan ser instrumentos de Dios para la renovación del mundo, y para que la JMJ sea una oportunidad para descubrir si Dios les llama al sacerdocio, a la vida consagrada o al matrimonio.

El canto “Pescador de hombres” acompañó a las ofrendas, entregadas por dos mujeres consagradas con las que el Papa se detuvo a hablar unos instantes antes de bendecirlas.

Tras la comunión y la bendición final, el Papa se acercó a la Virgen Aparecida, la tocó y se santiguó, antes de la procesión final, que volvió a interrumpirse continuamente con saludos, apretones de manos, bendiciones y besos a los que se iba encontrando.

domingo, 28 de julio de 2013

Los jóvenes de la JMJ y Santiago, unidos en el dolor

El Papa Francisco ha mostrado su cercanía con los familiares de los fallecidos en la tragedia ferroviaria en Santiago de Compostela y durante la celebración de la Eucaristía en la playa de Copacabana se pidió por las “79 víctimas y heridos de la tragedia de Santiago”.
 
Un momento emotivo en las preces, que se une a diversos gestos de cariño y acompañamiento, como el abrazo del Papa Francisco al arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela, gallego de nacimiento o el recuerdo en la celebración eucarística del Papa en privado que tuvo lugar el día después del accidente.
 
En Santiago, mil jóvenes han participado en la conexión con Río de Janeiro desde la ciudad Compostelana. Los jóvenes, que habían realizado su marcha a través de la Vía de la Plata desde Ourense fueron sorprendidos por el trágico acontecimiento y la organización decidió no suspender los actos sino convertirlos en actos de homenaje y petición por las víctimas y sus familiares.
 
Misa funeral
 
La Catedral de Santiago acogerá, mañana lunes 29 de julio, a las 19 horas el funeral por las 79 víctimas mortales del accidente. La ceremonia estará presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio y participarán, entre otros, el secretario general de la CEE, monseñor Juan Antonio Martínez Camino y los obispos de las diócesis gallegas que no viajaron a la JMJ de Río de Janeiro.
 
También acudirán el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, representantes de la Casa Real (aún por confirmar) y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Fuente: Aleteia.com

Homilía del Papa en la misa de la JMJ en Copacabana

Queridos hermanos y hermanas,
Queridos jóvenes
 
«Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos». Con estas palabras, Jesús se dirige a cada uno de ustedes diciendo: «Qué bonito ha sido participar en la Jornada Mundial de la Juventud, vivir la fe junto a jóvenes venidos de los cuatro ángulos de la tierra, pero ahora tú debes ir y transmitir esta experiencia a los demás». Jesús te llama a ser un discípulo en misión. Hoy, a la luz de la palabra de Dios que acabamos de oir, ¿qué nos dice hoy el Señor? ¿qué nos dice hoy el Señor? Tres palabras: Vayan, sin miedo, para servir.
 
1. Vayan. En estos días aquí en Río, han podido experimentar la belleza de encontrar a Jesús y de encontrarlo juntos, sintiendo la alegría de la fe. Pero la experiencia de este encuentro no puede quedar encerrada en su vida o en el pequeño grupo de la parroquia, del movimiento o de su comunidad. Sería como quitarle el oxígeno a una llama que arde. La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte, se transmite, para que todos puedan conocer, amar y profesar a Jesucristo, que es el Señor de la vida y de la historia (cf. Rm 10,9).
 
(en español)
Pero ¡cuidado! Jesús no ha dicho: si quieren, si tienen tiempo vayan, sino que dijo: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, anunciar el evangelio es el mandato que el Señor confía a toda la Iglesia, también a ti; es un mandato que no nace de la voluntad de dominio, de la voluntad de de poder, sino de la fuerza del amor, del hecho que Jesús ha venido antes a nosotros y nos ha dado, no nos dio algo de sí, sino se nos dio todo él, ha dado su vida para salvarnos y mostrarnos el amor y la misericordia de Dios. Jesús no nos trata como a esclavos, sino como a personas libres, amigos, hermanos; y no sólo nos envía, sino que nos acompaña, está siempre a nuestro lado en esta misión de amor.

(en portugués
¿Adónde nos envía Jesús? No hay fronteras, no hay límites: nos envía a todas las personas. El evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todas las personass. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor.
 
En particular, querría que este mandato de Cristo: «Vayan», resonara en ustedes jóvenes de la Iglesia en América Latina, comprometidos en la misión continental promovida por los obispos. Brasil, América Latina, el mundo tiene necesidad de Cristo. San Pablo exclama: «¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!» (1 Co 9,16). Este continente ha recibido el anuncio del evangelio, que ha marcado su camino y ha dado mucho fruto. Ahora este anuncio se os ha confiado también a ustedes, para que resuene con renovada fuerza. La Iglesia necesita de ustedes, del entusiasmo, la creatividad y la alegría que les caracteriza. Un gran apóstol de Brasil, el beato José de Anchieta, se marchó a misionar cuando tenía sólo diecinueve años. ¿Saben cuál es el mejor medio para evangelizar a los jóvenes? Otro joven. Éste es el camino que vosotros tenéis que recorrer.
 
2. Sin miedo. Puede que alguno piense: «No tengo ninguna preparación especial, ¿cómo puedo ir y anunciar el evangelio?». Querido amigo, tu miedo no se diferencia mucho del de Jeremías (escuchamos en la lectura recién cuando fue llamado por Dios para ser profeta). «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que sólo soy un niño». También Dios dice a ustedes lo que dijo a Jeremías: «No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» (Jr 1,6.8). Él está con nosotros. 
 
«No tengan miedo». Cuando vamos a anunciar a Cristo, es él mismo el que va por delante y nos guía. Al enviar a sus discípulos en misión, ha prometido: «Yo estoy con ustedes todos los días» (Mt 28,20). Y esto es verdad también para nosotros. Jesús no nos deja solos, nunca deja solo a nadie. Nos acompaña siempre.
 
Además Jesús no dijo: «Andá», sino «Vayan»: somos enviados juntos. Queridos jóvenes, sientan la compañía de toda la Iglesia, y también la comunión de los santos, en esta misión. Cuando juntos hacemos frente a los desafíos, entonces somos fuertes, descubrimos recursos que pensábamos que no teníamos. Jesús no ha llamado a los apóstoles para que vivan aislados, los ha llamado a formar un grupo, una comunidad. Quisiera dirigirme también a ustedes, queridos sacerdotes que concelebran conmigo en esta eucaristía: han venido a acompañar a sus jóvenes, y es bonito compartir esta experiencia de fe. Seguro que los ha rejuvenecido a todos: el joven contagia juventud. Pero es sólo una etapa en el camino. Por favor, sigan acompañándolos con generosidad y alegría, ayúdenlos a comprometerse activamente en la Iglesia; que nunca se sientan solos. Y aquí quiero agradecer de corazóna los grupos de pastoral juvenil, a los movimientos y nuevas comunidades que acompañan a los jóvenes en su experiencia de ser Iglesia, tan creativos y tan audaces. Sigan adelante y no tengan miedo. 
 
3. La última palabra: para servir. Al comienzo del salmo proclamado escuchamos estas palabras: «Canten al Señor un cántico nuevo» (95,1). ¿Cuál es este cántico nuevo? No son palabras, no es una melodía, sino que es el canto de nuestra vida, es dejar que nuestra vida se identifique con la de Jesús, es tener sus sentimientos, sus pensamientos, sus acciones. Y la vida de Jesús es una vida para los demás. Es una vida para los demás, es una vida de servicio.
 
San Pablo, en la lectura que hemos escuchado hace poco, decía: «Me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles» (1 Co 9,19). Para anunciar a Jesús, Pablo se ha hecho «esclavo de todos». Evangelizar es dar testimonio personalmente del amor de Dios, es superar nuestros egoísmos, significa servir inclinándonos a lavar los pies de nuestros hermanos tal como hizo Jesús.
 
Tres palabras: Vayan, sin miedo, para servir. Siguiendo estas tres palabras -vayan, sin miedo, para servir- experimentarán que quien evangeliza es evangelizado, quien transmite la alegría de la fe, recibe más alegría. Queridos jóvenes, cuando vuelvan a sus casas, no tengan miedo de ser generosos con Cristo, de dar testimonio del evangelio. En la primera lectura, cuando Dios envía al profeta Jeremías, le da el poder para «arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar» (Jr 1,10). También es así para ustedes. Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo. Queridos jóvenes: Jesucristo cuenta con ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes. El Papa cuenta con ustedes. Que María, Madre de Jesús y Madre nuestra, les acompañe siempre con su ternura: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos». Amén.

Próxima JMJ: Cracovia 2016

Cracovia 2016: el esperadísimo anuncio de la próxima Jornada Mundial de la Juventud lo hizo el Papa Francisco durante el rezo del Ángelus, nada más terminar la Misa de clausura en la playa de Copacabana. Una Jornada que, previsiblemente, se celebrará bajo el patrocinio del ya santo Juan Pablo II.
 
Será en el 25 aniversario de la que convocó el papa polaco muy cerquita, en el Santuario de la Virgen Negra de Czestochowa, en 1991, la JMJ en la que por primera vez se superó el millón de participantes (1,5 millones), y que supuso una eclosión de la Iglesia en los países del recientemente derrumbado Telón de Acero.
 
El Papa Francisco dio las gracias a los jóvenes por “todas las alegrías que me han dado en estos días. Llevo a cada uno de ustedes en mi corazón”. Quiso, antes de despedirse, proponer a la Virgen María como modelo de discípulo: “ella, aun sin comprender del todo el significado de aquella llamada, se fió de Dios”, pero también “no se quedó con aquel don; marchó, salió de su casa”, se “puso al servicio”.
 
“Pidamos a la Virgen que nos ayude también a nosotros a llevar la alegría de Cristo a nuestros familiares, compañeros, amigos, a todos. No tengan nunca miedo de ser generosos con Cristo. ¡Vale la pena! Salgan y vayan con valentía y generosidad, para que todos los hombres y mujeres encuentren al Señor”.

sábado, 27 de julio de 2013

«¿Quieres ser como Pilato, sin la valentía de ir contracorriente?»

Pasadas 24 horas después de predicar la "revolución de la fe" en la playa de Copacabana, el Papa Francisco volvió a reunirse allí con cientos de miles de jóvenes para pedirles ir "contracorriente".

Porque la alternativa, señaló, es la tibieza. De nuevo, fue cuando se pasó al español, cuando improvisó exhortaciones que ampliaban el texto oficial de su meditación del Via Crucis. Así, interpeló con pasión a los jóvenes con una frase que no salía en el discurso oficial: "¿Quieres ser como Pilato, la sin valentía de ir contracorriente? ¿Eres de los que se lavan las manos y miran a otro lado?"

Hacer visible lo que otros ocultan
Un leit-motiv del pontificado de Francisco y de este viaje a Brasil es hacer visible lo que el mundo tiende a ocultar. Por eso ha insistido, por ejemplo, en el tema del cuidado a los ancianos, cuyo maltrato -extendidísimo en España, más que el femenino- apenas aparece en el radar social. El Via Crucis del viernes por la noche en Copacabana buscaba dar esa visibilidad.

También buscaba "santificar" la playa de Copacabana, el lugar más corporal, hedonista, vanidoso de Río, que a su vez es la ciudad más descreída y arreligiosa de Brasil.

Huevos a Santa Clara: dejó de llover

Según Globonews TV, después de tres días de lluvia, el prefecto de la ciudad, Eduardo Paes, cumplió con una petición del Papa: envió una cesta de huevos a los pies de Santa Clara, costumbre que también existe en España para rogar buen tiempo en ocasiones importantes.

Y la santa cumplió: el viernes fue día sin lluvia, e incluso hubo sol en la playa, y muchos peregrinos y peregrinas, en biquini y bañador, se mojaron en las aguas del Atlántico. 
Pero la noche era ya más fresca, y el ánimo más espiritual. Los jóvenes cristianos convirtieron la frívola Copacabana en la mismísima Vida Dolorosa, y cada estación del Via Crucis representaba una etapa del Via Crucis que hoy recorren los peregrinos cuando van a Jerusalén.



Un via crucis especial
Los textos de las meditaciones estuvieron a cargo de los misioneros dehonianos P. Zezinho y P. Joaozinho, ligados a la Renovación Carismática, autores de canciones que utilizan los jóvenes en todo Brasil (hablábamos de ellos en este artículo de ReL sobre curas que venden miles de libros y discos). Entre las estaciones, sonaban temas de autores barrocos, pero con ritmos y arreglos modernos.

Cada estación contaba con una lectura bíblica recitada de memoria por un actor (a veces, profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías sufriente), y un testimonio muy breve a cargo de otra persona. La cruz avanzaba de estación en estación precedida por una nube de incensarios, y seguida de cien oficiales de marina y docenas de jóvenes arropados en las banderas de numerosos países.

1ª Estación: Jesús condenado a muerte - Testimonio de un misionero, sobre el morir a uno mismo.

2ª Estación: Jesús con la Cruz a cuestas - Personajes cargando sus pequeñas cruces; testimonio de un converso, llamado a tomar la cruz en la vida

3ª Estación: Jesús cae por primera vez - El pueblo brasileño le observa, con un estandarte de una Virgen rusa, de estilo odiguitria (que señala al Niño con la mano). El testimonio lo dio una voluntaria en un servicio de ayuda a toxicómanos.

4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre - Una embarazada pide defender la vida desde la concepción; "nosotras las mujeres tenemos esa vocación de defender la vida" y recuerda el Cántico de María, que dice que Dios "derroca a los poderosos".

5ª Estación: Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz... un seminarista expresa su deseo de ser también él cireneo y ver luz en la cruz.

6ª Estación: La Verónica enjuaga el rostro de Cristo. Sobre un candelabro hebraico, se despliega el rostro de Cristo según la Sindone de Turín. Una consagrada habla de su trabajo con prostitutas, enfermos, emigrantes... "Tu faz se queda en el paño de mi solidaridad", dice al Cristo.

7ª Estación: Jesús cae por segunda vez. Unos obreros de la construcción, primero muy atareados, dejan de trabajar. Una pareja de novios lo explican: su amor no puede construirse sobre pasiones pasajeras, sino sobre el amor real y comprometido. "Cada elección implica una renuncia", advierten, "y si caemos, Señor, haz que nos levantemos y no nos alejemos".

8ª Estación: Las hijas de Jerusalén lloran por Cristo. Una mujer ofrece una receta: en el dolor, mejor que hablar sobre Dios, es hablar con Dios...

9ª Estación: Tercera caída de Jesús. Motoristas con casco... y personas en sillas de ruedas. Pero el tema del testimonio son las distracciones y vanidades intelectuales que debilitan la fe. Como respuesta, un hecho: "el ansia de amor que tengo es tan grande, que nada en el mundo la puede llenar". Porque ese ansia responde a una realidad, pero no de este mundo, sino de la vida eterna.

10ª Estación: Jesús, despojado de sus vestiduras. Por primera vez en el Via Crucis, un actor escenifica a Cristo, un Cristo tambaleante y ensangrentado, en una subida agónica... Después de 9 estaciones, resulta emocionante y duro. El tema es algo desconcertante: la dependencia de las redes sociales, la adicción a la tecnología, a lo virtual, "una dispersión que roba identidad al joven".

11ª Estación: Jesús es clavado a la Cruz. Y lo escenifican hombres perfectamente trajeados ante un Muro de las Lamentaciones, sin clavos ni leños. Da testimonio un chico que ha vivido la cárcel pero dice que es peor la prisión invisible de no conocer a Dios (algo que también ha vivido). Dios, insiste, también ama al pecador.

12ª Estación: Jesús muere. Si Dios es tan frágil que puede morir... en un hospital, enfermos de blanco, y de fondo, el cielo, la eternidad. "En el Calvario de los enfermos terminales gustamos el sabor de la eternidad", explica el testimonio.

13ª Estación: El Descendimiento de la Cruz. Una Pietá de Miguel Ángel... y silencio. Hablan con gestos coreografiados un grupo de jóvenes sordos. Cuando el discurso es insuficiente y las palabras inútiles, la respuesta es la que da María: el silencio junto a Dios...

14ª Estación: Jesús es sepultado. La Cruz de los Jóvenes acaba su procesión ante el Papa. Una joven llama a anunciar lo sucedido con "una Nueva Evangelización".



Pero esa Cruz de los Jóvenes, que recorrió los países del antiguo Bloque del Este, que ha estado en países musulmanes, budistas, regímenes ateos... en los pueblos más pobres y los enclaves opulentos, ha recorrido también Brasil durante 2 años. "¿Qué habéis dejado en la cruz, y qué os ha dejado ella?", pregunta el Papa a los jóvenes brasileños.

El Papa insiste: "¡Jesús recorre nuestras calles y carga nuestros miedos!" Recuerda la muerte de más de 250 jóvenes en una fiesta en Brasil en enero, en la ciudad de Santa Marta. También eso lo lleva Cristo. "La Cruz nos deja la certeza del Amor de Dios", señala. Y repite dos veces las palabras con las que Juan Pablo II entregó la cruz a los jóvenes: "Anunciad que sólo en Cristo Muerto y Resucitado se encuentra la Salvación". 

Predicó mucho en español
Tres cuartos de la predicación la hizo el Papa en español, ganando mucho en viveza. Después de un Padrenuestro cantado en latín y de la bendición final, Francisco, que había venido en papamóvil besando niños, se retiró en un pequeño Fiat. Muchos jóvenes se quedaron unas horas para el concierto de distintos grupos. Pero no toda la noche.

Ni siquiera la noche del sábado podrán dormir en Copacabana, no es algo que estuviera previsto, ya que la noche al raso se había diseñado en otra localidad, inutilizada por las lluvias.

Discurso del Santo Padre durante el Vía Crucis
(versión oficial, sin sus improvisaciones) 

Queridísimos jóvenes

Hemos venido hoy aquí para acompañar a Jesús a lo largo de su camino de dolor y de amor, el camino de la Cruz, que es uno de los momentos fuertes de la Jornada Mundial de la Juventud. Al concluir el Año Santo de la Redención, el beato Juan Pablo II quiso confiarles a ustedes, jóvenes, la Cruz diciéndoles: “Llévenla por el mundo como signo del amor de Jesús a la humanidad, y anuncien a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención” (Palabras al entregar la cruz del Año Santo a los jóvenes, 22 de abril de 1984: Insegnamenti VII,1 (1984), 1105).

Desde entonces, la Cruz ha recorrido todos los continentes y ha atravesado los más variados mundos de la existencia humana, quedando como impregnada de las situaciones vitales de tantos jóvenes que la han visto y la han llevado. Nadie puede tocar la Cruz de Jesús sin dejar en ella algo de sí mismo y sin llevar consigo algo de la cruz de Jesús a la propia vida. Esta tarde, acompañando al Señor, me gustaría que resonasen en sus corazones tres preguntas: ¿Qué han dejado ustedes en la Cruz, queridos jóvenes de Brasil, en estos dos años en los que ha recorrido su inmenso país? Y ¿qué ha dejado la Cruz en cada uno de ustedes? Y, finalmente, ¿qué nos enseña para nuestra vida esta Cruz?

1. Una antigua tradición de la Iglesia de Roma cuenta que el apóstol Pedro, saliendo de la ciudad para huir de la persecución de Nerón, vio que Jesús caminaba en dirección contraria y enseguida le preguntó: “Señor, ¿adónde vas?”. La respuesta de Jesús fue: “Voy a Roma para ser crucificado de nuevo”. En aquel momento, Pedro comprendió que tenía que seguir al Señor con valentía, hasta el final, pero entendió sobre todo que nunca estaba solo en el camino; con él estaba siempre aquel Jesús que lo había amado hasta morir en la Cruz. Miren, Jesús con su Cruz recorre nuestras calles para cargar con nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros sufrimientos, también los más profundos.

Con la Cruz, Jesús se une al silencio de las víctimas de la violencia, que no pueden ya gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos; con ella, Jesús se une a las familias que se encuentran en dificultad, que lloran la pérdida de sus hijos, o que sufren al verlos víctimas de paraísos artificiales como la droga; con ella, Jesús se une a todas las personas que sufren hambre en un mundo que cada día tira toneladas de alimentos; con ella, Jesús se une a quien es perseguido por su religión, por sus ideas, o simplemente por el color de su piel; en ella, Jesús se une a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio. En la Cruz de Cristo está el sufrimiento, el pecado del hombre, también el nuestro, y Él acoge todo con los brazos abiertos, carga sobre su espalda nuestras cruces y nos dice: ¡Ánimo! No la llevas tú solo. Yo la llevo contigo y yo he vencido a la muerte y he venido a darte esperanza, a darte vida (cf. Jn 3,16).

2. Y así podemos responder a la segunda pregunta: ¿Qué ha dejado la Cruz en los que la han visto, en los que la han tocado? ¿Qué deja en cada uno de nosotros? Deja un bien que nadie más nos puede dar: la certeza del amor indefectible de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer. Queridos jóvenes, fiémonos de Jesús, confiemos totalmente en Él (cf. Lumen fidei, 16). Sólo en Cristo muerto y resucitado encontramos salvación y redención. Con Él, el mal, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Él nos da esperanza y vida: ha transformado la Cruz de instrumento de odio, de derrota, de muerte, en signo de amor, de victoria y de vida.



El primer nombre de Brasil fue precisamente “Terra de Santa Cruz”. La Cruz de Cristo fue plantada no sólo en la playa hace más de cinco siglos, sino también en la historia, en el corazón y en la vida del pueblo brasileño, y en muchos otros. A Cristo que sufre lo sentimos cercano, uno de nosotros que comparte nuestro camino hasta el final. No hay en nuestra vida cruz, pequeña o grande, que el Señor no comparta con nosotros.

3. Pero la Cruz nos invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto, y a salir de nosotros mismos para ir a su encuentro y tenderles la mano. Muchos rostros han acompañado a Jesús en su camino al Calvario: Pilato, el Cireneo, María, las mujeres… También nosotros podemos ser para los demás como Pilato, que no tiene la valentía de ir contracorriente para salvar la vida de Jesús y se lava las manos. Queridos amigos, la Cruz de Cristo nos enseña a ser como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura. Y tú, ¿como quién eres? ¿Como Pilato, como el Cireneo, como María?

Queridos jóvenes, llevemos nuestras alegrías, nuestros sufrimientos, nuestros fracasos a la Cruz de Cristo; encontraremos un Corazón abierto que nos comprende, nos perdona, nos ama y nos pide llevar este mismo amor a nuestra vida, amar a cada hermano o hermana nuestra con ese mismo amor. Que así sea.

viernes, 26 de julio de 2013

¡Entra en la onda de la revolución de la fe!




Llegó el gran día, el plebiscito popular, la aclamación de los fieles, la acogida por parte de los jóvenes del mundo. Ya Benedicto XVI, recién elegido Papa, logró el amor de los jóvenes en la JMJ de Colonia.También Francisco los ha conquistado a pesar del frío, de la lluvia constante, del cansancio acumulado...

Aperitivo en español: los jóvenes argentinos
Por la tarde del jueves se encontró con miles de jóvenes argentinos y desencadenó su discurso en la lengua materna, invitándoles a "montar un lío", en Río y en las diócesis, a combatir una cultura egoísta "que se ha pasado de rosca", a defender el inicio y el final de la vida, a sospechar de una cierta "eutanasia encubierta" contra los ancianos...

(Las agencias en lengua inglesa han decidido traducir "lío" por "a mess". Quizá no exista palabra para "lío" en culturas ordenadas como la japonesa o la coreana).

Multitud empapada y cansada... pero firme
Y ya recién anochecido, en Copacabana, con una multitud empapada pero incansable de cientos de miles de jóvenes, también recurrió al español en la mitad de su sermón para llamar a la revolución.

"La fe es una revolución; os animo a entrar en la onda de la revolución de la fe", proclamó con entusiasmo y fluidez en español, libre de las ataduras del portugués.

Fue entonces cuando quedó claro el sentido eminentemente hispano no sólo de la JMJ sino de la elección de Francisco como Papa: lograr hacer de los jóvenes católicos, de los fieles, del mundo hispano, un motor de transformación para toda la civilización.

Una revolución necesita esperanza: la convicción de que puede triunfar... y para eso la Iglesia necesitaba a América, el continente de la esperanza. 
Hoja de ruta revolucionaria...
Pero la esperanza humana no basta y no es lo que la Iglesia busca. Busca las tres virtudes teologales: "fe, esperanza y caridad, las tres juntas" repitió el Papa, en su hoja de ruta revolucionaria. Las revoluciones marxistas, y las burguesas, han carecido de fe y de caridad... y han puesto su esperanza en ídolos. Por eso no logran gran cosa, y por eso la "revolución" del Papa puede triunfar. "¿En quién ponés tu esperanza, tu confianza?", insistió el Pontífice.

Benedicto XVI (a quien Francisco recordó como el convocante de la jornada, entre aplausos y vítores) también predicó hablando de "la revolución del amor", por ejemplo, en Cuaresma de 2007 o en su viaje a Líbano de 2012, en un discurso a los jóvenes, señalando que se basaba en el perdón al enemigo y que es una revolución que se consigue "confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa”.

Pero en Copacabana, en labios de Francisco, en lengua española, ante cientos de miles de jóvenes hispanoamericanos, con las banderas de los jóvenes de todo el mundo y la sensación de que una generación convencida y bien conectada pude cambiarlo todo... ¡sonaba más revolucionario!

Los puso a orar en silencio
El encuentro era a la vez una oración y un espectáculo.

¿Qué es lo primero que hizo Francisco la noche que fue elegido? Puso a orar a la multitud romana en silencio, un minuto.

¿Qué hizo al dirigirse a los jóvenes del mundo en su primera noche en Copacabana? Poner a orar a la multitud durante un minuto en silencio. En este caso, por algo muy concreto: una joven peregrina fallecida en accidente y sus compañeros heridos.

Entre las Olimpiadas... y los evangélicos

El espectáculo parecía obedecer a dos intenciones. Por un lado, evocaba una especie de mini-Olimpiadas, con sus cantantes, proyecciones, coreografías y símbolos de cada región de Brasil. Uno podía pensar en un ensayo pre-Olímpico. Por otro lado, la JMJ atrae la atención de una cantidad enorme de ex-católicos que desde hace 5 o 10 años se consideran evangélicos, o católicos tibios y confusos que pueden intentar ser "las dos cosas" a la vez (o tres, o cuatro: el sincretismo se vende bien en Brasil).

Para este público (no solo brasileño, sino hispanoamericano), la Iglesia tenía un mensaje. Hermano, recuerda lo que te pierdes, todo aquello que tenías quizá en tu infancia, antes de hacerte evangélico:
- pierdes a la Virgen de Aparecida, nuestra madre;
- pierdes las procesiones, en las que se une todo el pueblo;
- pierdes la conexión con la historia y lo eterno, que se hace también en la misa.

Y así los números musicales recogían la llegada de los primeros descubridores hispánicos y la primera misa en suelo brasileño.

Y a la Virgen de Aparecida rescatada de las aguas, como Moisés, como el alma es rescatada del mar del caos y del pecado. Una Virgen pequeña y negra, como los esclavos e hijos de esclavos que la vieron como cosa suya. Francisco volvió a besar la imagen de Aparecida, al entronizarla.



Y el espectáculo mostraba al pueblo en procesión, con sus enfermos, mujeres, trabajadores... En cualquier lugar de Hispanoamérica, por caótico y desorganizado que sea, se cumple el axioma de que los católicos saben hacer procesiones (con pathos, si no con medios), y los evangélicos no. Y en el centro de la procesión, la Cruz, siempre en el centro, bien grande.

¿Que los evangélicos tienen buena música? En Brasil los católicos también. Allí estaba de telonero del Papa el padre cantante Fabio de Mello, de la potente comunidad carismática Cançao Nova, vestido de civil, cantando justo antes de llegar el Pontífice.

Pero recordando el "Ave María" de la película La Misión, que enlaza la América indígena y la cultura clásica con las Reducciones de los jesuitas (y su "Da panem celis", con imágenes de espigas), la historia, María y la Eucaristía se juntaban en una oferta robusta.

Para acabar, un poco de latín

Y después de la llamada a la revolución, el Papa decidió cerrar las cosas con orden: un Padrenuestro en latín cantado en melodía gregoriana, y una bendición final en latín. Todo mucho más intenso, más colorido, más melódico que en Madrid (aunque lastrado por el caos organizativo civil). Pero esta JMJ se ofrece mucho más allá de la juventud católica.


Saludo inicial del Papa a los jóvenes en la Fiesta de Bienvenida de la JMJ Río 2013 (25 de julio)
Queridos jóvenes

Buenas tardes.

Veo en ustedes la belleza del rostro joven de Cristo, y mi corazón se llena de alegría. Recuerdo la primera Jornada Mundial de la Juventud a nivel internacional. Se celebró en 1987 en Argentina, en mi ciudad de Buenos Aires. Guardo vivas en la memoria estas palabras de Juan Pablo II a los jóvenes: “¡Tengo tanta esperanza en vosotros! Espero sobre todo que renovéis vuestra fidelidad a Jesucristo y a su cruz redentora” (Discurso a los Jóvenes, 11 de abril 1987: Insegnamenti, X/1 [1987], p. 1261).

Antes de continuar, quisiera recordar el trágico accidente en la Guyana francesa, que sufrieron los jóvenes que venían a esta jornada, allí perdió la vida la joven Sophie Morinière, y otros jóvenes resultaron heridos. Los invito a hacer un instante de silencio y de oración a Dios nuestro Padre por Sophie, los heridos y sus familiares.

Este año, la Jornada vuelve, por segunda vez, a América Latina. Y ustedes, jóvenes, han respondido en gran número a la invitación de Benedicto XVI, que los ha convocado para celebrarla. A él se lo agradecemos de todo corazón y a él que nos convocó hoy aquí le enviamos un saludo y un fuerte aplauso. Ustedes saben, ustedes saben que antes de venir a Brasil, estuve charlando con él y le pedí que me acompañara en el viaje con la oración y me dijo los acompaño con la oración y estaré junto al televisor, así que ahora nos está viendo. 

Mi mirada se extiende sobre esta gran muchedumbre: ¡Son ustedes tantos! Llegados de todos los continentes. Distantes, a veces no sólo geográficamente, sino también desde el punto de vista existencial, cultural, social, humano. Pero hoy están aquí, o más bien, hoy estamos aquí, juntos, unidos para compartir la fe y la alegría del encuentro con Cristo, de ser sus discípulos. Esta semana, Río se convierte en el centro de la Iglesia, en su corazón vivo y joven, porque ustedes han respondido con generosidad y entusiasmo a la invitación que Jesús les ha hecho para estar con él, para ser sus amigos.

El tren de esta Jornada Mundial de la Juventud ha venido de lejos y ha atravesado la Nación brasileña siguiendo las etapas del proyecto “Bota fe - Poné fe”. Hoy ha llegado a Río de Janeiro. Desde el Corcovado, el Cristo Redentor nos abraza, nos bendice. Viendo este mar, la playa y a todos ustedes, me viene a la mente el momento en que Jesús llamó a sus primeros discípulos a orillas del lago de Tiberíades.

Hoy Jesús nos sigue preguntando: ¿Querés ser mi discípulo? ¿Querés ser mi amigo? ¿Querés ser testigo del Evangelio? En el corazón del Año de la fe, estas preguntas nos invitan a renovar nuestro compromiso cristiano. Sus familias y comunidades locales les han transmitido el gran don de la fe. Cristo ha crecido en ustedes. Hoy quiere venir aquí para confirmarlos en esta fe, la fe en Cristo vivo que habita en ustedes, pero he venido yo también para ser confirmado por el entusiasmo de la fe de ustedes.

Ustedes saben que en la vida de un obispo hay tantos problemas que piden ser solucionados y con estos problemas y dificultades la fe del obispo puede entristecerse, qué feo es un obispo triste, qué feo que es. Para que mi fe no sea triste, he venido aquí para contagiarme con el entusiasmo de ustedes

Los saludo con cariño, a ustedes aquí presentes, venidos de los cinco continentes y, a través de ustedes, saludo a todos los jóvenes del mundo, en particular a aquellos que querían venir a Río de Janeiro y no han podido. A los que nos siguen por medio de la radio, la televisión e internet, a todos les digo: ¡Bienvenidos a esta fiesta de la fe!

En diversas partes del mundo, muchos jóvenes están reunidos ahora para vivir juntos con nosotros este momento: sintámonos unidos unos a otros en la alegría, en la amistad, en la fe. Y tengan certeza de que mi corazón de Pastor los abraza a todos con afecto universal. Porque lo más importante hoy es esta reunión de ustedes y la reunión de todos los jóvenes que nos están siguiendo a través de los medios ¡El Cristo Redentor, desde la cima del monte Corvado, los acoge y los abraza en esta bellísima ciudad de Río!

Un saludo particular al Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, el querido e incansable Cardenal Stanislaw Rilko, y a cuantos colaboran con él. Agradezco a Monseñor Orani João Tempesta, Arzobispo de São Sebastião do Río de Janeiro, la cordial acogida que me ha dispensado.

Además quiero decir aquí que los cariocas saben recibir bien, saben dar una gran acogida y agradecerle el gran trabajo realizado para preparar esta Jornada Mundial de la Juventud, junto a sus obispos auxiliares con las diversas diócesis de este inmenso Brasil. Mi agradecimiento también se dirige a todas las autoridades nacionales, estatales y locales, y a cuantos han contribuido para hacer posible este momento único de celebración de la unidad, de la fe y de la fraternidad. Gracias a los Hermanos Obispos, a los sacerdotes, a los seminaristas, a las personas consagradas y a los fieles laicos que acompañan a los jóvenes, desde diversas partes de nuestro planeta, en su peregrinación hacia Jesús. A todos y a cada uno, un abrazo afectuoso en Jesús y con Jesús.

¡Hermanos y amigos, bienvenidos a la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, en esta maravillosa ciudad de Río de Janeiro!

Palabras del Papa en la Fiesta de Bienvenida de los Jóvenes (Comentario a Lc 9,28b-36: “Qué bien se está aquí”)

Queridos jóvenes:
“Qué bien se está aquí”, exclamó Pedro, después de haber visto al Señor Jesús transfigurado, revestido de gloria. ¿Podríamos repetir también nosotros esas palabras? Pienso que sí, porque para todos nosotros, hoy, es bueno estar aquí reunidos en torno a Jesús.

Él es quien nos acoge y se hace presente en medio de nosotros, aquí en Río. Pero en el Evangelio también hemos escuchado las palabras del Padre: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle” (Lc 9,35). Por tanto, si por una parte es Jesús el que nos acoge; por otra, también nosotros hemos de acogerlo, ponernos a la escucha de su palabra, porque precisamente acogiendo a Jesucristo, Palabra encarnada, es como el Espíritu nos transforma, ilumina el camino del futuro, y hace crecer en nosotros las alas de la esperanza para caminar con alegría (cf. Carta enc. Lumen fidei, 7).

Pero, ¿qué podemos hacer? “Bota fé – Pon fe”. La cruz de la Jornada Mundial de la Juventud ha gritado estas palabras a lo largo de su peregrinación por Brasil. ¿Qué significa “Pon fe”? Cuando se prepara un buen plato y ves que falta la sal, “pones” sal; si falta el aceite, “pones” aceite… “Poner”, es decir, añadir, echar.

Lo mismo pasa en nuestra vida, queridos jóvenes: si queremos que tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes: “pon fe” y tu vida tendrá un sabor nuevo, tendrá una brújula que te indicará la dirección; “pon esperanza” y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; “pon amor” y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo. ¡Pon fe, pon esperanza, pon amor!

Pero, ¿quién puede darnos esto? En el Evangelio hemos escuchado la respuesta: Cristo. “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Jesús es quien nos trae a Dios y nos lleva a Dios, con él toda nuestra vida se transforma, se renueva y nosotros podemos ver la realidad con ojos nuevos, desde el punto de vista de Jesús, con sus mismos ojos (cf. Carta enc. Lumen fidei, 18). Por eso hoy les digo con fuerza: “Pon a Cristo” en tu vida y encontrarás un amigo del que fiarte siempre; “pon a Cristo” y verás crecer las alas de la esperanza para recorrer con alegría el camino del futuro; “pon a Cristo” y tu vida estará llena de su amor, será una vida fecunda.

Hoy me gustaría que todos nos preguntásemos sinceramente: ¿en quién ponemos nuestra fe? ¿En nosotros mismos, en las cosas, o en Jesús? Tenemos la tentación de ponernos en el centro, de creer que nosotros solos construimos nuestra vida, o que es el tener, el dinero, el poder lo que da la felicidad. Pero no es así.

El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. ¡“Pon a Cristo” en tu vida, pon tu confianza en él y no quedarás defraudado!
Miren, queridos amigos, la fe lleva a cabo en nuestra vida una revolución que podríamos llamar copernicana, porque nos quita del centro y pone en él a Dios; la fe nos inunda de su amor que nos da seguridad, fuerza, esperanza. Aparentemente no cambia nada, pero, en lo más profundo de nosotros mismos, todo cambia. En nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son frutos del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22) y nuestra existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios. En el Año de la Fe, esta Jornada Mundial de la Juventud es precisamente un don que se nos da para acercarnos todavía más al Señor, para ser sus discípulos y sus misioneros, para dejar que él renueve nuestra vida.

Querido joven, querida joven: “Pon a Cristo” en tu vida. En estos días, Él te espera en su Palabra; escúchalo con atención y su presencia enardecerá tu corazón. “Pon a Cristo”: Él te acoge en el Sacramento del perdón, para curar, con su misericordia, las heridas del pecado. No tengas miedo de pedir perdón. Él no se cansa nunca de perdonarnos, como un padre que nos ama.

¡Dios es pura misericordia! “Pon a Cristo”: Él te espera en el encuentro con su Carne en la Eucaristía, Sacramento de su presencia, de su sacrificio de amor, y en la humanidad de tantos jóvenes que te enriquecerán con su amistad, te animarán con su testimonio de fe, te enseñarán el lenguaje de la caridad, de la bondad, del servicio. También tú, querido joven, querida joven, puedes ser un testigo gozoso de su amor, un testigo entusiasta de su Evangelio para llevar un poco de luz a este mundo nuestro.

“Qué bien se está aquí”, poniendo a Cristo, la fe, la esperanza, el amor que él nos da, en nuestra vida. Queridos amigos, en esta celebración hemos acogido la imagen de Nuestra Señora de Aparecida. Con María, queremos ser discípulos y misioneros. Como ella, queremos decir “sí” a Dios. Pidamos a su Corazón de Madre que interceda por nosotros, para que nuestros corazones estén dispuestos a amar a Jesús y a hacerlo amar. ¡Él nos espera y cuenta con nosotros! Amén.