domingo, 5 de julio de 2015

«Por qué dejamos de hacer operaciones de cambio de sexo»: ciencia real contra ideología de género

Paul R. McHugh fue director de psiquiatría del John Hopkins


«Por qué dejamos de hacer operaciones de cambio de sexo»:  ciencia real contra ideología de género
Siendo director de psiquiatría del John Hopkins Hospital, el doctor Paul McHugh hizo investigar la ciencia real tras los cambios de sexo

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6 junio 2015
Paul R. McHugh es Catedrático de Servicios Distinguidos en Psiquiatría en la Universidad Johns Hopkins. Escribe sobre el cambio de sexo en FirstThings.com .
Cuando la práctica de cambio de sexo mediante cirugía surgió por primera vez, a principios de los años 70, solía recordarles a menudo a los psiquiatras que defendían este tipo de operación que con otros pacientes, especialmente con los alcohólicos, ellos solían citar la Oración por la Serenidad: "Dios, concédeme la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia".

¿De dónde sacaron la idea de que nuestra identidad sexual ("género" es el término que ellos prefieren) como hombres o mujeres estaba en la categoría de cosas que se pueden cambiar?

Su respuesta habitual era mostrarme a sus pacientes. Los hombres (y hasta poco antes eran todos hombres) con los que hablaba antes de ser operados me decían que sus cuerpos e identidad sexual estaban en desacuerdo; con los que hablaba después de la operación me decían que la cirugía y los tratamientos de hormonas que les habían convertidos en "mujeres" les habían proporcionado felicidad y satisfacción.

Sin embargo, ninguno de estos encuentros era convincente.

Los sujetos post-quirúrgicos me parecían caricaturas de mujeres. Llevaban zapatos de tacón alto, mucho maquillaje y vestidos llamativos; me explicaban cómo se sentían al poder dar rienda suelta a sus inclinaciones naturales por la paz, la domesticidad y la dulzura.

Pero sus grandes manos, sus prominentes nueces de Adán y sus evidentes rasgos faciales eran incongruentes y lo serían cada vez más a medida que envejecieran.

Las psiquiatras a las que los enviaba para que hablaran con ellos conseguían ver intuitivamente a través del disfraz y la exageración en los gestos. "Las chicas conocen a las chicas", me dijo una de ellas, "y eso es un chico".

Tres rasgos de estas "nuevas mujeres"
Los sujetos antes de la cirugía me llamaban la atención aún más cuando veía que intentaban convencer a cualquiera que quisiera influirles sobre su operación.

Primero, dedicaban una increíble cantidad de tiempo a pensar y hablar sobre sexo y sus experiencias sexuales; su hambre sexual y sus aventuras parecían preocuparles.

Segundo, hablar de bebés y niños no les interesaba demasiado; incluso parecían indiferentes a los niños.

Y tercero y más importante, muchos de estos hombres-que-declaraban-ser-mujeresdecían que encontraban a las mujeres sexualmente atractivas y que se veían como "lesbianas".

Cuando les decía a sus defensores que sus inclinaciones psicológicas se parecían más a las de los hombres que a las de las mujeres, recibía varias respuestas, pero la mayoría me decía que haciendo esta clase de juicios estaba recurriendo a estereotipos sexuales.



Hasta 1975, cuando me convertí en jefe de psiquiatría del John Hopkins Hospital, no solía compartir mis sugerencias sobre estas cuestiones. Pero cuando se me dio autoridad sobre todos los casos en el Departamento de Psiquiatría me di cuenta de que si era pasivo estaría eligiendo tácitamente impulsar la cirugía de cambio de sexo en el departamento que la había propuesto en origen, y que seguía defendiéndola.

Decidí desafiar lo que yo consideraba ser una mala dirección de la psiquiatría y exigir más información, tanto antes como después de las operaciones.

Dos "dogmas de género" a estudio
Dos cuestiones se presentaron como objetivo de estudio. Primero, quería examinar la declaración según la cual los hombres que habían sido operados de cambio de sexohabían encontrado la solución a sus muchos problemas psicológicos.

Segundo (y esto era más ambicioso), quería ver si los niños con genitales ambiguos que eran transformados quirúrgicamente en niñas y educados como tales, como afirmaba la teoría (del Hopkins), se normalizaban con facilidad en la identidad sexual que se había elegido para ellos.

Estas afirmaciones habían generado la opinión en círculos psiquiátricos de que el "sexo" y el "género" de una persona eran cosas distintas: el sexo estaba determinado genética y hormonalmente desde la concepción, mientras que el género estaba modelado por la cultura mediante la acción de la familia y otros durante la infancia.

La primera cuestión era más fácil y sólo requería que yo impulsara la investigación continua en comportamiento sexual humano de un miembro de la facultad que fuera un estudiante con capacidad.

El psiquiatra y psicoanalista Jon Meyer ya estaba desarrollando un método para hacer el seguimiento de adultos que habían sido operados de cambio de sexo en el Hopkins para ver en qué medida la cirugía les había ayudado.

Encontró que la mayoría de los pacientes que había localizado años después de la cirugía estaban satisfechos con lo que habían hecho; sólo unos cuantos se arrepentían. Pero en el resto de los aspectos habían cambiado poco en lo que se refiere a sus condiciones psicológicas. Seguían teniendo los mismos problemasque antes con las relaciones, el trabajo y las emociones. La esperanza que tenían de superar sus dificultades emocionales para mejorar psicológicamente no se había cumplido.

Arreglar sus mentes, no sus genitales
Leímos los resultados como demostración de que del mismo modo que estos hombres disfrutaban del travestismo antes de la operación, después de ella les gustaba vivir en el sexo opuesto, pero no se sentían mejor en su integración psicológica ni la vivían mejor.

Con estos hechos en la mano llegué a la conclusión de que el Hopkins estaba fundamentalmente colaborando con una enfermedad mental.

Pensé que nosotros, los psiquiatras, teníamos que concentrarnos en intentar arreglar sus mentes y no sus genitales.

¿Qué lleva a pedir el cambio de sexo quirúrgico?
Gracias a su investigación, el Dr. Meyer pudo dar algo de sentido a los trastornos mentales que estaban llevando a solicitar este tratamiento inusual y radical. La mayoría de los casos cayeron dentro de uno de estos dos grupos que menciono a continuación, bastante diferentes entre ellos.

Un grupo consistía en hombres homosexuales conflictivos y guiados por un sentido de culpa que veían en el cambio de sexo un modo de resolver sus conflictos sobre la homosexualidad, pues les permitiría comportarse sexualmente como mujeres con hombres.

El otro grupo -la mayoría, hombres más mayores- estaba formado por varones heterosexuales (y algunos bisexuales) que sentían gran excitación sexual al travestirse de mujeres. A medida que envejecían, estaban cada vez más deseosos de añadir verosimilitud a sus disfraces y buscaban o se les sugería una transformación quirúrgica que incluía implantes mamarios, amputación del pene y reconstrucción pélvica para parecerse a una mujer.

Posteriores estudios sobre sujetos similares en los servicios de psiquiatría del Clark Institute de Toronto identificaron a estos hombres por la auto-excitación que sentían al imitar a mujeres seductoras sexualmente.

Muchos de ellos imaginaban que sus demostraciones podían ser excitantes también para los espectadores, sobre todo las mujeres.

Esta idea, una forma de "sexo en la cabeza" (D. H. Lawrence), era lo que provocaba su primera aventura al disfrazarse con ropa interior femenina, llevándolos después a considerar la opción quirúrgica.

La mayoría de ellos veían en las mujeres el objeto de su interés, por lo que al hablar con los psiquiatras se identificaban a sí mismos como lesbianas.

El término que con el tiempo acuñaron en Toronto para describir esta forma de mala dirección sexual fue "autoginefilia".



Autoginefilia: hombres que se excitan vistiéndose como mujeres... y buscando gustar a mujeres; después de usar ropa de mujer, buscan un cuerpo de mujer

De nuevo concluí que alterar quirúrgicamente el cuerpo de estas personas desgraciadas era colaborar con un trastorno mental en lugar de tratarlo.

Esta información y una mejor comprensión de lo que habíamos estado haciendo nos hizotomar la decisión de dejar de prescribir las operaciones de cambio de sexo para adultos en el Hopkins —para gran alivio, tengo que decirlo, de varios de nuestros cirujanos plásticos que habían recibido orden previamente de llevar adelante este tipo de intervención.

El caso de los bebés con genitales deformes
Y con esta solución en lo que respecta a la primera cuestión, puedo ahora hablar sobre la segunda, a saber: la práctica de asignar un sexo femenino a recién nacidos varones que al nacer tenían genitales malformados y ambiguos sexualmente, como también defectos severos en el pene.

Esta práctica, que pertenece más al campo de la pediatria que al mío propio, era sin embargo motivo de preocupación para los psiquiatras porque las opiniones que se habían generado alrededor de estos casos contribuían a formar la opinión de que la identidad sexual era una cuestión de condicionamiento cultural más que algo esencial en la constitución humana.

Varias enfermedades, afortunadamente raras, pueden llevar a defectos en la formación del tracto genitourinario durante la vida embrionaria. Cuando esto ocurre en un varón, la forma más simple de cirugía plástica -con la idea de corregir la anormalidad y ganar una apariencia estética satisfactoria- es quitar todas las partes masculinas, incluyendo los testículos, y construir una vagina y unos labios con los tejidos disponibles.

Esto proporciona a estos bebés malformados una anatomia genital de apariencia femenina sin importar su sexo genético. Dada la afirmación de que la identidad sexual de un niño seguirá fácilmente a su apariencia genital si está apoyado por la familia y el entorno cultural, los cirujanos pediátricos se aficionaron a construir genitales de apariencia femenina tanto a niñas con una constitución cromosómica XX como a niños con una XY, para que así todos tuvieran aspecto de niñas pequeñas, a la vez que eran educadas como tales por sus progenitores.

Los psicólogos persuadían a los padres
Todo esto se hacía, desde luego, con el consentimiento de los padres que, afligidos por las graves malformaciones de sus bebés, eran persuadidos por los endocrinólogos pediátricos y los psicólogos que los asesoraban a aceptar la cirugía de transformación de sus hijos.

Se les decía que la identidad sexual de sus hijos (de nuevo, su “género”) simplemente se amoldaría al condicionamiento ambiental.

Si los padres sistemáticamente respondían al niño como si fuera una niña ahora que su estructura genital parecía la de una niña, él aceptaría este rol sin mucho esfuerzo.

Esta propuesta les planteaba a los padres una decisión crítica. Los médicos aumentaban la presión después de hacer la propuesta diciendo a los padres que la decisión había que tomarla pronto porque la identidad sexual de un niño se establece a los dos o tres años de vida.

El proceso de inducir al niño en un rol femenino debía empezar rápidamente con el nombre, el certificado de nacimiento, la parafernalia para el bebé, etc.

Con los cirujanos preparados para la operación y los médicos seguros, a los padres se les ofrecía algo que era difícil de rechazar (a pesar de que, y esto es interesante, unos cuantos padres, pocos, rechazaron este consejo y decidieron que la naturaleza hiciera su curso).

Pienso que estas opiniones profesionales y la elección con la que se presionaba a los padres estaban basadas en pruebas anecdóticas difíciles de verificar y más difíciles aún de reproducir. A pesar de la seguridad que demostraban sus defensores, les faltaba un apoyo empírico sustancial.

Animé a unos de nuestros psiquiatras residentes, William G. Reiner (que estaba ya interesado en el tema porque antes de su formación psiquiátrica había sido urólogo infantil y había sido testigo del problema desde el otro lado) a empezar un seguimiento sistemático de estos niños, en particular de los niños transformados en niñas durante su infancia, para así determinar hasta qué punto llegaban a estar integrados sexualmente como adultos.

Un caso a estudio: la extrofia vesical
Los resultados fueron aún más sorprendentes que en el trabajo de Meyer. Reiner escogió estudiar intensamente la extrofia vesical porque pondría mejor a prueba la idea de que la influencia cultural tiene el papel principal en la identidad sexual.

La extrofia vesical es una deformación embrionaria que produce una gruesa anormalidad de la anatomia pélvica, por lo que la vejiga y los genitales están terriblemente deformados en el momento del nacimiento. El pene masculino no se ha formado del todo y la vejiga y el tracto urinario no están claramente separados del tracto gastrointestinal. Fue crucial para el estudio de Reiner el hecho de que el desarrollo embrionario de estos desafortunados varones no es hormonalmente distinto al de los varones normales. Ellos se desarrollan dentro de un ambiente hormonal prenatal típicamente masculino proporcionado por su cromosoma Y y su función testicular normal.

Esto expone a estos embriones/fetos en desarrollo a la hormona masculina de la testosterona, como les sucede a todos los otros varones en los vientres de sus madres.

A pesar de que la investigación sobre animales ha demostrado hace tiempo que el comportamiento sexual masculino deriva directamente de su exposición a la testosterona durante su vida embrionaria, este hecho no impidió la práctica pediátrica de tratar quirúrgicamente a estos bebés varones que tienen esta severa anomalía mediante castración (amputando sus testículos y cualquier otro vestigio de estructuras genitales masculinas) y la reconstrucción de una vagina, para que así pudieran crecer como niñas. A mediados de los años 70 esta práctica se había convertido prácticamente en universal.

Estos casos ofrecieron a Reiner la mejor prueba de los dos aspectos que son el trasfondo de este tratamiento: (1) que los humanos cuando nacen serían neutrales en lo que se refiere a su identidad sexual y (2) que para los humanos son las influencias posnatales y culturales y no hormonales, especialmente en la primera infancia, las que más influirían en su identidad sexual última. Los varones con extrofia vesical eran modificados habitualmente mediante cirugía para parecerse a niñas; a los padres se les instruía para que los educaran como tales.

Pero, el hecho de que habían sido expuestos por completo a la testosterona en el útero ¿derrotaba el intento de educarlos como niñas? Las respuestas serían más evidentes con el cuidadoso seguimiento que Reiner estaba empezando.



Antes de describir los resultados, quiero señalar que los médicos que proponían este tratamiento para los varones con extrofia vesical entendían y eran conscientes de que estaban introduciendo nuevos y severos problemas físicos a estos varones.

Obviamente, estos niños no tenían ovarios y sus testículos habían sido quirúrgicamente amputados, lo que significaba que tenían que recibir hormonas exógenas durante toda su vida. La misma cirugía les negaba cualquier posibilidad de fertilidad en el futuro. Y uno no podía preguntar al pequeño paciente si quería pagar este precio.

Los médicos que asesoraban a los padres las consideraban cargas aceptables con el fin de evitar la angustia en la infancia de unas estructuras genitales malformadas y se esperaba que pudieran seguir un rumbo sin conflictos hacia su maduración como niñas y mujeres.

Educados como niñas, pero actuaban como chicos
Sin embargo, Reiner descubrió que estos varones re-diseñados nunca se sintieron cómodos como mujeres cuando fueron conscientes de ellos mismos y del mundo.

Desde el principio de su vida infantil de juegos actuaban espontáneamente como chicos y eran claramente distintos a sus hermanas y otras niñas; les divertían más las riñas de chavales que las muñecas y "jugar a las casitas".

Más tarde, muchos de estos individuos, cuando supieron que genéticamente eran varones, desearon reconstituir sus vidas como tales (algunos incluso pidieron reconstrucción quirúrgica y tomar hormonas masculinas) -todo ello a pesar de los sinceros esfuerzos de sus padres para tratarlos como niñas.

Vale la pena relatar los resultados de Reiner, de los que informaba la edición del 22 de enero de 2004 del New England Journal of MedicineHizo un seguimiento a dieciséis varones genéticos afectos de extrofia vesical vistos en el Hopkins, de los cuales catorce fueron sometidos, en el periodo neonatal, a reasignación al sexo femenino social, legal y quirúrgicamente. Los padres de los otros dos niños rechazaron el consejo de los pediatras y educaron a sus hijos como varones.

Ocho de los catorce sujetos reasignados como mujeres declararon ser varones. Cinco vivían como mujeres y uno vivía sin una identidad sexual clara. Los dos que fueron educados como varones permanecieron varones.

Los dieciséis tenían intereses que eran típicamente masculinos, como la caza, el jockey sobre hielo, el karate y el bobsleigh.

De este trabajo Reiner sacó la conclusión de que la identidad sexual sigue a la constitución genética. Las tendencias masculinas (juegos de fuerza, sentirse excitados por las mujeres y agresividad física) son el resultado del desarrollo intrauterino fetal rico en testosterona de los individuos estudiados, a pesar de los esfuerzos por socializarlos como mujeres desde el nacimiento.

Después de examinar los estudios de Reiner y Meyer, nosotros, en el Departamento de Psiquiatría del Johns Hopkins llegamos a la conclusión de que la identidad sexual humana está construida en nuestra constitución por los genes que heredamos y la embriogénesis que experimentamos. Las hormonas masculinas sexualizan el cerebro y la mente.

A disgusto con el propio sexo
La disforia sexual -un sentido de inquietud respecto al rol sexual de uno mismo- ocurre naturalmente en esos raros casos de varones que crecen como mujeres en un esfuerzo por corregir un problema estructural genital infantil. Una inquietud similar puede ser socialmente inducida en hombres aparentemente normales desde un punto de vista de la constitución, en asociación con (y presumiblemente motivados por) serias aberraciones en el comportamiento, entre las cuales están la orientación homosexual conflictiva y la notable desviación masculina llamada ahora autoginefilia.

Estaba claro, entonces, que los psiquiatras debíamos trabajar para disuadir a los adultos que buscaban la cirugía de reasignación de sexo.

Cuando el Hopkins anunció que pararía estos procedimientos en adultos con disforia sexual, muchos otros hospitales le imitaron, pero algunos centros médicos siguen realizando este tipo de cirugía. Tailandia tiene varios centros que realizan esta cirugía "sin preguntar" nada; basta tener el dinero para pagarla y medios para viajar a Tailandia.

Estoy decepcionado pero no sorprendido por esto, dado que algunos cirujanos y centros médicos pueden ser persuadidos de llevar a cabo cualquier tipo de cirugía si son presionados por pacientes con desviaciones sexuales, sobre todo si esos pacientes encuentran un psiquiatra que responde por ellos.

El ejemplo más asombroso es el del cirujano de Inglaterra que estaba dispuesto a amputar las piernas de pacientes que declaran excitarse sexualmente observando y exhibiendo muñones de piernas amputadas.

De todas formas, nosotros en el Hopkins sostenemos que la psiquiatría oficial tiene pruebas suficientes para dar razones contra este tipo de tratamientos y debe empezar a clausurar esta práctica en todas partes.
Para bebés: ayuda urológica, esperar a que crezca
Para los niños con defectos de nacimientos el enfoque más racional en este momento es corregir lo antes posible cualquiera de los principales defectos urológicos que tienen, pero posponiendo cualquier decisión sobre identidad sexual para mucho más tarde, mientras se educa al niño según su sexo genético.

Los cuidadores médicos y los padres deben procurar que el niño sea consciente de que los aspectos de la identidad sexual pueden surgir mientras él o ella crece. Decidir lo que se debe hacer debe esperar a la maduración y el reconocimiento del niño o de la niña de su propia identidad.

Cuidados adecuados, incluyendo un buen acompañamiento por parte de los progenitores, significa ayudar al niño a través de las dificultades médicas y sociales presentadas por la anatomía genital, pero protegiendo en el proceso los tejidos que pueden ser útiles, en especial las gónadas.

Hay que continuar este esfuerzo hasta que el niño pueda ver el problema de su rol en la vida de un modo más claro a medida que el individuo diferenciado sexualmente surge de su interior.

Entonces, a medida que el joven adquiere un sentido de responsabilidad en lo que atañe al resultado, él o ella puede ser ayudado mediante cualquier construcción quirúrgica que desee.

Un verdadero consentimiento informado lo proporciona sólo la persona que va a vivir con el resultado y no se apoya en las decisiones tomadas por otros que creen "que saben más".



Detrás del maquillaje y los colores llamativos, hay un dolor y sufrimiento psíquico y espiritual que es el que necesita ser atendido

La ideología de los activistas transgénero
¿Cómo se reciben ahora estas ideas? Creo que medianamente bien. Los activistas "transgéneros" (ahora a menudo aliados de los movimientos de liberación gay) siguen defendiendo que sus miembros tiene derecho a cualquier cirugía que ellos quieran y siguen declarando que su disforia sexual representa una concepción verdadera de su identidad sexual. Han protestado algo contra el diagnóstico de autoginefiliacomo mecanismo para generar peticiones de operaciones de cambio de sexo, pero han ofrecido pocas pruebas que refuten este diagnóstico.

Los psiquiatras están recibiendo mejores historias sexuales de las personas que piden el cambio de sexo y están descubriendo más ejemplos de esta extraña tendencia al exhibicionismo masculino.

Gran parte del entusiasmo relacionado con un arreglo rápido de los defectos de nacimiento terminó cuando la prueba anecdótica sobre un caso que recibió mucha publicidad acerca de un varón gemelo educado como una niña resultó ser falso. El psicólogo responsable escondió, mediante la utilización de una mala información, el hecho de que el niño, a pesar de los esfuerzos de su familia para tratarlo y educarlo como una niña, había desafiado constantemente el tratamiento,averiguando al final el engaño y restableciendo su masculinidad.Desgraciadamente, tenía un diagnóstico adicional de depresión grave y cometió suicidio [ReL publicó este caso estremecedor aquí].

Hostilidad para defender que "todo es maleable"
Pienso que, desde el otro lado, ya no se puede decir mucho acerca de la cuestión del cambio de sexo para los hombres. Pero he aprendido de la experiencia que el desafío más duro es intentar obtener conformidad para buscar pruebas empíricas sobre opiniones relativas al sexo y al comportamento sexual, incluso cuando las opiniones parecen claramente sinsentido.

Uno esperaría de las personas que declaran que la identidad sexual no tiene una base biológica o física ofrecerían más pruebas para persuadir a los otros. Pero según he aprendido, hay una gran hostilidad y se favorece la idea de que la naturaleza es totalmente maleable.

Sin una posición fija sobre qué es la naturaleza humana cualquier posición puede entonces defenderse como legítima. Una práctica que parece que le da a la gente lo que quiere -y que algunos de ellos reclaman ruidosamente- es difícil de combatir con una experiencia profesional ordinaria y la sabiduría. Incluso a menudo se ofrece resistencia -rechazando sus resultados- a ensayos controlados y estudios de seguimiento meticuloso realizados para asegurar que la práctica no sea perjudicial en sí misma.

El gran daño del cambio de sexo
He sido testigo del gran daño que puede provocar la reasignación de sexo. Los niños que han visto transformada su constitución masculina en un rol femenino sienten mucho sufrimiento y tristeza pues son conscientes de su disposición natural.

Sus progenitores normalmente viven con sentimiento de culpa por las decisiones tomadas -cuestionándolas a posteriori y avergonzados de algún modo por la fabricación, tanto quirúrgica como social, que han impuesto en sus hijos.

Y respecto a los adultos que vienen a nosotros declarando que han descubierto su "verdadera" identidad sexual y que han oído hablar de las operaciones de cambio de sexo, nosotros los psiquiatras nos hemos olvidado de estudiar las causas y la naturaleza de su trastorno mental y nos hemos dedicado sólo a prepararlos para la operación y una vida en el otro sexo.

Hemos malgastado recursos científico y técnicos y dañado nuestra credibilidad profesional colaborando con la locura en lugar de intentar estudiarla, curarla y, en última instancia, prevenirla.
(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

Artículo publicado originalmente en 
First Things.

sábado, 4 de julio de 2015

El cardenal Caffarra señala que la ideología de género le parece literalmente “una obra diabólica”


Es arzobispo de Bolonia y miembro del Pontificio Consejo para la Familia y la Pontificia Academia para la Vida
El cardenal italiano ha analizado con profundidad y energía las causas que, a su juicio, provican que las políticas anti-familiares resulten tan fuertes en el mundo occidental.
Carlo caffarra
En una entrevista ofrecida el pasado 19 de junio para el semanario italianoTempiCaffarra habla largo y tendido sobre la actual crisis moral del mundo occidental. Y, a raíz de sus declaraciones, no se puede decir que el cardenal italiano sea amigo de lo políticamente correcto. El arzobispo de Bolonia, en primer lugar, expresa sus dudas acerca de la voluntad de seguir viviendo de la propia Europa dado que -señala- "no ha habido civilización que haya sobrevivido al ensalzamiento de la homosexualidad". Es más, Caffarra señala que si el pueblo judío y cristiano ha sobrevivido durante más de dos milenios precisamente ha sido por su capacidad para "contestar la homosexualidad" mediante una legislación que protege a la familia.
Ante el panorama presente, el cardenal, en voz alta, se pregunta, ¿cómo es posible que en la mente del hombre se oscurezcan evidencias tan originarias, cómo es posible? Su respuesta es contundente: "todo esto es una obra diabólica. Literalmente". A continuación, precisa: "Es el último desafío que el diablo lanza a Dios creador, diciéndole: «Yo te enseño cómo construyo una creación alternativa a la tuya y verás que los hombres dirán: se está mejor así. Tú les prometes libertad, yo les propongo el arbitrio. Tú les das amor, yo les ofrezco emociones. Tu quieres la justicia, yo la igualdad perfecta que anula toda diferencia»".
El cardenal explica a continuación qué entiende por "creación alternativa". Para ello, primero expresa su concepto de creación natural, sostenido –afirma- sobre dos pilares: la relación hombre-mujer (la pareja) y el trabajo humano. "Nosotros", señala Caffarra, "estamos hablando ahora de la primera columna, pero también la segunda se está destruyendo... Estamos, por consiguiente, frente a la intención diabólica de edificar una creación alternativa, desafiando a Dios con la intención de que el hombre acabe pensando que se está mejor en esta creación alternativa".
El arzobispo de Bolonia considera que la Iglesia católica se enfrenta a un proceso largo y que la comprometerá a un combate duro. "En resumen, estamos llamados a hacer ambas cosas: intervención de urgencia y lucha de larga duración, estrategia de urgencia y largo proceso educativo", precisa Caffarra.
"Pero, ¿quiénes serán los actores de una empresa para la que se necesitará tiempo y capacidad de sacrificio?", pregunta acto seguido el cardenal. En su opinión son fundamentalmente dos: los obispos y los esposos cristianos. "Para mí, estos serán los que volverán a construir las evidencias originarias en el corazón de los hombres", concluye Caffarra.
Lea a continuación la entrevista completa traducida al español:

El ocaso de una civilización

Al inicio de su diálogo y en referencia al reconocimiento de las uniones y matrimonios entre personas del mismo sexo, como también a los derechos de adopción que se les otorga, Caffara reflexionó…
«Me han surgido distintos pensamientos a raíz de la moción votada en el Parlamento europeo. El primer pensamiento ha sido este: es el fin. Europa se está muriendo. Y tal vez ni siquiera tiene ganas de vivir, pues no ha habido civilización que haya sobrevivido al ensalzamiento de la homosexualidad. No digo al ejercicio de la homosexualidad. Digo al ensalzamiento de la homosexualidad. Hago un inciso: alguien podría observar que ninguna civilización ha ido tan allá como para afirmar el matrimonio entre personas del mismo sexo. En cambio, hay que recordar que el ensalzamiento es algo más que el matrimonio. En distintos pueblos la homosexualidad era un acto sagrado. De hecho, el adjetivo usado en el Levítico para juzgar el ensalzamiento de la homosexualidad a través del rito sagrado es «abominable». Tenía carácter sagrado en los templos y ritos paganos.»
«Tanto es así -prosigue el Cardenal- que las dos únicas realidades civiles, llamémoslas así, los dos únicos pueblos que han resistido muchos milenios - en este momento pienso sobre todo en el pueblo judío - han sido esos dos pueblos que han sido los únicos en contestar la homosexualidad: el pueblo judío y el cristianismo. ¿Dónde están los asirios? ¿Dónde los babilonios? Y el pueblo judío era una tribu, parecía una nulidad frente a otras realidades político-religiosas. Pero la reglamentación del ejercicio de la sexualidad como encontramos, por ejemplo, en el libro del Levítico, se convirtió en un factor importantísimo de civilización. Ese ha sido mi primer pensamiento. Es el fin.»

Satanás contra las evidencias

«Segundo pensamiento -advierte Caffara-, puramente de fe. Ante hechos de este tipo siempre me pregunto: pero ¿cómo es posible que en la mente del hombre se oscurezcan evidencias tan originarias, cómo es posible? Y he llegado a la siguiente respuesta: todo esto es una obra diabólica. Literalmente. Es el último desafío que el diablo lanza a Dios creador, diciéndole: «Yo te enseño cómo construyo una creación alternativa a la tuya y verás que los hombres dirán: se está mejor así. Tú les prometes libertad, yo les propongo el arbitrio. Tú les das amor, yo les ofrezco emociones. Tu quieres la justicia, yo la igualdad perfecta que anula toda diferencia».»
«Abro un paréntesis. ¿Por qué digo «creación alternativa»? Porque si nosotros volvemos, como Jesús nos pide, al Principio, al diseño originario, a cómo Dios ha pensado la creación, vemos que este gran edificio que es la creación se rige sobre dos columnas: la relación hombre-mujer (la pareja) y el trabajo humano. Nosotros estamos hablando ahora de la primera columna, pero también la segunda se está destruyendo… Estamos, por consiguiente, frente a la intención diabólica de edificar una creación alternativa, desafiando a Dios con la intención de que el hombre acabe pensando que se está mejor en esta creación alternativa.»

«¿Hasta cuándo Señor?»

Su tercer ámbito de reflexión lo inicia el cardenal Caffara con la pregunta: «¿Hasta cuándo Señor?». La respuesta que nos ofrece hace referencia al libro del Nuevo testamento, Apocalipsis…
«En este libro se narra que a los pies del altar celeste están los asesinados por la justicia, los mártires, que dicen continuamente «¿Hasta cuándo vas a estar (…) sin tomar venganza por nuestra sangre (…)?» (cfr. Ap 6, 9-10). Y me sale espontáneo decir: ¿Hasta cuándo Señor no defenderás tu creación? Y de nuevo la respuesta del Apocalipsis resuena dentro de mí: «se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos». ¡Qué gran misterio es la paciencia de Dios! Pienso en la herida de Su corazón, convertida en visible, histórica, cuando un soldado abrió el costado de Cristo. Porque de cada cosa y criatura creada la Biblia dice «y vio Dios que estaba bien». Por último, en el culmen de la creación, después de la creación del hombre y de la mujer, dice «y vio Dios que todo estaba muy bien». ¡La alegría del gran artista! Ahora esta gran obra de arte está totalmente desfigurada. Y Él es paciente y misericordioso. Y dice, a quien le pregunta «¿hasta cuándo?», que espere. «Hasta que el número de los elegidos no esté cumplido».

La fuerza del Redentor

Y he aquí mi último pensamiento. Un día, cuando era arzobispo de Ferrara, estaba en uno de los pueblos más alejados de la diócesis, en el delta del Po. Un lugar que parecía el fin de la Tierra, en medio de uno de esos tortuosos meandros que hace el gran río, que antes de llegar al mar va por donde quiere. Allí me reuní para una catequesis con un grupo de pescadores, gente que literalmente se pasa la mayor parte de su vida en el mar. Uno de ellos me planteó esta pregunta: «Imagínese el mundo como uno de esos contenedores cilíndricos en los que metemos los peces que acabamos de pescar; pues bien, el mundo es esta especie de barril y nosotros somos como peces que acaban de ser pescados. La pregunta es: el fondo de este barril, ¿cómo se llama? ¿Qué nombre tiene?».
Imagínese, un pescador que plantea la pregunta que está en el principio de cualquier filosofía: ¿cómo se llama el fondo de todas las cosas? Y entonces yo, asombrado por esta pregunta, le respondí: «El fondo no se llama azar; se llama gratuidad y ternura de Uno que nos abraza a todos». En estos días he vuelto a pensar en esa pregunta y en la respuesta que le di a ese anciano pescador y me pregunto: ¿toda esta intención de desfigurar y destruir la creación tiene tanta fuerza que al final vencerá? No. Yo pienso que hay una fuerza más poderosa que es el acto redentor de Cristo, Redemptor Hominis Christus, Cristo redentor de los hombres.»

La tarea de los pastores y de los esposos

«Pero hago otra reflexión, suscitada precisamente por los pensamientos de estos días. Pero yo, como pastor ¿cómo puedo ayudar a mi gente, a mi pueblo, a custodiar en la mente y en la conciencia moral la visión originaria? ¿Cómo puedo impedir el oscurecimiento de los corazones? Pienso en los jóvenes, en quién aún tiene el valor de casarse, en los niños. Y entonces pienso en lo que normalmente se hace en el mundo cuando hay que enfrentarse a una pandemia. Los organismos públicos responsables de la salud de los ciudadanos, ¿qué hacen? Actúan siempre según dos directrices. La primera es curar, en principio, a quién está enfermo e intentar salvarlo. La segunda, no menos importante e incluso decisiva, es intentar entender el porqué y cuáles son las causas de la pandemia para poder así elaborar una estrategia de victoria.»
«Ahora la pandemia está aquí. Y como pastor tengo la responsabilidad de sanar y de impedir que las personas enfermen. Pero al mismo tiempo tengo el importante deber de empezar un proceso, es decir, una acción de intervención que exigirá paciencia, compromiso, tiempo. Y la lucha será cada vez más ardua y esto es tan cierto que a veces les digo a mis sacerdotes: yo estoy seguro de que moriré en mi cama, pero no lo estoy de mi sucesor. Probablemente morirá en la cárcel. Por consiguiente, estamos hablando de un proceso largo y que nos verá comprometidos en un combate duro. En resumen, estamos llamados a hacer ambas cosas: intervención de urgencia y lucha de larga duración, estrategia de urgencia y largo proceso educativo.»
«Pero, ¿quiénes serán los actores de una empresa para la que se necesitará tiempo y capacidad de sacrificio? En mi opinión son fundamentalmente dos: los pastores de la Iglesia y, más concretamente, los obispos. Y los esposos cristianos. Para mí, estos serán los que volverán a construir las evidencias originarias en el corazón de los hombres.»
«Los pastores de la Iglesia porque existen para esto. Han recibido una consagración cuyo fin es este, la potencia de Cristo está en ellos. «Desde hace dos mil años el obispo constituye, en Europa, uno de los ganglios vitales, no sólo de la vida eterna, sino de la civilización» (G. De Luca). Y una civilización es también la humilde, magnífica vida cotidiana del pueblo generado por el Evangelio que el obispo predica. Y después los esposos. Porque el discurso racional viene después de la percepción de una belleza, de un bien que tú ves ante tus ojos, el matrimonio cristiano.»
«¿Y sobre la intervención de urgencia? Tengo que admitir que yo mismo tengo dificultades. Y esto porque no es raro que me falle el aliado, que es el corazón humano. Pienso en la situación entre los jóvenes. Vienen y me preguntan: «¿Por qué tenemos que comprometernos definitivamente, cuando ni siquiera estamos seguros de que nos seguiremos queriendo cuando llegue la noche?». Ahora bien, frente a esta pregunta yo sólo tengo una respuesta: recógete en ti mismo y piensa cuál ha sido tu experiencia cuando has dicho a una chica o, en el caso de una chica, a un chico «te amo, te amo realmente». Acaso dentro de ti, en tu corazón, has pensado: «¿Doy todo mí mismo a otra, pero sólo durante un cuarto de hora o como máximo hasta la noche»? Esto no está en la experiencia de un amor, que es don. Esto está en la experiencia de un préstamo, que es cálculo. Pero si consigues guiar a la persona hasta esta escucha interior (Agustín), la has salvado. Porque el corazón no engaña. La Iglesia ha enseñado siempre su gran tesis dogmática: el pecado no ha corrompido radicalmente al hombre. El hombre ha hecho desastres enormes, pero la imagen de Dios ha permanecido. Yo veo, hoy, que los jóvenes son cada vez menos capaces de este retorno a sí mismos. El mismo drama de Agustín cuando tenía su edad.»
«En el fondo, al final, ¿qué es lo que conmovió a Agustín? Ver a un obispo, Ambrosio, y ver a una comunidad que cantaba con el corazón más que con los labios la belleza de la creación, Deus creator omnium, el bellísimo himno de Ambrosio. Hoy esto es muy difícil con los jóvenes, pero en mi opinión es una intervención de urgencia. No hay otra. Si perdemos este aliado, que es el corazón humano – el corazón humano es aliado del Evangelio, porque el corazón humano ha sido creado en Cristo en correspondencia con Cristo –, decía que si perdemos este aliado no veo más caminos.»
«Quisiera añadir una cosa para terminar. A medida que mi vida avanzaba, más descubría la importancia que tienen en la vida del hombre, para tener una buena vida, las leyes civiles. He entendido lo que dice Heráclito: «Es necesario que el pueblo combata por la ley como por los muros de la ciudad». Más envejecía y más me daba cuenta de la importancia de la ley en la vida de un pueblo. Hoy parece que el Estado haya abdicado de su tarea legislativa, haya abdicado de su dignidad, reduciéndose a ser una cinta grabadora de los deseos de los individuos, cuyo resultado es la creación de una sociedad de egoísmos opuestos, o de frágiles convergencias de intereses contrarios. Tácito dice: «Corruptissima re publica, plurimae leges». Muchísimas son las leyes cuando el Estado es corrupto. Cuando el Estado es corrupto, las leyes se multiplican. Es la situación actual.»
«Es un círculo vicioso porque por una parte las leyes parecen reducirse, precisamente, a una cinta grabadora de deseos. Esto hace que lo social sea inevitabilmente conflictivo, una lucha por la supremacía del más prepotente sobre el más débil, es decir, la corrupción de la idea misma del bien común, de la cosa pública. Entonces se intenta resolverlo con leyes olvidando que no habrá nunca leyes tan perfectas que hagan que el ejercicio de las virtudes sea inútil. No las habrá nunca. En esto, en mi opinión, nosotros los pastores tenemos una gran responsabilidad por haber permitido la irrelevancia cultural de los católicos en la sociedad. La hemos permitido, a veces incluso la hemos justificado. ¿Cuándo jamás la Iglesia ha hecho esto? ¿Cuándo jamás los grandes pastores de la Iglesia han hecho esto?»

Defender a los niños

Después el cardenal es preguntado por su parecer sobre la convocatoria a una manifestación pro-familia en Roma para el 20 de junio (la interrogante se le planteó antes de que ocurriese la manifestación que reuniría sobre quinientas mil personas).         
«No tengo ninguna duda en decir que es una manifestación positiva porque, como le decía, no podemos callarnos. Ay de nosotros si el Señor nos reprendiera con las palabras del profeta: perros que no habéis ladrado. Lo sabemos, en los sistemas democráticos la deliberación política se basa en el sistema de la mayoría. Y me parece bien, porque las cabezas es mejor contarlas que cortarlas. Pero frente a estos hechos no hay mayoría que pueda hacerme callar. En caso contrario sería un perro que no ladra.»
«Me urge sobre todo, y he apreciado mucho, que esta jornada se haya planteado en defensa de los niños. El Papa Francisco ha dicho que los niños no pueden ser tratados como cobayas. Se hacen experimentos pseudo-pedagógicos con los niños. Pero, ¿qué derecho tenemos de hacer esto? La cosa más tremenda, el logos más severo dicho por Jesús tenía que ver con la defensa de los niños. Por consiguiente, en mi opinión, la iniciativa romana es algo que había que hacer obligatoriamente. El día después tal vez el Parlamento saque una ley que reconozca las uniones entre personas del mismo sexo. Que lo haga, pero debe saber que es algo profundamente injusto. Y esto tenemos que decírselo esa tarde en Roma. Cuando el Señor le dice al profeta Ezequiel: «Tú vuelve a llamar», parece que el profeta diga: «Sí, pero no me escuchan». Tú vuelve a llamar y será quien es por ti llamado de nuevo responsable, no tú, porque tú lo has vuelto a llamar. Pero si tú no lo volvieras a llamar, serías tú el responsable.»
«Si nosotros calláramos frente a algo así, nosotros seríamos corresponsables de esta grave injusticia hacia los niños, que han sido transformados de sujetos de derecho como cada persona humana, en objetos de deseo de las personas adultas. Hemos vuelto al paganismo, donde el niño no tenía ningún derecho. Era sólo un objeto «a disposición de». Por lo tanto, repito, en mi opinión es una iniciativa que hay que sostener, no se puede callar».
Traducción de Helena Faccia Serrano.

viernes, 3 de julio de 2015

Tres jueces del Supremo de EEUU advierten: la nueva sentencia se usará contra la libertad religiosa

Tres jueces del Supremo de EEUU advierten: la nueva sentencia se usará contra la libertad religiosa

Tres jueces del Supremo de EEUU advierten: la nueva sentencia se usará contra la libertad religiosa
Un fuerte movimiento político, el lobby gay y la ideología de género, usará la sentencia en EEUU para acosar a las personas que critiquen la ideología gay

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30 junio 2015
El sociólogo italiano Massimo Introvigne, que ha sido el responsable de la lucha contra la intolerancia, la xenofobia y la discriminación contra cristianos en la Organización para la Seguridad y Cooperación Europeas (OSCE), analiza el aviso de al menos 3 jueces del Tribunal Supremo acerca de la sentencia que impone  judicialmente (por 5 votos contra 4) el matrimonio homosexual en todo Estados Unidos.

Estos prestigiosos juristas avisan de que se usará contra la libertad religiosa de quienes no acepten la doctrina gay. Y explican cómo se hará. ReL lo traduce deLa Nuova Bussola Quotidiana.

***

El día después de la sentencia del Tribunal Supremo que ha impuesto a todos los estados de los Estados Unidos la introducción en sus leyes del «matrimonio» homosexual, América se pregunta: «¿Está en peligro la libertad religiosa?, ¿se podrá seguir hablando mal de las “bodas” entre homosexuales sin ser arrestados en base a las leyes sobre la homofobia? ¿Se obligará a los sacerdotes y a los pastores a "casar" a personas del mismo sexo?».

La sentencia es una continuación de otra, totalmente análoga, del Tribunal Supremo mexicano del pasado 19 de junio, contra la que han protestado con una carta durísima los obispos católicos de México y cuyos argumentos son tan similares a los de la decisión de Washington que hace que se levante la fuerte sospechade que ambos tribunales se han inspirado en las mismas fuentes y lobby.

Massimo Introvigne ha sido responsable de la OSCE de la lucha contra la intolerancia y la cristianofobia

A medida que van pasando las horas emerge la seriedad de la cuestión. El juez Kennedy, el magistrado católico que con su voto ha hecho que se incline la aguja de la balanza – cinco jueces han votado a favor, cuatro (todos ellos católicos) en contra – de la parte del “matrimonio” homosexual, enseguida se ha preocupado por ello.

De hecho, en la sentencia se lee que «las religiones y quienes sostienen con sincera convicción las doctrinas religiosas podrán seguir defendiendo que, por precepto divino, el matrimonio entre personas del mismo sexo no puede ser admitido».

Esta frase, que tiene toda la fuerza de una sentencia del Tribunal Supremo, ya ha empezado a ser objeto de estudio por parte de los juristas, sobre todo teniendo en cuenta que en muchos Estados americanos están vigentes leyes contra la homofobia.

La sentencia, por lo tanto, afirma que tesis contrarias al «matrimonio» homosexual podrán seguir siendo apoyadas por las «religiones» y por «quienes sostienen con sincera convicción las doctrinas religiosas». Y la tesis que se podrá apoyar sin ir a la cárcel es que el «matrimonio» gay no puede ser admitido «por precepto divino». Estas afirmaciones hay que leerlas con atención.

La Constitución americana prevé una enorme protección de la libertad religiosa, que no es fácil atacar ni siquiera por parte del Tribunal Supremo. Esta protección tutela, efectivamente, las religiones. Y las tutela cuando se comportan como tales.

Pero si un no creyente quisiera sostener que el «matrimonio» homosexual es inadmisible sobre la base de argumentos puramente laicos, correría el riesgo de caer bajo las leyes de la homofobia.

Del mismo modo, tampoco un sacerdote, un pastor o un laico cristiano que invocan argumentos de sentido común y de bien común en lugar de «preceptos divinos» estarían ejerciendo la libertad religiosa, por lo que estarían fuera de la excepción.


5 de estos 9 jueces han impuesto el matrimonio gay a un país de 50 estados y 318 millones de habitantes dictaminando que su Constitución de 1789 obliga a reconocer que una unión del mismo sexo es un matrimonio... algo que ellos han descubierto 216 años después, independientemente de lo que piense el pueblo

En su opinión disidente que acompaña la sentencia contra la cual ha votado, el juez John Roberts - que precisamente no es un neo licenciado, sino el presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos - desvela el truco.

Insiste en el hecho de que mientras la Constitución tutela dos cosas, la libre expresión y el «libre ejercicio» de la religión, aquí, con un juego de prestidigitación, el «libre ejercicio» desaparece.

«La mayoría de mis colegas – escribe Roberts – afirma que las personas religiosas podrán seguir "pensando" y "enseñando" su doctrina sobre el matrimonio. Pero la Primera Enmienda de la Constitución Americana prevé el libre “ejercicio” de la religión. De un modo que no hace esperar nada positivo en el futuro, la mayoría se abstiene escrupulosamente de usar esta palabra».

Dicho con otras palabras, los sacerdotes y los pastores podrán predicar desde el púlpito que el «matrimonio» homosexual es algo equivocado, teniendo mucho cuidado en usar como argumento los «preceptos divinos» y no argumentaciones naturales, porque si no caerían fuera del discurso netamente religioso y dentro de las leyes sobre la homofobia.

Pero, ¿podrán negarse a «casar» a dos personas del mismo sexo? ¿O a acogerlos como padrinos o madrinas de bautismo? No hay nada cierto en este aspecto y en America no hay un Concordato que regule las relaciones entre Estado e Iglesia.

En nuestro periódico ya hemos publicado la causa pendiente en Coeur d´Alene, en Idaho, la capital americana de los matrimonios, donde el alcalde intenta obligar a los pastores de una comunidad pentecostal a celebrar «matrimonios» homosexuales porque su iglesia sobre el lago es un lugar ideal para las fotografías yporque, dice, excluir a los gays de las bodas daña el turismo.

Antes de llegar a esto, como ya sucede en Canadá – y como el caso de la Trinity Western University, del que hemos hablado en nuestras columnas, enseña –, se intentará retirar el reconocimiento legal y las exenciones fiscales a las universidades donde se enseñen tesis hostiles al «matrimonio» homosexual o donde los estudiantes del mismo sexo, aunque «casados», no puedan dormir en la misma habitación.

También aquí no se trata de especulaciones, sino de palabras del presidente del Tribunal Supremo Roberts, el cual teme que tras la sentencia del 26 de junio las universidades cristianas estadounidenses, por un lado, ya no podrán adoptar reglas de comportamiento que conlleven un juicio negativo sobre la homosexualidad y, por otro,las agencias de adopción, muchas de las cuales son católicas, no podrán negarse a entregar niños a parejas homosexuales.

Por su parte, en sus opiniones disidentes el juez Scalia ha escrito que «la sentencia amenaza la libertad religiosa que nuestra nación ha buscado proteger durante tanto tiempo» y el juez Thomas que hay «consecuencias potencialmente ruinosas para la libertad religiosa».

Thomas prevé que se iniciará retirando los beneficios fiscales a las instituciones religiosas que rechacen el «matrimonio» homosexual – el abogado general del Estado, por encargo del presidente Obama, ya ha anunciado que procederá en este sentido – y que pronto los jueces pasarán a ocuparse de las «iglesias que se niegan a aceptar y a celebrar matrimonios homosexuales».

«La mayoría de mis colegas – escribe Thomas – no parece turbada por esta consecuencia inevitable. Se hace sólo una débil mención a la libertad religiosa en un único párrafo, que además indica un equívoco sobre qué es la libertad religiosa en nuestra tradición nacional. La libertad religiosa es más que la protección de la posibilidad para las organizaciones y personas religiosas de “hablar y enseñar” (…). Es libertad de “actuar” en las materias que de modo muy general tienen que ver con la religión».

Por esto, concluye Thomas, la materia del «matrimonio» homosexual tendría que haber sido dejada a los parlamentos federales y estatales, donde al menos los parlamentarios habrían podido incluir cláusulas de salvaguardia específica para la libertad religiosa.
Pero esto no ha sucedido.


Barronelle Stutzman es una abuela florista y cristiana convencida llevada a los tribunales por el multimillonario lobby gay porque se negó a hacer unas flores felicitando una boda del mismo sexo (lea aquí su historia)

Los jueces americanos ya han decidido que los fotógrafos están obligados a fotografiar un «matrimonio» homosexual, que los pasteleros están obligados a preparar tortas para «John y Jim, esposos» y que una florista no puede negarse a preparar una composición con un festón que ensalce la «boda» entre dos lesbianas.

Los jueces disidentes del Tribunal Supremo – que no son «fundamentalistas» alarmistas, sino algunas de las mentes jurídicas más célebres de los Estados Unidos – no parecen equivocarse cuando concluyen que el próximo paso será obligar también a las universidades cristianas, a las agencias de adopción, a los sacerdotes y a los pastores a obedecer la nueva dictadura del homosexualismo. O a acabar en la cárcel.

¡Y se dice que los derechos reconocidos a los homosexuales no amenazan ni hacen daño a nadie!
(Traducción del italiano de La Nuova Bussola Quotidiana por Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

jueves, 2 de julio de 2015

243 jóvenes enviados en misión desde Madrid


«Lo que me mueve a la misión es la alegría de los misioneros»

Cristina Rodríguez va a pasar un mes de su verano en la India. No va de vacaciones, va a evangelizar con Jóvenes para la Misión, un grupo de la Delegación de Misiones de Madrid que cada año acerca a todos los jóvenes que lo deseen a la realidad de la evangelización

Cristina Rodríguez, matemática de 25 años, partirá a Kerala, en la India, para evangelizar durante cuatro semanas este verano y ayudar a las Misioneras de la Caridad que trabajan con los pobres. No es la primera experiencia de Cristina como misionera. En 2012 tuvo la oportunidad de partir a Sierra Leona con las mismas religiosas de Madre Teresa, y también estuvo en un centro de atención de inmigrantes en Ceuta en 2014.
Jóvenes para la Misión es un grupo que comenzó reuniéndose para rezar, formarse y compartir la fe. Bajo el impulso de la Delegación diocesana de Misiones de Madrid, en marzo de 2011 fue erigida canónicamente como asociación pública de fieles en la archidiócesis de Madrid. A través de ella, muchos jóvenes han vivido ya la experiencia de partir a diferentes lugares del mundo para evangelizar y ver de cerca la labor que llevan a cabo los misioneros sobre todo en las zonas más pobres del planeta.
«Lo que me mueve a la misión es la alegría de los misioneros», confiesa Cristina, «la oportunidad que tengo para dar a conocer mi fe es en las vacaciones, es cuando puedo compartir mi tiempo y acompañar a otras personas que no han tenido la fortuna de nacer en un país como España que tenemos parroquias a cada 100 metros».
En la misión, lo que más cuenta es vivir la fe desde uno mismo para evangelizar con los hechos. Cristina recuerda que una de las experiencias que más le impactó fue cuando «fui a confesarme, sentada en un banco, a la vista de todos, pero como no hablan castellano no había problema. Yo estaba como cuando me confieso en Madrid, normal. Ellos no entendían nada pero uno, viendo la tranquilidad con la que estaba, los gestos del sacerdote, la imposición de manos y el cariño con el que me habla, sin saber que estaba pasando quiso confesarse y le planteó a la hermana y al padre que si se podía bautizar. Esto ocurrió simplemente por verme confesando».
La vuelta a casa «fue más dura que la ida» en palabras de Cristina ya que, «aunque te dicen que no debes juzgar ni comparar una cultura con la otra, es difícil, al llegar a España, ver cómo nos miramos a nosotros mismo y el egoísmo de mucha gente que monta un espectáculo si, por ejemplo, el metro tarda seis minutos en lugar de cinco».
Cristina está preparada para otra experiencia misionera. Esta vez el destino es India, «me hace volver simplemente que yo tengo algo que ofrecer porque tengo la bendición de haber sido formada cristianamente y haber conocido a Cristo, y ya que lo tengo, lo doy», cuenta ella, «soy muy práctica: necesitan algo, lo tengo, lo doy».


«Olvidarse de uno mismo»

«Siempre me ha gustado lo que hacen los misioneros». Habla Ignacio Casado, que parte este verano a Cuba con Jóvenes para la Misión. Tampoco es su prima vez. En 2013 estuvo en Perú, en la Amazonía, en un poblado hermanado con la parroquia de Santa Catalina de Majadahonda.
«Estuve en la misión de las Hermanas Franciscanas de Rebaño de María, una congregación gaditana», cuenta Ignacio. El lugar donde llevan a cabo esta misión es un poblado de la Amazonía peruana donde el Estado y las administraciones no llegan. «Los misioneros son prácticamente todo lo que tienen, los que los atienden en todo lo que necesitan y cuidan de ellos», explica el joven.
La primera vez que uno va a la misión lleva, sin quererlo, unas ideas preconcebidas: «Al principio es un poco por querer ayudar, compromiso con la iglesia, y un poco a la aventura. Pero al llegar tienes que cambiar totalmente el chip y ser como un libro blanco para que el Señor escriba y haga lo que quiera contigo», dice Ignacio, «si te pones a pensar hay cosas muy duras o sacrificios que te cuestan. La claves es olvidarse un poco de sí mismo y entregarse».
«Vas con la idea de ayudar pero que realmente eres tú quién se enriquece, te cambia la visión de la realidad, a pesar de que tu vida sigue siendo la misma, vives de otra forma. Me ha fortalecido mucho la fe, el compromiso con la iglesia y con los demás», asegura Ignacio que explica que esta experiencia «te hace madurar, tomas conciencia de la suerte que tenemos los católicos aquí en Madrid de tener tantas posibilidades de misa, de confesión, de que te puedan ayudar porque allí no es tan fácil». De entre las muchas experiencias que vivó en la misión, Ignacio resalta especialmente el impacto que le causó ir en lancha hasta un poblado donde solo tenían misa una vez al mes porque «es un territorio enorme con una escasez de sacerdotes muy grande».
Ignacio no ha abandonado la inquietud que tiene por la misión. Ahora vive en la capital y se a unido a Jóvenes para la misión para ir este verano a llevar la Palabra de Dios a Cuba. «La actitud que llevo es más madura respecto a la de Perú pero cada lugar es distinto, hay que ir sin juzgar, con espíritu abierto».


«Vamos a anunciar el Evangelio»

Melania Sanz estudia tercero de arquitectura y es la primera experiencia de misión a la que va pero asegura que tiene «muchas ganas».
Melania pertenece al grupo de jóvenes de la parroquia del Sagrado Corazón. En una de sus reuniones, el párroco, don José María Calderón, delegado de misiones de Madrid, propuso ir de misión a Cuba durante el verano. «Es algo que siempre me ha llamado la atención así que me uní al grupo», cuenta Melania. Recibió la formación junto con sus compañeros. Allí, les explicaban qué iban a hacer allí y qué iban a encontrar. «No somos cooperantes o voluntarios, sino que vamos a anunciar el evangelio», es lo que tiene claro la joven. Además han contado con testimonios de jóvenes que ya han ido.
La actitud de Melania ante el próximo viaje a Cuba es de «servicio de las Misioneras de la Caridad, estar a su disposición y hacer todo lo que esté en mis manos».


«Conocerse a uno mismo»

Miguel Antonio Ruíz Ontañón, párroco de la Asunción de Nuestra Señora en Torrelodones, lleva 25 años acompañando a los jóvenes que parten en misión. Asegura que no solo es un acompañamiento lo que hace sino que «para mí, personalmente me supone un descanso», cuenta, «es verdad que voy a trabajar pero de un modo distinto, porque cambiar de actividad supone descansar y además conoces mundo, culturas, gentes, formas de pensar diferentes, es tan enriquecedor en lo humano y misterioso que desaprovechar esta ocasión sería una tontería».
«No está tanto en ayudar a la gente donde vamos sino que los que vamos conozcamos otras realidades, podamos dar gracias de lo que tenemos y entender que hay otras formas de cultura y sociedad que aunque no sean las nuestras son igualmente válidas», explica don Miguel, pues de esta forma podremos entender a las personas de otros países que viven en España. También es un tiempo «para conocerse a sí mismo», cuenta el padre Manuel, «porque de repente uno que esperaba que podía dar más se encuentra que no está a la altura y al revés. Ayuda a que uno mismo se conozca en situaciones extremas como desayunar, comer y cenar lo mismo durante días, no es fácil, así como sobrellevar las condiciones climatologías o las costumbres culturales».


Alicia Gómez-Monedero