lunes, 9 de julio de 2012

Internet y las redes sociales: Los nuevos aliados de la Iglesia


En el último año, la Santa Sede ha dado importantes pasos para fortalecer su presencia en Internet. Con millones de usuarios en todo el mundo navegando en busca de información, la red se ha convertido en un campo fundamental para la nueva evangelización
Uno de los mayores hitos en la historia de la Iglesia en cuanto a comunicación digital, tuvo lugar el 28 de junio de 2011, cuando Benedicto XVI escribió su primer mensaje en la red social Twitter, para inaugurar una página web que centraliza la información del Vaticano: «Queridos amigos, acabo de lanzar news.va ¡Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo! Con mis oraciones y bendiciones, Benedicto XVI». Estos 126 caracteres fueron leídos, a través de Internet, por millones de personas en todo el mundo.
Un año después del primer tweet papal, el pasado 13 de junio, el padre Federico Lombardi, Director General de Radio Vaticano, anunció que la cadena dejará de emitir en onda media y onda corta para la mayor parte de Europa y América. A partir del 1 de julio, la radio del Papa se escuchará sólo a través de Internet. El padre Lombardi señaló que, tras haber celebrado, el pasado año, su 80 aniversario, Radio Vaticano «está lista para afrontar una etapa nueva de su historia, confiando, de forma cada vez más creciente, su mensaje de servicio al Evangelio y a la Iglesia a las nuevas tecnologías de la comunicación».
Internet, sin embargo, presenta el inconveniente de la multiplicidad de contenidos, muchos de los cuales carecen de rigor y solvencia doctrinal, aunque se presenten como católicos. Por ello, la Santa Sede ha anunciado su interés por comprar el dominio de Internet .catholic, con el objetivo de que los dominios católicos sean reconocidos rápidamente por el usuario, de modo que la presencia de la Iglesia en Internet sea «más cohesiva y organizada» y se pueda ofrecer una marca de identidad para asegurar los sitios web auténticamente católicos, según explicó el Secretario del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, monseñor Paul Tighe. El interés y la petición del Vaticano para solicitar este nuevo dominio demuestra, según monseñor Tighe, la importancia que la Iglesia da a los espacios digitales. Durante el anuncio, monseñor Tighe comparó la petición del nuevo dominio con las inversiones necesarias para mantener la estructura de un templo, sólo que el dominio es digital y a nivel global.
Otro hito en la presencia de la Santa Sede en Internet se anuncia con motivo del Año de la fe. Monseñor Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, ha anunciado el lanzamiento de la página web www.annusfidei.va, que ofrece toda la documentación, información, vídeos, fotografías, en definitiva, todo tipo de archivos multimedia que cualquier usuario de Internet podrá consultar, compartir, comentar o publicar a través de Facebook, Twitter, Youtube, Flickr, Google+ Rss. Desde la propia página, se anima a ello: «Publica, en tu perfil en las redes sociales, las palabras y los acontecimientos del Año de la fe con el Santo Padre Benedicto XVI. Comparte rápidamente con tus amigos las páginas que te gusten. De esta manera, también se puede participar en la nueva evangelización».
José Calderero
alfayomega.es

domingo, 8 de julio de 2012

Los españoles de hoy, ¿incapaces de sufrir?


La crisis económica ha entrado en una segunda fase: aumentan entre un 20% y un 40% los trastornos mentales, como la angustia y la depresión, provocados por factores externos, y se rompen las relaciones familiares y sociales. La sociedad española había edificado su vida en torno al bienestar material, y cuando eso falla, sólo queda el vacío. ¿La solución fácil? Atiborrarse a pastillas: «No soportamos ningún dolor», señala un Hermano de San Juan de Dios. El reto es aprender a aprovechar esta crisis como oportunidad para rehacer la vida sobre fundamentos más sólidos.
 Alfayomega.es

Uno de cada seis españoles padece o padecerá
una enfermedad mental
La vida de Félix se apagó, en el mes de febrero, en la localidad de Ribarroja, cerca de Valencia. Casado y con un hijo menor de edad, decidió quemarse a lo bonzo un día después de perder su empleo. A sus 56 años, no pudo encajar el despido y las consecuencias económicas que supondría para su familia.
Félix no es un caso aislado, aunque en España no haya un dato oficial del aumento del número de suicidios a causa de la crisis. Sí existen cifras sobre esta realidad en Grecia, donde los suicidios se han incrementado un 40% desde que comenzó el declive económico, o Italia, con estadísticas similares.
La tan nombrada crisis no sólo acarrea fatales consecuencias económicas en un país. Hay una segunda fase, más amenazante para la persona, porque afecta a la psique de quienes la sufren: la crisis ha aumentado las enfermedades mentales de los españoles, ha mermado la autoestima de las personas en paro de larga duración y ha provocado rupturas familiares.
Ya advirtió, en 2008, la Organización Mundial de la Salud que la crisis repercutiría en la salud mental de las poblaciones, y así se ha confirmado en España. Según el médico psiquiatra don Miguel Lázaro, «hay diversos estudios recientes que aluden a un aumento, de entre el 20 y el 40%, de pacientes con patologías depresivas, ansiedad, abusos de alcohol y trastornos del sueño, coincidiendo con la situación de crisis económica».
Vidas materialmente edificadas

La crisis ha provocado un impacto mucho
más profundo que el de tener o no tener
La mayoría de estas enfermedades son trastornos mentales comunes provocados por, según el doctor Julio Bobes, «las dificultades sociales, socioeconómicas y sociolaborales». Son trastornos que no suponen un alto nivel de gravedad, «pero son discapacitantes, y generan una gran prevalencia de las incapacidades temporales y del sufrimiento familiar», afirma el psiquiatra.
Y es que sostener, en un tiempo largo, situaciones de carencia, tiene grandes efectos negativos, que desembocan en este tipo de trastornos, como afirma la responsable de Investigación y Gestión del Conocimiento de Cáritas Bilbao, doña Ana Sofi Telletxea: «Cuando una persona en el paro no es capaz de generar oportunidades o formar parte de entornos que den sentido a su vida, la desesperanza se impone a todo lo demás», lo que lleva de la mano a la angustia y a la depresión. «Una vez entras en ese círculo de negatividad, la actitud condiciona a la hora de salir de la situación. No está en la mano de uno perder el trabajo, pero sí la capacidad de mantenerse activo», señala.
Entrar en la actitud de pánico provoca, además, «la ruptura con el mundo relacional que nos sostiene como persona. Una vez pierdes esto, es más difícil recuperarlo que el volver a tener ingresos», añade doña Ana. Y pone como ejemplo el difícil cambio de roles que se ha generado en la sociedad: «Hay familias que tienen que sufrir cada día cómo no pueden cuidar de sus hijos, y son sus padres -los abuelos- los que tienen que sostenerlos de nuevo. Eso afecta a las relaciones con uno mismo, con los hijos, con la familia...; es un impacto mucho más profundo y más invisible que el mero hecho de tener o no tener», explica la señora Telletxea.
No tolerancia a la frustración
Todo eso es cierto, pero al mismo tiempo, uno de los grandes descubrimientos que ha dejado al descubierto la crisis económica es la escasa o nula tolerancia a la angustia y a la frustración de las generaciones actuales. Para el psiquiatra don Enrique Rojas, «la sociedad tiene un marco fundado en el hedonismo, el consumismo, la permisividad y el relativismo, lo que hace que el ser humano no tolere las frustraciones y las adversidades de la vida». Y eso deja amputadas a las personas, porque, como admite el doctor Rojas, «en la vida es importante el sufrimiento, y la aceptación del sufrimiento es aprendizaje».
Esto se ha puesto de manifiesto gracias a la falta de trabajo, que según el Hermano de la Orden de San Juan de Dios Calixto Plumed, «ha aumentado la percepción del vacío en la vida de las personas, que ha desembocado en una gran frustración para las generaciones de hoy, mucho más sensibles a cualquier desventura. No tienen horizontes ni motivos, porque se lo han dado todo hecho».
Pero don Enrique Rojas muestra un hilo de esperanza: «Aunque todo esté engarzado por el hilo del materialismo, y sólo cuente lo que se ve y lo que se toca, esta sociedad tiene unos referentes de fondo positivos, aunque no se utilicen, por el aluvión de negatividad que nos rodea».
Medicalización del sufrimiento

Acudimos rápidamente a las pastillas
porque no soportamos el dolor
Según datos de la consultora IMS Health, en los últimos dos años ha aumentado un 10% el consumo de medicamentos antidepresivos. Sólo en 2011, la población española gastó casi mil millones de euros para evitar la angustia. El doctor Rojas reconoce el exceso numérico: «Cualquier solución a los problemas de la vida requiere tiempo para reabsorber los hechos, saber esperar, y luego continuar. Pero la prisa hace que la gente recurra a las pastillas para todo». También lo comparte Plumed, quien afirma que, «al mínimo sufrimiento, se acude al médico de cabecera en busca de una receta. No soportamos ningún dolor», y añade que, en ocasiones, «se podría suprimir la cantidad de medicación... No quiero generalizar, pero a veces se fomenta demasiado esa ingesta de pastillas».
Para Plumed, ese aumento en la medicación se debe, fundamentalmente, a que la familia, la mejor medicina, está desapareciendo: «Si suprimimos la familia, nos cargamos más del 60% del sistema sanitario, porque no hay sistema que soporte la enfermedad si se eliminan los cuidados de la familia». Ana Sofi lo corrobora: «Las relaciones familiares están tan deterioradas, que no están siendo, en ocasiones, lo suficientemente potentes para contrarrestar el efecto de la pérdida de trabajo». De hecho, en 2010 -últimos datos disponibles-, las rupturas matrimoniales aumentaron un 4%; dato que desmontó las previsiones de los expertos, que habían vaticinado que la crisis reduciría las rupturas, debido al alto coste económico de las mismas.
La segunda fase de la crisis ha levantado la alfombra de lo meramente material, y está dejando ver lo que no se había barrido correctamente. Ahora, quedan dos tareas: o bien intentar salir adelante repitiendo modelos, con el anhelo de volver a lo anterior, o buscar alternativas. Ana Sofi da una: «Si mirásemos a nuestros mayores, aprenderíamos mucho. Ellos no ponen tanto valor en el tener, y, por eso, aguantaron carros y carretas».
Cristina Sánchez
«Nos vamos a apañar. La Virgen no falla»
Como buen trabajador de la construcción, Alfonso no bajaba de sus buenos dos mil euros. Rocío, su mujer, dependienta en una tienda. Jauja para dos recién casados. Cuando ella se quedó embarazada, decidieron dejar el piso de alquiler y adquirir una vivienda. Con ese sueldo, ¿iban a tener problemas?
El niño, en esta ocasión, en lugar de un pan bajo el brazo, se trajo una enorme crisis que dejó a los dos en paro. Por más que tiraron, por más que los abuelos les dejaron todos sus ahorros, en menos de un año estaban los tres en la calle.
De la abundancia, a tener que acudir a la parroquia en busca de alimentos. Me cuentan que tienen una habitación en un piso compartido, y que están contentos porque, aunque en el piso de tres dormitorios, cocina y baño, viven diez personas, ellos tienen una habitación para los tres solitos y están estupendamente. «¿Qué más podemos pedir?», me dice Alfonso. Tengo una mujer que es un tesoro, el niño más guapo del mundo y estamos juntos. Otros no tienen ni donde dormir.
¿No te preocupa el porvenir? ¿No tenéis miedo? En ese momento, me abre la cartera y me enseña una ajada imagen de la Virgen. «Es la de mi pueblo. ¿Sabes? Yo apenas he podido ir a la escuela, pero mi madre me enseñó a querer a la Virgen y a mí Ésta no me falla. No puedo pedir ahora mucho, porque las cosas están mal para todos, pero te digo yo que nos vamos a apañar. Que Ella a mí no me falla, que lo sé yo... De momento, os tenemos a vosotros para que no nos falte de comer. Y para pagar la habitación me ayudan mi madre y mi suegra, y bueno, alguna cosa me sale. No podemos quejarnos».
La fe es así. Del todo a la nada. Unos privilegiados porque pueden disfrutar de una habitación para los tres. Y la Virgen que los está acompañando. Me lo repitió mil veces: «Que no nos pasa nada, tranquilo, que saldremos... Que a mí Ella no me falla... No. No falla. Lo sé yo».
Jorge G.
Párroco de Tres Olivos

sábado, 7 de julio de 2012

Encuentro con los confirmandos (2 de junio): Gracias a los dones del Espíritu Santo


Nadie habla a los jóvenes de hoy como lo hace el Papa. Les pide lo mejor de sí mismos y les anuncia lo mejor que la Iglesia les puede ofrecer: el amor de Cristo. Durante el Encuentro Mundial de las Familias, el Santo Padre tuvo un encuentro con los jóvenes que se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación

Benedicto XVI saluda a los jóvenes
que se están preparando para recibir
el sacramento de la Confirmación
¡Queridos chicos y chicas! Es una gran alegría para mí poder encontrarme con vosotros durante mi visita a vuestra ciudad. En este famoso estadio de fútbol, hoy los protagonistas sois vosotros. Saludo a vuestro arzobispo, el cardenal Angelo Scola, y le doy las gracias por las palabras que me ha dirigido. Gracias también a don Samuel Marelli. Saludo a vuestro amigo, que, en nombre de todos vosotros, me ha dado la bienvenida. Me alegra saludar asimismo a los Vicarios episcopales, que en nombre del arzobispo os han administrado o administrarán la Confirmación. Un gracias especial a la Fundación de los Oratorios Milaneses, que ha organizado este Encuentro, a vuestros sacerdotes, a todos los catequistas, a los educadores, a los padrinos y a las madrinas y a cuantos se han hecho compañeros vuestros de viaje en cada comunidad parroquial, y os han dado testimonio de la fe en Jesucristo muerto y resucitado, y vivo.
Vosotros, queridos muchachos, os estáis preparando para recibir el sacramento de la Confirmación, o bien lo habéis recibido hace poco. Sé que habéis llevado a cabo un precioso recorrido formativo, llamado este año El espectáculo del Espíritu. Ayudados por este itinerario, con diversas etapas, habéis aprendido a reconocer las estupendas cosas que el Espíritu Santo ha hecho y hace en vuestra vida y en la de todos aquéllos que dicen  al Evangelio de Jesucristo. Habéis descubierto el gran valor del Bautismo, el primero de los sacramentos, la puerta de entrada a la vida cristiana. Lo habéis recibido gracias a vuestros padres, que junto con los padrinos han profesado el Credo en vuestro nombre y se han comprometido a educaros en la fe.
Como lo fue también para mí, hace tanto tiempo ya, ésta ha sido para vosotros una gracia inmensa. Desde aquel momento, renacidos por el agua y por el Espíritu Santo, habéis entrado a formar parte de la familia de los hijos de Dios, os habéis convertido en cristianos, miembros de la Iglesia.
Ahora habéis crecido y podéis dar, vosotros mismos, vuestro Sí personal a Dios, un  libre y conscientemente responsable. El sacramento de la Confirmación confirma el Bautismo y os llena del Espíritu Santo abundantemente. Ahora, vosotros mismos, llenos de gratitud, tenéis la posibilidad de acoger sus grandes dones que os ayudan, en el camino de la vida, a convertiros en testigos fieles y valientes de Jesús. Los dones del Espíritu son realidades estupendas que os permiten formaros como cristianos, vivir el Evangelio y ser miembros activos de la comunidad. Os recuerdo brevemente estos dones, de los cuales nos habla ya el profeta Isaías, y luego Jesús:
* El primer don es la Sabiduría, que os hace descubrir todo lo bueno y grande que es el Señor y, como dice la palabra, llena vuestra vida de sabor, para que seáis, como decía Jesús, sal de la tierra;
* luego está el don del Entendimiento, para que podáis comprender en profundidad la Palabra de Dios y la verdad de la fe;
* luego, el don de Consejo, que os guiará al descubrimiento del proyecto de Dios sobre vuestra vida, sobre la vida de cada uno de vosotros;
* el don de Fortaleza, para vencer las tentaciones del mal y hacer siempre el bien, incluso cuando cuesta sacrificio;
* viene luego el don de Ciencia, no ciencia en el sentido técnico como es enseñada en la universidad, sino ciencia en el sentido más profundo, que enseña a encontrar en lo creado los signos y las huellas de Dios, a entender cómo Dios habla en todo tiempo y cómo me habla a mí, y para animar con el Evangelio el trabajo de cada día; entender que existe una profundidad y comprender que esta profundidad es tal que da sabor al trabajo, incluso el más difícil;
* otro don es el de Piedad, que mantiene viva en el corazón la llama del amor a nuestro Padre que está en los cielos, de manera que cada día le pidamos con confianza y ternura lo que necesitamos como hijos queridos: que no olvidemos las realidades fundamentales del mundo y de la vida: que Dios existe y me conoce, y espera mi respuesta a su proyecto;
* el séptimo y último don es el de Temor de Dios -hemos hablado antes del miedo-; temor de Dios no significa miedo, sino sentir hacia Él un profundo respeto, el respeto a la voluntad de Dios que es el verdadero diseño de mi vida y es el camino a través del cual la vida personal y comunitaria puede ser buena; y hoy, con todas las crisis que hay en el mundo, comprobamos lo importante que es que cada uno respete esta voluntad de Dios impresa en nuestros corazones, según la cual debemos vivir; y así este temor de Dios es deseo de hacer el bien, de hacer la verdad, de hacer la voluntad de Dios.

Un momento del encuentro de los confirmandos
con el Papa, en el estadio milanés de San Siro
Queridos chicos y chicas, toda la vida cristiana es un camino, es como ir recorriendo un sendero que sube a una montaña -por tanto, no siempre es fácil, pero subir a una montaña es siempre algo bellísimo- en compañía de Jesús; con estos preciosos dones, vuestra amistad con Él irá siendo cada vez más verdadera y más estrecha. Se alimenta continuamente con el sacramento de la Eucaristía, en el cual recibimos su Cuerpo y su Sangre. Por eso os invito a participar siempre con alegría y fidelidad en la Misa dominical, cuando toda la comunidad se reúne para rezar juntos, para escuchar la Palabra de Dios y participar en el sacrificio eucarístico. Y acercaos también al sacramento de la Penitencia, a la confesión: es un encuentro con Jesús que perdona nuestros pecados y nos ayuda a realizar el bien; recibir el don, recomenzar de nuevo es un gran regalo para nuestra vida, saber que soy libre, que puedo volver a empezar, que todo me ha sido perdonado. Luego, que no falte vuestra oración personal de cada día. Aprended a dialogar con el Señor, confiaos con Él, contadle vuestras alegrías y preocupaciones y pedidle luz y apoyo en vuestro caminar.
Queridos amigos, vosotros sois afortunados porque tenéis en vuestras Parroquias los Oratorios, un gran regalo de la diócesis de Milán. El Oratorio, como la misma palabra indica, es un sitio donde se reza, pero también donde se está juntos en la alegría de la fe, se hace catequesis, se juega, se organizan actividades de servicio y de otro tipo, se aprende a vivir, diría yo. Sed asiduos frecuentadores de vuestro Oratorio, para ir madurando cada vez más en el conocimiento y en el seguimiento del Señor. Estos siete dones del Espíritu Santo crecen precisamente en vuestra comunidad, donde se ejercita la vida en la verdad con Dios.
En la familia, obedeced a vuestros padres, escuchad las indicaciones que os hacen, para crecer como Jesús en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2, 51-52). Finalmente, no seáis perezosos, sino muchachos y jóvenes comprometidos, particularmente en el estudio, de cara a la vida futura: es vuestro deber de cada día y una gran oportunidad que tenéis para crecer y para preparar el futuro. Estad siempre disponibles y sed generosos con los demás, venciendo la tentación de poneros siempre en el centro a vosotros mismos, porque el egoísmo es enemigo de la verdadera alegría. Si ahora disfrutáis de la belleza de formar parte de la comunidad de Jesús, podréis dar también vosotros vuestra contribución para hacerla crecer y sabréis invitar a otros a que formen parte de ella. Permitidme que os diga también que el Señor, todos los días, hoy también, aquí, os llama a cosas grandes. Estad abiertos a lo que os sugiera, y si os llama a seguirle por el camino del sacerdocio o de la vida consagrada, no le digáis que no. ¡Sería una pereza equivocada! ¡Jesús os llenará el corazón para toda vuestra vida!
Queridos muchachos, queridas chicas: os digo con fuerza: aspirad a ideales altos. Todos pueden llegar a una cota alta, no sólo algunos. Sed santos. Pero ¿es posible ser santos a vuestra edad? Os respondo: ¡Ciertamente! Lo dice también san Ambrosio, gran santo de vuestra ciudad, en un libro suyo, en donde escribe: «Toda edad está madura para Cristo» (De Virginitate, 40). Y, sobre todo, lo demuestra el testimonio de tantos santos coetáneos vuestros, como Domingo Savio, o María Goretti. La santidad es el camino normal del cristiano, no está reservada a unos pocos elegidos, sino que está abierta a todos. Naturalmente, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, que no nos faltará si tendemos hacia Él nuestras manos y le abrimos nuestro corazón. Y con la guía de nuestra Madre. ¿Quién es nuestra Madre? Es la Madre de Jesús, María. Jesús nos confió a todos nosotros a Ella, antes de morir en la Cruz. Que la Virgen María guarde siempre la belleza de vuestro  a Jesús, su Hijo, el grande y fiel amigo de vuestra vida. ¡Así sea!

viernes, 6 de julio de 2012

La verdad del amor humano: documento de la Conferencia Episcopal Española sobre la familia y el amor conyugal


"La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar" (Documento íntegro siguiendo el enlace inferior)

 plenaria


http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php?option=com_content&view=article&id=2843:la-verdad-del-amor-humano&catid=188:asamblea-plenaria&Itemid=1449

jueves, 5 de julio de 2012

MFC: Encuentro en Milán


Con motivo del VII Encuentro Mundial de las Familias con el Papa en Milán se nos ocurrió la posibilidad de reunirnos todos los miembros del MFC en un lugar fuera del propio encuentro.
Comenzamos a hacer gestiones y con la ayuda de don Ángel Tello, sacerdote de Toledo que había estudiado en Roma, contactamos con una parroquia en Milán, cuyo párroco acogió la idea favorablemente y nos dio toda clase de facilidades para hacer realidad el encuentro.
El siguiente paso fue divulgarlo a los miembros del MFC que asistieran al encuentro. A través de Marí Carmen y Robert Kimball, contactamos con los presidentes mundiales, los cuales acogieron la idea con entusiasmo y delegaron en los vicepresidentes Rosalinda y Jorge Carrillo, de Méjico, su representación en Milán.
La fecha señalada fue el 31 de mayo, jueves, y recién levantados nos fuimos a buscar la parroquia de San Vito al Giambellino, que quedaba bastante lejos de nuestro hotel. Una vez localizada, hablamos con el sacristán y nos confirmó que efectivamente nos esperaban a las cinco de la tarde.
Volvimos a comer al hotel y antes de las cuatro ya estábamos de vuelta en la parroquia a esperar…. Los primeros que llegaron fueron un matrimonio argentino que asistía al encuentro para celebrar su 40 aniversario de casados. Las cuatro y media y … una joven venezolana residente en Londres que junto a su marido se venían reuniendo con otros cuatro matrimonios y tenían intención de fundar el MFC en el Reino Unido, ya habían tenido contacto con Robert y Mary Carmen, pero quería saber cómo trabajamos en España, le dimos información y quedamos en enviarla los libros del MFC.
Las cinco menos cuarto, se detiene un taxi a la puerta y vemos descender de el a don Javier Rodríguez, consiliario de zona y diocesano de Burgos, nos os podéis imaginar con que alegría le recibimos, rápidamente se puso en contacto con el párroco y lo organizaron todo en un momento. Seguidamente fueron llegando de: El Salvador, Panamá, Argentina (Salta y Buenos Aires), Méjico, Estados Unidos (Las Vegas) y un matrimonio de Zaragoza, que junto a nosotros fueron los únicos matrimonios españoles asistentes.
Junto a un grupo de fieles de la parroquia iniciamos el encuentro con el rezo del Santo Rosario y a continuación la Eucaristía; las lecturas se leyeron en español y en italiano y don Javier pronunció la homilía en ambos idiomas.
Al final de la misa, agradecimos al párroco su disponibilidad y le obsequiamos con una placa de damasquino de Toledo.
A continuación estuvimos un buen rato en el patio de la iglesia, presentándonos y comentando nuestra situación familiar y datos de nuestra pertenencia al MFC.
Aunque la convocatoria no tuvo la respuesta que esperábamos,  creemos que la experiencia es válida y se puede repetir –En Filadelfia-
Ramón Bernácer y María Rosa María
Presidentes Nacionales MFC
España
 


martes, 3 de julio de 2012

Angelus EMF Milán 2012


«¡Os invito a Filadelfia!»


Vuestra vocación no es fácil de vivir, pero el amor
es la única fuerza que puede verdaderamente
transformar el cosmos, el mundo
Queridos hermanos y hermanas:
No tengo palabras para dar las gracias por esta fiesta de Dios, por esta comunión de la familia de Dios en la que nos encontramos. Al final de esta celebración, un gran agradecimiento a Dios, que nos ha dado esta gran experiencia eclesial. Por mi parte, dirijo un vivo agradecimiento a todos aquellos que han trabajado por este evento, en primer lugar al cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia -¡gracias, Eminencia!-, y al cardenal Angelo Scola, arzobispo de Milán -¡gracias!- Agradezco a todos los responsables de la organización y a todos los voluntarios. Y estoy ya listo para anunciar que el próximo Encuentro Mundial de las Familias tendrá lugar en 2015, en Filadelfia, en los Estados Unidos de América. Saludo al arzobispo de Filadelfia, monseñor Charles Chaput, y le agradezco desde ahora la disponibilidad ofrecida.
[En francés] Saludo afectuosamente a las familias de lengua francesa y, sobre todo, a las que se han desplazado a Milán. Confío a todas las familias a la Sagrada Familia de Nazaret, de modo que sean un lugar en el que florezca la vida; familias en las que Dios tenga un lugar. En el día de hoy, también participo espiritualmente de la alegría de los fieles de la archidiócesis de Besançon, que se han reunido para celebrar la beatificación del padre Marie Jean-Joseph Lataste, sacerdote de la Orden de los Predicadores, apóstol de la misericordia y apóstol de las cárceles. Me complace anunciar que el próximo Encuentro Mundial de las Familias tendrá lugar en la ciudad de Filadelfia, Estados Unidos de América, en 2015. ¡Que por la intercesión de la Virgen María, podáis abrir vuestros corazones y hogares a Cristo!
[En inglés] Al concluir esta celebración, volviéndonos en oración a la Virgen María, deseo expresar mi agradecimiento a todos los que han contribuido al éxito de este Encuentro Mundial de las Familias, en particular al cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, al cardenal Angelo Scola, a la archidiócesis y a la ciudad de Milán, y a las numerosas personas procedentes de Italia y el extranjero que han rezado y trabajado duro para hacer de este Encuentro un tiempo de gracia para todos. Ahora tengo el gozo de anunciar que el próximo Encuentro Mundial de las Familias tendrá lugar, en 2015, en Filadelfia, en los Estados Unidos de América. Envío un caluroso saludo al arzobispo Charles Chaput y a los católicos de esa gran ciudad, y espero encontrarme con ellos allí, junto a numerosas familias de todo el mundo. ¡Que Dios os bendiga a todos!
[En alemám] Saludo de corazón a todos los peregrinos y familias de los países de habla alemana. Os doy las gracias por vuestra participación en este Encuentro Mundial de las Familias en Milán. La familia es -lo sabemos- de importancia vital para la sociedad. Según el plan de la Creación divina, es el lugar preferido en el que la persona crece y puede aprender la correcta humanidad. Su contribución al desarrollo integral de la persona es esencial. Hagamos todo lo posible para crear, también hoy, un ambiente favorable a la familia, y pidamos que haya familias buenas, y por su cohesión. Desde hoy, os invito al próximo Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, en 2015. Que el Señor bendiga y proteja a las familias y a todos nosotros.
[En español] Saludo con particular afecto a los fieles de lengua española, que con gran entusiasmo participan en este Encuentro Mundial de las Familias, así como a aquellos que se unen espiritualmente al mismo a través de los medios de comunicación. Que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, haga crecer a todos interiormente en la sabiduría del amor y de la entrega, de modo que, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, modelo perfecto de hija, madre y esposa, los hogares sean cada vez más templos de Dios y verdaderas Iglesias domésticas, por la copiosidad de sus virtudes y la belleza de la mutua unión y la constante fidelidad. Con alegría os anuncio que el próximo Encuentro Mundial de las Familias de 2015 tendrá lugar en la ciudad de Filadelfia, en los Estados Unidos de America. Feliz domingo.
[En portugués] Saludo a las familias de los diversos países de habla portuguesa, aquí presentes o en comunión con nosotros, recordando a todas el aspecto de la Santísima Trinidad, que, desde los albores de la creación, se posó sobre la obra hecha y con ella se alegró: ¡Era bueno! ¡Queridas familias, sois el trabajo y la fiesta de Dios! Reservad el domingo para Dios, haced una fiesta con Dios y descansad, juntos, en la fuente de donde brota la vida para construir el presente y el futuro. ¡Las fuerzas divinas son más poderosos que vuestras dificultades! ¡No tengáis miedo! ¡Sed fuertes, con Dios! Con alegría, os anuncio que el próximo Encuentro Mundial será, en 2015, en la ciudad americana de Filadelfia.
[En polaco] Saludo cordialmente a las familias polacas presentes aquí, en Milán, y a aquellas que se unen a nosotros a través de los medios de comunicación. Los temas tratados estos días: Familia, trabajo, fiesta, fortalecen en vosotros el amor, la fidelidad y la honestidad conyugal, animan a los jóvenes a poner su deseo en el ser en lugar de en el tener, y ayudarán a todos a vivir el domingo como un encuentro con Cristo, en la alegría de la fiesta de la familia. Para el próximo Encuentro Mundial de las Familias, os invito a Filadelfia, en los Estados Unidos de América, si Dios quiere, dentro de tres años. Encomiendo a todas vuestras familias a María, Reina de las Familias.
¡Queridas familias milanesas, lombardas, italianas y del mundo entero! Os saludo a todas con afecto y os agradezco vuestra participación. Os aliento a ser siempre solidarias con las familias que viven mayores dificultades; pienso en la crisis económica y social, pienso en el reciente terremoto en Emilia. Que la Virgen María os acompañe y os sostenga siempre. ¡Gracias!

Homilía de la Misa de clausura del EMF (3 de junio)


En la mañana del domingo, el Santo Padre presidió, en el Parque de Bresso, la Eucaristía conclusiva del VII Encuentro Mundial de las Familias. Éste es el texto de su homilía:

El Papa Benedicto XVI llega al Parque de Bresso
para presidir la Misa de clausura del EMF de Milán
Venerables hermanos, ilustres autoridades, queridos hermanos y hermanas.
Es un gran momento de alegría y comunión el que vivimos esta mañana, con la celebración del sacrificio eucarístico. Una gran asamblea, reunida con el sucesor de Pedro, formada por fieles de muchas naciones. Es una imagen expresiva de la Iglesia, una y universal, fundada por Cristo y fruto de aquella misión que, como hemos escuchado en el Evangelio, Jesús confió a sus apóstoles: Ir y hacer discípulos a todos los pueblos, «bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 18-19).
Saludo con afecto y reconocimiento al cardenal Angelo Scola, arzobispo de Milán, y al cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, artífices principales de este VII Encuentro Mundial de las Familias, así como a sus colaboradores, a los obispos auxiliares de Milán y a todos los demás obispos. Saludo con alegría a todas las autoridades presentes. Mi abrazo cordial va dirigido sobre todo a vosotras, queridas familias. Gracias por vuestra participación.
En la segunda Lectura, el apóstol Pablo nos ha recordado que, en el Bautismo, hemos recibido el Espíritu Santo, que nos une a Cristo como hermanos y como hijos nos relaciona con el Padre, de tal manera que podemos gritar:¡Abba, Padre! (cf. Rm 8, 15.17). En aquel momento, se nos dio un germen de vida nueva, divina, que hay que desarrollar hasta su cumplimiento definitivo en la gloria celestial; hemos sido hechos miembros de la Iglesia, la familia de Dios, sacrarium Trinitatis, según la define san Ambrosio, pueblo que, como dice el Concilio Vaticano II, aparece «unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Lumen gentium, 4). La solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, que celebramos hoy, nos invita a contemplar ese misterio, pero nos impulsa también al compromiso de vivir la comunión con Dios y entre nosotros según el modelo de la Trinidad. Estamos llamados a acoger y transmitir de modo concorde las verdades de la fe; a vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo gozos y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorando los diferentes carismas bajo la guía de los pastores. En una palabra, se nos ha confiado la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más una familia, capaces de reflejar la belleza de la Trinidad y de evangelizar no sólo con la palabra. Más bien diría por irradiación, con la fuerza del amor vivido.
La familia, fundada sobre el matrimonio entre el hombre y la mujer, está también llamada, al igual que la Iglesia, a ser imagen del Dios único en tres Personas. Al principio, en efecto, «creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Creced, multiplicaos» (Gn 1, 27-28). Dios creó el ser humano hombre y mujer, con la misma dignidad, pero también con características propias y complementarias, para que los dos fueran un don el uno para el otro, se valoraran recíprocamente y realizaran una comunidad de amor y de vida.
Fecundidad del amor conyugal
El amor es lo que hace de la persona humana la auténtica imagen de la Trinidad, imagen de Dios. Queridos esposos, viviendo el matrimonio no os dais cualquier cosa o actividad, sino la vida entera. Y vuestro amor es fecundo, en primer lugar, para vosotros mismos, porque deseáis y realizáis el bien el uno al otro, experimentando la alegría del recibir y del dar. Es fecundo también en la procreación, generosa y responsable, de los hijos, en el cuidado esmerado de ellos y en la educación metódica y sabia. Es fecundo, en fin, para la sociedad, porque la vida familiar es la primera e insustituible escuela de virtudes sociales, como el respeto de las personas, la gratuidad, la confianza, la responsabilidad, la solidaridad, la cooperación. Queridos esposos, cuidad a vuestros hijos y, en un mundo dominado por la técnica, transmitidles, con serenidad y confianza, razones para vivir, la fuerza de la fe, planteándoles metas altas y sosteniéndolos en la debilidad. Pero también vosotros, hijos, procurad mantener siempre una relación de afecto profundo y de cuidado diligente hacia vuestros padres, y también que las relaciones entre hermanos y hermanas sean una oportunidad para crecer en el amor.
El proyecto de Dios sobre la pareja humana encuentra su plenitud en Jesucristo, que elevó el matrimonio a sacramento. Queridos esposos, Cristo, con un don especial del Espíritu Santo, os hace partícipes de su amor esponsal, haciéndoos signo de su amor por la Iglesia: un amor fiel y total. Si, con la fuerza que viene de la gracia del Sacramento, sabéis acoger este don, renovando cada día, con fe, vuestro , también vuestra familia vivirá del amor de Dios, según el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret. Queridas familias, pedid con frecuencia en la oración la ayuda de la Virgen María y de san José, para que os enseñen a acoger el amor de Dios como ellos lo acogieron. Vuestra vocación no es fácil de vivir, especialmente hoy, pero el amor es una realidad maravillosa, es la única fuerza que puede verdaderamente transformar el cosmos, el mundo. Ante vosotros está el testimonio de tantas familias que señalan los caminos para crecer en el amor: mantener una relación constante con Dios y participar en la vida eclesial, cultivar el diálogo, respetar el punto de vista del otro, estar dispuestos a servir, tener paciencia con los defectos de los demás, saber perdonar y pedir perdón, superar con inteligencia y humildad los posibles conflictos, acordar las orientaciones educativas, estar abiertos a las demás familias, atentos con los pobres, responsables en la sociedad civil. Todos estos elementos construyen la familia. Vividlos con valentía, con la seguridad de que, en la medida en que viváis el amor recíproco y hacia todos, con la ayuda de la gracia divina, os convertiréis en Evangelio vivo, una verdadera Iglesia doméstica (cf. Exhortación apostólica Familiaris consortio, 49).
Quisiera dirigir unas palabras también a los fieles que, aun compartiendo las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia, están marcados por las experiencias dolorosas del fracaso y la separación. Sabed que el Papa y la Iglesia os sostienen en vuestra dificultad. Os animo a permanecer unidos a vuestras comunidades, al mismo tiempo que espero que las diócesis pongan en marcha adecuadas iniciativas de acogida y cercanía.
Respeto del domingo

No perdáis el sentido del Día del Señor
En el libro del Génesis, Dios confía su creación a la pareja humana, para que la guarde, la cultive, la encamine según su proyecto (cf. 1, 27-28; 2, 15). En esta indicación de la Sagrada Escritura, podemos comprender la tarea del hombre y la mujer como colaboradores de Dios para transformar el mundo, a través del trabajo, la ciencia y la técnica. El hombre y la mujer son imagen de Dios también en esta obra preciosa, que han de cumplir con el mismo amor del Creador. Vemos que, en las modernas teorías económicas, prevalece con frecuencia una concepción utilitarista del trabajo, la producción y el mercado. El proyecto de Dios y la experiencia misma muestran, sin embargo, que no es la lógica unilateral del provecho propio y del máximo beneficio lo que contribuye a un desarrollo armónico, al bien de la familia y a edificar una sociedad justa, ya que supone una competencia exasperada, fuertes desigualdades, degradación del medio ambiente, carrera consumista, pobreza en las familias. Es más, la mentalidad utilitarista tiende a extenderse también a las relaciones interpersonales y familiares, reduciéndolas a simples convergencias precarias de intereses individuales y minando la solidez del tejido social.
Un último elemento. El hombre, en cuanto imagen de Dios, está también llamado al descanso y a la fiesta. El relato de la Creación concluye con estas palabras: «Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró» (Gn 2, 2-3). Para nosotros, cristianos, el día de fiesta es el domingo, Día del Señor, Pascua semanal. Es el día de la Iglesia, asamblea convocada por el Señor alrededor de la mesa de la Palabra y del sacrificio eucarístico, como estamos haciendo hoy, para alimentarnos de Él, entrar en su amor y vivir de su amor. Es el día del hombre y de sus valores: convivencia, amistad, solidaridad, cultura, contacto con la naturaleza, juego, deporte. Es el día de la familia, en el que se vive juntos el sentido de la fiesta, del encuentro, del compartir, también en la participación de la santa Misa. Queridas familias, a pesar del ritmo frenético de nuestra época, no perdáis el sentido del Día del Señor. Es como el oasis en el que detenerse para saborear la alegría del encuentro y calmar nuestra sed de Dios.
Familia, trabajo, fiesta: tres dones de Dios, tres dimensiones de nuestra existencia que han de encontrar un equilibrio armónico. Armonizar el tiempo del trabajo y las exigencias de la familia, la profesión y la paternidad y la maternidad, el trabajo y la fiesta, es importante para construir una sociedad de rostro humano. A este respecto, privilegiad siempre la lógica del ser respecto a la del tener: la primera construye, la segunda termina por destruir. Es necesario aprender, antes de nada en familia, a creer en el amor auténtico, el que viene de Dios y nos une a Él, y precisamente por eso «nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea todo para todos» (encíclica Deus caritas est, 18). Amén.

lunes, 2 de julio de 2012

Final de curso MFC Madrid: Peregrinación a la Virgen de Hornuez


Salimos en autocar desde Madrid el sábado 23 de junio temprano y nos juntamos en Hornuez unas 25 personas entre matrimonios y  familias, siendo los  6 niños y una adolescente los que más disfrutaron. Nos acompañó fray Gonzalo, nuestro querido consiliario franciscano.

Por la mañana hicimos unas dinámicas de conocimiento y unos trabajos en grupo sobre el lema del Encuentro Mundial de las Familias de Milán, para después celebrar la misa de acción de gracias por el curso en la ermita  junto con familias y personas de los pueblos cercanos.

La comida compartida de forma muy familiar en  el porche de la casa de la Hermandad , y tras el descanso, siesta para algunos en las 3 hamacas con los 6 niños a la vez. Los mayores disfrutaron del frescor de la casa. También los niños pudieron jugar al futbol para recordar los éxitos de la selección.
El Rosario familiar fue una grata experiencia, vivida en profundidad por todos en las que cada familia pedía por alguna necesidad importante para sus vidas.Las fotos son del Rosario. 

Por la tarde llegó la gran sorpresa. Montaron los niños a caballo siendo los que más se divirtieron en todo momento. Tras estos gratos momentos, el día tocaba a su fin y vuelta a Madrid para ver el partido de fútbol de España en la Eurocopa.

Inma





domingo, 1 de julio de 2012

Fiesta de los Testimonios (2 de junio)


En la Fiesta de los Testimonios, celebrada en el Parque de Bresso, el Santo Padre mantuvo este fructífero e interesantísimo diálogo con diversos participantes en el EMF de Milán:

Benedicto XVI abraza a Cat Tien, la niña vietnamita
CAT TIEN (niña de Vietnam)
Hola, Papa. Soy Cat Tien, vengo de Vietnam. Tengo siete años y quiero presentarte a mi familia. Él es mi papá, Dan, y mi mamá se llama Tao, y éste es mi hermanito Binh. Me gustaría mucho saber algo de tu familia y de cuando eras pequeño como yo...
SANTO PADRE: Gracias, querida, y gracias a tus padres: gracias de corazón. Me preguntas por los recuerdos de mi familia: ¡serían tantos! Pero quisiera decir sólo unas pocas cosas. El punto esencial para nuestra familia era siempre el domingo, aunque el domingo empezaba ya el sábado por la tarde.
Mi padre nos leía las lecturas del domingo tomadas de un libro muy conocido entonces en Alemania, donde también se explicaban esos textos. Así empezaba el domingo: entrábamos ya en la liturgia, en una atmósfera de alegría. Al día siguiente, íbamos juntos a Misa. Mi casa estaba cerca de Salzsburgo, así que teníamos mucha música -Mozart, Schubert, Haydn- y, cuando empezaba el Kyrie, era como si el cielo se abriese. Y luego, en casa, era muy importante, naturalmente, la comida juntos. También cantábamos mucho: mi hermano es un gran músico, componía ya desde pequeño para todos nosotros, y toda la familia cantaba. Mi padre tocaba la cítara y cantaba; son momentos inolvidables. Además, naturalmente, hacíamos viajes juntos y dábamos largos paseos; vivíamos cerca de un bosque, y caminar por los bosques era algo muy bonito: aventuras, juegos, etcétera. En una palabra, éramos un solo corazón y una sola alma, con muchas experiencias comunes, también en tiempos muy difíciles, porque era la época de la guerra, antes de la dictadura, y de la pobreza. Pero este amor recíproco que había entre nosotros, esta alegría incluso por cosas sencillas, era muy fuerte, y así pudimos superar y soportar todo lo demás. Me parece que esto era muy importante: que incluso las cosas pequeñas eran fuente de alegría, porque era así como se expresaba el corazón del otro. Y, así, crecimos en la certeza de que es un bien ser hombres, porque veíamos que la bondad de Dios se reflejaba en nuestros padres y hermanos. Y, a decir verdad, cuando intento imaginar un poco cómo puede ser el Paraíso, siempre pienso en el tiempo de mi infancia y de mi juventud. De hecho, en ese contexto de confianza, de alegría y de amor, éramos felices, y creo que en el Paraíso debe ser parecido a lo que viví en mi juventud. En este sentido, espero ir a casa, cuando vaya al otro lado del mundo.
SERGE RAZAFINBONY Y FARA ANDRIANOMBONANA (pareja de novios de Madagascar)
SERGE: Santidad, somos Fara y Serge, y venimos de Madagascar. Nos conocimos en Florencia, donde estábamos estudiando, yo ingeniería y ella economía. Somos novios desde hace cuatro años y, desde que nos licenciamos, soñamos con poder volver a nuestro país para ayudar a nuestra gente, con nuestro trabajo y profesión.
FARA: Los modelos familiares que predominan en Occidente no nos convencen, pero también somos conscientes de que muchas tradiciones de nuestra África han sido, en cierto modo, superadas. Nos sentimos hechos el uno para el otro, por eso queremos casarnos y construir un futuro juntos. Queremos también que todos los aspectos de nuestra vida estén guiados por los valores del Evangelio. Pero, hablando de matrimonio, Santidad, hay una expresión que nos atrae más que ninguna otra y, al mismo tiempo, nos asusta: el «para siempre»...
SANTO PADRE: Queridos amigos, gracias por este testimonio. Mi oración os acompaña en este camino de noviazgo y espero que podáis crear, con los valores del Evangelio, una familia para siempre. Ella ha hablado de varios tipos de matrimonio: conocemos el mariage coutumier africano y el matrimonio occidental. También en Europa, a decir verdad, hasta el siglo XIX, había otro modelo de matrimonio dominante, como ahora: a menudo, el matrimonio era en realidad un contrato entre clanes, donde se trataba de conservar el clan, abrir perspectivas de futuro, defender las propiedades, etcétera. El clan buscaba al uno para el otro, esperando que se adaptaran mutuamente. Así sucedía en parte también en nuestros países. Yo recuerdo que, en un pequeño pueblo, donde yo iba a estudiar, sucedía así a menudo. Pero luego, a partir del siglo XIX, llegó la emancipación del individuo, la libertad de la persona, y el matrimonio dejó de basarse en la voluntad de otros, para ser una decisión propia; le precede el enamoramiento, luego se convierte en noviazgo y, por último, en matrimonio. En aquella época, todos estaban seguros de que éste era el único modelo justo y que el amor por sí mismo garantizaba el siempre, porque el amor es absoluto, lo quiere todo, y por tanto también la totalidad del tiempo: es para siempre. Desafortunadamente, la realidad no fue así: se ve que el enamoramiento es hermoso, pero quizá no siempre perpetuo, igual que sucede con el sentimiento: no permanece para siempre. Por tanto, se ve que el paso del enamoramiento al noviazgo, y luego al matrimonio, exige varias decisiones y experiencias interiores. Como he dicho, es hermoso ese sentimiento de amor, pero debe ser purificado, debe recorrer un camino de discernimiento, es decir, deben entrar también la razón y la voluntad; deben unirse razón, sentimiento y voluntad. En el rito del Matrimonio, la Iglesia no dice: ¿Estás enamorado?, sino:¿Quieres?; ¿Estás decidido? Es decir: el enamoramiento debe convertirse en verdadero amor, implicando la voluntad y la razón en un camino, esto es el noviazgo, de purificación, de mayor profundidad, de modo que realmente todo el hombre, con todas sus capacidades, con el discernimiento de su razón y la fuerza de su voluntad, pueda decir: Sí, ésta es la vida que yo quiero. Pienso en las bodas de Caná. El primer vino es buenísimo: el enamoramiento. Pero no dura hasta el final: debe llegar un segundo vino, es decir, debe fermentar y crecer, madurar. Un amor definitivo, que llegue a ser realmente el segundo vino, es más bello, mejor que el primero. Esto es lo que debemos buscar.
Y aquí es importante, además, que el yo no esté solo -el yo y el tú-, sino que esté implicada también la comunidad de la parroquia, de la Iglesia, los amigos. Todo esto -la justa personalización, la comunión de vida con otros, con familias que se apoyan unas a otras- es muy importante, y sólo así, en esta implicación de la comunidad, de los amigos, de la Iglesia, de la fe, de Dios mismo, crece un vino que vale para siempre. ¡Ojalá sea así para vosotros!
FAMILIA PALEOLOGOS (familia griega)

En la Fiesta de los Testimonios,
celebrada en el Parque de Bresso
NIKOS: ¡Kalispera! Somos la familia Paleologos. Venimos de Atenas. Me llamo Nikos y ella es mi mujer, Pania. Éstos son nuestros dos hijos, Pavlos y Lydia. Hace años, con otros dos socios, invertimos todo lo que teníamos y creamos una pequeña empresa de informática. Cuando sobrevino esta durísima crisis económica, los clientes se redujeron drásticamente y los que quedaban fueron retrasando cada vez más los pagos. Llegamos a pagar a duras penas los sueldos de los dos empleados, y a los socios nos queda muy poco: así que, para mantener a nuestras familias, cada día que pasa hay menos. Nuestra situación es una de tantas, entre millones. En la ciudad, la gente camina cabizbaja por la calle, nadie se fía de nadie, falta la esperanza.
PANIA: También a nosotros, aunque seguimos creyendo en la Providencia, nos cuesta pensar en un futuro para nuestros hijos. Hay días y noches, Santo Padre, en los que nos preguntamos cómo hacer para no perder la esperanza. ¿Qué puede decir la Iglesia a toda esta gente, a estas personas y familias que ya no tienen perspectivas?
SANTO PADRE: Queridos amigos, gracias por este testimonio, que llega hasta mi corazón, y hasta el corazón de todos. ¿Qué podemos responder? Las palabras no bastan. Debemos hacer algo concreto y todos sufrimos por el hecho de ser incapaces de hacer algo concreto. Digamos una primera palabra sobre política: me parece que debería crecer el sentido de la responsabilidad en todos los partidos, que no prometan cosas que no pueden realizar, que no busquen sólo votos, sino que sean responsables del bien de todos y que entiendan que la política es también siempre responsabilidad humana y moral frente a Dios y frente a los hombres. Luego, naturalmente, las personas particulares sufren y deben aceptar, a menudo sin posibilidad de defenderse, la situación tal como es. Sin embargo, aún podemos decir: intentemos que cada uno haga todo lo que pueda, que piense en sí mismo, en su familia, en los demás, con un gran sentido de responsabilidad, sabiendo que los sacrificios son necesarios para seguir adelante.
Tercer punto: ¿qué podemos hacer nosotros? Ésta es mi pregunta en este momento. Creo que tal vez el hermanamiento entre ciudades, entre familias, entre parroquias, podría ayudar. Nosotros tenemos ahora en Europa una red de hermanamientos, pero son intercambios culturales, ciertamente muy buenos y útiles, pero quizá hagan falta hermanamientos en otro sentido: que realmente una familia de Occidente, de Italia, de Alemania, de Francia... asuma la responsabilidad de ayudar a otra familia. Y, del mismo modo, en las parroquias, en las ciudades: que realmente asuman responsabilidades, ayuden en un sentido concreto. Y estad seguros de algo: yo, y muchos otros, rezamos por vosotros, y este rezar no es sólo decir palabras, sino abrir el corazón a Dios, que así genera también creatividad al buscar soluciones. Esperemos que el Señor nos ayude. ¡Que el Señor os ayude siempre! Gracias.
FAMILIA RERRIE (familia estadounidense)
JAY: Vivimos cerca de Nueva York. Me llamo Jay, soy de origen jamaicano y trabajo como contable. Ella es mi mujer, Anna, y es profesora de apoyo. Éstos son nuestros seis hijos, que tienen entre 2 y 12 años. Con esto puede imaginar, Santidad, que nuestra vida está hecha de continuas carreras contra reloj, de afanes y encajes muy complicados... También para nosotros, en Estados Unidos, una de las prioridades absolutas es mantener nuestro puesto de trabajo, y para eso no hay que mirar los horarios, lo cual va siempre a costa de las relaciones familiares.
ANNA: Ciertamente, no siempre es fácil... Nuestra impresión, Santidad, es que las instituciones y empresas no facilitan la conciliación de los tiempos de trabajo con los de la familia. Santidad, imaginamos que también para usted es difícil conciliar sus infinitos compromisos con el descanso. ¿Tiene algún consejo para ayudarnos a recuperar la necesaria armonía? Entre tantas obligaciones impuestas por la sociedad contemporánea, ¿cómo ayudar a las familias a vivir la fiesta según el corazón de Dios?
SANTO PADRE: Es una gran cuestión, y creo entender este dilema entre dos prioridades: la del puesto de trabajo es fundamental, como la de la familia. ¿Cómo reconciliar ambas prioridades? Sólo puedo intentar daros algún consejo. Primero: hay empresas que permiten casi cualquier extra para las familias -el día del cumpleaños, etcétera- y ven que conceder un poco de libertad al final repercute en el bien de la empresa, porque refuerza el amor por el trabajo, por el puesto de trabajo. Por eso, querría invitar desde aquí a los empresarios a pensar en la familia, y a pensar también en cómo ayudar a que las dos prioridades puedan conciliarse.
Segundo: me parece que se debe buscar naturalmente una cierta creatividad, y esto no siempre es fácil. Pero, al menos, cada día se puede aportar algún elemento de alegría a la familia, de atención, alguna renuncia a la propia voluntad para estar juntos en familia, y aceptar y superar las noches, las oscuridades de las cuales hemos hablado también antes, y pensar en este gran bien que es la familia; y así, con la preocupación de dar algo bueno cada día, se puede encontrar una reconciliación de las dos prioridades.
Y, finalmente, está el domingo, la fiesta: espero que sea observado en América el domingo. Me parece muy importante el domingo, Día del Señor y, como tal, también día del hombre, porque somos libres. Ésta era, en el relato de la Creación, la intención original del Creador: que un día todos sean libres. En esta libertad del uno con el otro, y consigo mismo, se es libre para Dios. Creo que defendemos la libertad del hombre al defender el domingo y las fiestas como días de Dios y, por tanto, días para el hombre. ¡Así deseo que sea para vosotros! Gracias.
FAMILIA ARAUJO (familia brasileña de Puerto Alegre)

El problema de los divorciados que se vuelven
a casar es uno de los grandes sufrimientos
de la Iglesia hoy
MARÍA MARTA: Santidad, como en el resto del mundo, también en nuestro Brasil los fracasos matrimoniales siguen aumentando. Me llamo María Marta, él es Manuel Ángel. Llevamos 34 años casados y somos ya abuelos. Como médico y psicoterapeuta familiar, entramos en contacto con muchas familias, y en los problemas de pareja notamos una acentuada dificultad para perdonar y aceptar el perdón; en muchos casos, hemos visto el deseo y la voluntad de construir una nueva relación que sea duradera, también debido a los hijos que nacen de esta nueva unión.
MANUEL ÁNGEL: Algunas de estas personas que se casan de nuevo querrían volver a acercarse a la Iglesia, pero al no poder acercarse a los sacramentos sienten una gran desilusión. Se sienten excluidos, marcados por un juicio inapelable. Estos sufrimientos hieren en lo hondo a estas personas; se trata de un desgarro que forma parte de nuestro mundo, y de heridas que nos afectan también a nosotros, a la Humanidad entera. Santo Padre, sabemos que la Iglesia sufre por estas situaciones y que le apremian estas personas de manera especial: ¿qué palabras y qué signos de esperanza podemos ofrecerles?
SANTO PADRE: Queridos amigos, gracias por vuestro trabajo como psicoterapeutas familiares, que es muy necesario. Gracias por todo lo que hacéis para ayudar a estas personas que sufren. En realidad, el problema de los divorciados que se vuelven a casar es uno de los grandes sufrimientos de la Iglesia hoy. Y no tenemos simples recetas. El dolor es grande y sólo podemos ayudar a las parroquias y a las personas individuales a ayudar a estas personas a soportar el sufrimiento que conlleva el divorcio. Yo diría que lo más importante, naturalmente, es prevenir, es decir, profundizar desde el inicio en el enamoramiento para llegar a tomar una decisión sólida, madura; además, es bueno acompañar a las personas en su matrimonio, para que las familias nunca se encuentren solas, sino que estén realmente acompañadas en su camino. En cuanto a estas personas, debemos decir -como usted acaba de afirmar- que la Iglesia las ama, pero ellas necesitan ver y sentir este amor. Creo que es una gran tarea de una parroquia, de una comunidad católica, la de hacer realmente todo lo posible para que ellas se sientan amadas, aceptadas, para que no se sientan fuera, aunque no puedan acercarse a recibir la absolución y la Eucaristía: deben poder ver que también en esta situación viven plenamente en la Iglesia. Quizás, si bien no es posible que reciban la absolución en la Confesión, puedan tener un contacto permanente con un sacerdote, con un guía del alma, y esto es muy importante para que vean que son acompañados y guiados. También es muy importante que sientan que la Eucaristía es verdadera y participada, si realmente entran en comunión con el Cuerpo de Cristo. Aunque no puedan recibir corporalmente el Sacramento, pueden estar espiritualmente unidos a Cristo en su Cuerpo. Es muy importante que se les ayude a comprenderlo. Y puedan realmente vivir una vida de fe, con la Palabra de Dios, la comunión de la Iglesia, y experimentar que sus sufrimientos son un don para la Iglesia, porque sirven también a todos los demás para defender la estabilidad del amor, del Matrimonio; y que este sufrimiento no es sólo un tormento físico y psíquico, sino un sufrir en la comunidad de la Iglesia por el bien de los grandes valores de nuestra fe. Pienso que su sufrimiento, si es realmente aceptado interiormente, es un don para Iglesia. Deben saberlo, que precisamente así sirven a la Iglesia, están en el corazón de la Iglesia. Gracias por vuestros esfuerzos y vuestro trabajo.
A LOS DAMNIFICADOS POR EL TERREMOTO:
SANTO PADRE: Queridos amigos, sabéis bien que sentimos profundamente vuestro dolor, vuestro sufrimiento; y, sobretodo, yo rezo cada día para que este terremoto acabe por fin. Todos queremos colaborar para ayudaros. No tengáis duda: no os olvidamos, cada uno de nosotros hace todo lo posible por ayudaros -Caritas, todas las organizaciones de la Iglesia, el Estado, las distintas comunidades-, cada uno de nosotros quiere ayudaros, tanto espiritualmente con nuestra oración, con nuestra cercanía de corazón, como materialmente, y yo rezo insistentemente por vosotros. ¡Que Dios os ayude, nos ayude a todos! Os deseo todo bien, que el Señor os bendiga.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzo