domingo, 11 de agosto de 2013

JMJ de Río: 427.000 inscritos, el 87% eran «novatos» Hubo 3,7 millones de personas en la misa final de Copacabana, según los últimos datos oficiales

Durante una rueda de prensa celebrada el martes 30 de julio, el arzobispo de Río de Janeiro, Dom Orani João Tempesta y el presidente del Comité Organizador Local de la JMJ Río 2013 evaluaron el evento y presentaron unos resultados que, dijeron, han "superado las expectativas".

Según la nota publicada en la página web oficial de la JMJ éstos son los números que ofrece el comité organizador local:

Los asistentes a la Misa de Clausura fueron 3,7 millones, cifra seis veces mayor que el número de personas presentes en el primer acto central, la misa de apertura (600.000).

[Un experto de la casa brasileña de estadísticas Datafolha, consultado por la prensa, considera que es una cifra irreal, y lo reduce -según el área cubierta y la densidad de personas en ella- a 1,7 millones].



- En total, más de 3´5 millones de personas participaron en la JMJ Río 2013, que contó con eventos en Copacabana, Quinta da Boa Vista, Río Centro y en diversas parroquias de la ciudad. 

- La ceremonia de acogida del santo padre el día 25, reunió a 1´2 millones de personas en la playa de Copacabana. 

- En cuanto al Vía Crucis, llegó a 2 millones de personas el día 26. 

- En la vigilia, cerca de 3´5 millones de jóvenes estuvieron presentes en Copacabana.

- Hubo 427 mil inscripciones de 175 países. 

- Los peregrinos inscritos con alojamiento alcanzaron los 356.400.

Perfil de los inscritos
La JMJ Río2013 contó con una presencia masiva de latinos. Los países con mayor número de inscritos fueron Brasil, Argentina, Estados Unidos, Chile, Italia, Venezuela, Francia, Paraguay, Perú y México. 

Del total de inscritos internacionales, el 72´7% estaban en Brasil por primera vez y un 86´9% nunca había participado en una JMJ.

Hubo más de 70.000 descargas en el sitio web oficial y más de 200.000 visitas. Facebook recibió más de 1,1 millones de seguidores y flickr superó 10.000 descargas.

Entre los peregrinos inscritos, el 55% eran mujeres, el 60% de los participantes de entre 19 y 34 años. Se inscribieron 644 obispos, de los cuales 28 cardenales. Además se inscribieron 7.814 sacerdotes y 632 diáconos. Para cubrir la JMJ Río2013 se acreditaron 6.400 periodistas de 57 países.

El evento también contó con 264 locales para las catequesis, en 25 idiomas. 

Participaron 60.000 voluntarios y más de 800 artistas en los Actos Centrales. Un total de 100 confesionarios estuvieron expuestos en la Feria Vocacional y Largo da Carioca y 4 millones de hostias producidas, 800.000 para la Misa de Envío del domingo.

Menos basura que en un Fin de Año 
La generación de residuos fue inferior a otros acontecimientos que se organizan en Copacabana, como el Fin de Año. La Compañía Municipal de Limpieza Urbana (Comlurb) eliminó 345 toneladas de residuos orgánicos y 45 toneladas de materiales reciclables durante la JMJ Río2013. La cifra representa un 10% menos que el registrado en el último Año Nuevo .
religionenlibertad.com

sábado, 10 de agosto de 2013

El cardenal Rouco, desde Brasil, a Alfa y Omega, sobre la JMJ: Un escalón más en la pastoral con los jóvenes


Recién concluida la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, en Río de Janeiro, nuestra enviada especial ha entrevistado a nuestro arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela
alfayomega.es
¿Cuál es su valoración general de lo que ha sido esta primera Jornada Mundial de la Juventud del Papa Francisco?
Ha sido la vigésimo octava de la historia de las Jornadas Mundiales; estaba convocada por Benedicto XVI, y el Papa Francisco la ha asumido con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas. Es una situación paralela a lo que sucedió con la Jornada de Colonia, que la presidió Benedicto XVI habiendo sido convocada por el Papa Juan Pablo II; son dos imágenes históricas análogas, que reproducen muy bien la historia de la Iglesia de estos ultimísimos años.
Y en ambas volviendo al terreno del nuevo Papa.
Efectivamente. En la de Colonia, Benedicto XVI tuvo ocasión de hablar a los jóvenes a fondo de lo que es adorar a Cristo, encontrar a Cristo de verdad, que en su término, en su expresión más plena, es la entrega a Él, y un centro muy especialmente significativo desde el punto de vista de su presencia entre nosotros es el sacramento de la Eucaristía. En Colonia, se evocaba la adoración de los Magos al Niño Jesús, y ello le dio pie a Benedicto XVI para un magisterio bellísimo que alentó a los jóvenes de 2005 a seguir en el camino iniciado y abierto por Juan Pablo II, de no tener miedo a ser cristianos, incluso a ser santos, testigos de la verdad del Evangelio y pensando que el camino de la vida tiene ese fin y ese último objetivo que es el encuentro con Él aquí, y luego siempre y eternamente.
Ahora nos encontramos también con una Jornada Mundial que el Papa Benedicto XVI convoca en el Año de la fe, un impulso de la nueva evangelización que tiene como lema el mandato apostólico del Señor a los suyos: Id y haced discípulos a todos los pueblos. El Papa Francisco lo vive de una forma entusiasta, apostólicamente hablando; quiere hacer llegar el Evangelio a todas las periferias existenciales -como dice él- del hombre de nuestro tiempo: la miseria física, la moral, la espiritual en todos sus aspectos..., y trata de recoger la cosecha de la historia de la Jornada Mundial de la Juventud para reactivarla, revivirla y recrearla de cara a los retos que tienen planteados los jóvenes de hoy. Eso es lo que ha hecho. Además, tuvo como escenario un país, Brasil, y un continente, América del Sur, en que las situaciones de periferias que dice el Papa son quizá, desde el punto de vista más social, económico, y si quieres cultural también, más graves que las de Europa, o las de América del Norte, o de Oceanía, de los países del mundo desarrollado. Pero, aun así, el Papa también apunta claramente a esa problemática de la juventud europea de los países ricos, empezando por la crisis del trabajo, y terminando en la crisis de la droga, de una vida entregada a un placer más o menos sin límites y a unas vidas vacías interiormente. Desde ese punto de vista, yo creo que la JMJ de Río de Janeiro ha supuesto subir un escalón más en la pastoral con los jóvenes, que la Iglesia ha emprendido con tanto vigor, a partir del pontificado de Juan Pablo II. Ciertos antecedentes y precedentes en el Mensaje al final del Concilio a los jóvenes, también en el ministerio episcopal de Pablo VI, han recibido un impulso de un vigor desconocido en la historia de la Iglesia por parte de Juan Pablo II.
¿Qué acento ha tenido esta Jornada en relación con la trayectoria de las Jornadas desde su inicio, y en relación sobre todo con la de Madrid?
Respecto a la de Madrid, ha querido continuarla con formas muy de aquí, de Brasil, pero con una línea de actos y argumental que es la misma, incluso desde el punto de vista externo. Por ejemplo, laFiesta del perdón celebrada en Río evocaba casi a gritos la Fiesta del perdón de Madrid; igualmente con la feria misionera. El Vía Crucis, no del todo, porque el Vía Crucis de Madrid contaba con un elemento que es casi único en la vida de la Iglesia: la tradición española de la Semana Santa, una tradición muy típicamente española, que apenas se encuentra en otros países. El Vía Crucis contó con la meditación de los misterios de la vida del Señor a partir de la lectura del Evangelio y haciendo una aplicación a realidades del dolor y del pecado de nuestro tiempo, con una técnica muy brasileña. La Vigilia terminó con una gran adoración eucarística: no hubo tormenta, pero tuvimos toda la semana pasada por agua, en todos los actos centrales con paraguas y chubasqueros.
La Vigilia tuvo también su parte accidentada, como en Madrid.
Fue casi todo accidentado hasta la Misa del domingo, el único acto en que no tuvimos problemas meteorológicos. En todos los demás, tuvimos problemas de ese tipo, de acceso, de llegada... Pero los jóvenes fueron valientes, no se amedrentaron. El Papa fue valiente, y los acompañantes fuimos valientes y no abandonamos el terreno, ahí estuvimos todos como pudimos, con mucho gozo, con mucha alegría, y como una gran fiesta de la fe, que es lo que ha sido también la Jornada Mundial de la Juventud de Brasil 2013.
En cuanto a los mensajes del Papa a los jóvenes, ¿qué ideas destacaría de su llamada a la misión?
La primera es que ser testigos y ser apóstoles de Cristo es un mandato del Señor; no es algo que uno puede vivir, si es que es cristiano, como algo secundario, como algo como: Mire, yo, eso de ser testigo y apóstol..., que lo sean los sacerdotes. Debe ser una parte relativamente importante de mi vida. Él hizo un primer gran mensaje a los jóvenes: «El Señor os dice: Id, no dice: Oye, ¿te gustaría ir, o no te gustaría? No, Id. Es un mandato». Eso los jóvenes lo oyeron con mucha claridad. Y recordó aquella famosa frase de Juan Pablo II de que la fe crece dándola, que después también recordó Benedicto XVI. Es un primer gran mensaje. La juventud de las JMJ la componen dos o tres generaciones de la Iglesia, y están respondiendo muy bien, aflorando realidades de vida consagrada, de apostolado seglar, y de compromiso también con la santificación y la evangelización. Estos jóvenes han recibido en esta JMJ un nuevo empujón para seguir haciéndolo y para vivir su cristianismo plenamente.
El segundo gran mensaje ha sido el de la vida interior, de la relación personal con el Señor: Déjate amar por Él, búscale, mírale, contémplale, adórale. Hay que entrenarse, decía él, en el campo de la fe, en el conocimiento del Señor, en el amor a Cristo, en la vida con Él, en la vida sacramental, en la confesión -subrayó mucho el encuentro personal en el sacramento de la Penitencia-.
Y un tercer punto fue el de estar en el mundo, en este momento, a través de la palabra servir. Servir a Cristo es servir a la salvación del mundo y, de una forma muy integral y muy completa, en la crisis económica, social, cultural, y también espiritual. Él habla de que esta sociedad tiende a hacer dos descartes, dos exclusiones: la de los mayores y ancianos, y la de los niños y jóvenes. Hay que tener eso muy en cuenta, a la hora de ser apóstoles del Señor. No desarrolló mucho, en términos explícitos, esta obligación de los jóvenes, pero la afirmó plenamente, incluso vibrantemente.
Por tanto, creo que el reto de esta JMJ es dar testimonio al mundo de la Iglesia y de sus jóvenes de una forma reunida, celebrante, testimonial. Ha llamado la atención al hombre de nuestro tiempo de que, si se prescinde del Señor, ciertamente no hay salvación eterna, pero tampoco hay camino de una vida más humana, que incluso puede ser apreciada y vivida por el que no tiene fe. Y queda después esa llamada de atención fuerte a que no podemos quedarnos nosotros solos, cada uno con su Cristo, con su fe, con su religión, sin preocuparse ni de la fe, ni de la vida cristiana, ni de la vida de los demás en general. Hay que salir -eso lo dice muchas veces-, hay que salir para ser apóstoles de Cristo. Después ha tenido unas alusiones siempre muy tiernas y muy bellas al papel de la Virgen en la vida de la Iglesia y en el ejercicio de la realización de la misión apostólica.
También ha tenido varios mensajes dirigidos no explícitamente a los jóvenes. ¿Qué mensaje ha dejado el Papa a la Iglesia en general?
Sus mensajes estaban centrados en la Jornada para los jóvenes; otra cosa es lo que haya podido decirles a los obispos reunidos en el CELAM. Se da la circunstancia de que los obispos iberoamericanos han aprovechado la cita de Río de Janeiro para trabajar esa semana, y él abrió las sesiones de trabajo con el discurso dirigido a ellos, teniendo en cuenta la situación de la Iglesia en Iberoamérica. En la homilía a los obispos, nos ha recordado nuestra obligación respecto a la pastoral juvenil, y sobre todo una obligación fundamental que es el acompañamiento: no dejar solos a los jóvenes, estar con ellos, como padres, como hermanos, como amigos y como pastores. Por lo tanto, debemos hacer un papel que deriva de la esencia misma del sacerdocio, edificando la Iglesia, en el servicio a la fe de los jóvenes en sus aspectos más profundos y más decisivos para su presente y para su futuro.
También ha sido una Jornada Mundial muy marcada por el carácter hispanoamericano. ¿Qué se puede rescatar de ello para Europa y para España?
Hay aspectos que pueden ser valorados más positivamente que otros. El principal es la alegría en la expresión de la fe, pues eso es siempre muy hermoso, y aquí lo hacen a su manera, pero lo hacen. Nosotros también debemos hacerlo en Europa. Después, sobre las formas estéticas, tanto en lo musical como en lo decorativo, en Europa seguramente tenemos una sensibilidad, no digo opuesta y contraria a la de aquí, pero sí distinta.
Ha habido detalles muy bonitos del Papa hacia España, en concreto relacionados con la tragedia del accidente de tren en Santiago de Compostela.
El Papa me llamó a mí el mismo día que ocurrió el accidente, para expresarme, como Presidente de la Conferencia Episcopal y el cardenal español aquí presente más antiguo, sus condolencias; además, él sabía que yo había sido arzobispo de Santiago, y todos suponíamos que de la archidiócesis de Madrid habría víctimas. Fue un gesto de mucha finura pastoral, por supuesto, y humana y espiritual. Yo hice que se supiera, que lo supieran todos, y él me dijo que al día siguiente él pondría un largo telegrama al señor arzobispo de Santiago, asegurando su oración por las víctimas, su cercanía paternal y su cariño y afecto de padre y pastor de la Iglesia. Luego, el día del Vía Crucis, al llegar al estrado desde donde presidía el acto, al primero que se dirigió de los presentes fue a mí, me abrazó para consolarme, repitiéndome lo mismo, y yo se lo agradecí, en nombre de todos. Y también en la Misa de envío se incluyó una oración por las víctimas del accidente de Santiago.
El Papa ha tenido también un gesto con la joven de que murió de camino a la JMJ...
Eso es una tradición. Venturosamente, las Jornadas Mundiales de la Juventud han sido muy guardadas siempre por los ángeles, por la cercanía de la Virgen y por el Señor. También es verdad que los jóvenes han respondido con un comportamiento increíblemente bello, aquí en Río de Janeiro. La ciudad estaba impresionada, y era para estarlo. Riadas inmensas de jóvenes y ningún incidente, cantando, etc. Eso es fantástico. Estas grandes celebraciones de la Iglesia con sus jóvenes son siempre expresiones de una paz interior, de una alegría y un gozo y de una capacidad de establecer relaciones humanas nuevas en la sociedad actual que, realmente, no tienen parangón en otro ámbito de la vida, ni siquiera en el deportivo, en el que la gente se pone muy apasionada y a veces se tira los trastos unos a otros.
Ha sido un verano muy activo por parte del Papa: nos ha hecho trabajar mucho a todos con la publicación de la encíclica y con esta Jornada. Con este empujón, ¿cómo se afronta la etapa final del Año de la fe ?
Nosotros en Madrid tenemos la Misión Madrid, nuestra fórmula para vivir el Año de la fe y para sacarle fruto a la experiencia de la JMJ de Madrid, que tenía un contenido extraordinariamente evangélico y evangelizador. Quisimos llevar esa experiencia de nueva evangelización a la vida diocesana a través de la iniciativa Misión Madrid; estamos en su segundo año, y queremos seguir con el ímpetu misionero claro de salir a la calle -en frase de Benedicto XVI al saludarnos a los madrileños que fuimos a darle las gracias por la JMJ a Roma, el domingo de Ramos del año 2012, cuando se habló de la plaza pública de la Historia -. Ahí queremos estar nosotros, todavía con muchísimo más impulso apostólico, sobre todo en el campo de las instituciones educativas, y también ante la gran familia de los madrileños, en sus casas y sus familias. Queremos ofrecernos, abrirnos, salir para decirles: Aquí está la Iglesia, tu parroquia, tu diócesis; aquí te vas a encontrar hermanos y hermanas que tienen a veces pecados y que son débiles, pero te van a ayudar a encontrarte con el Señor, que es lo más importante y que te hará mucho bien. Así continuaremos nosotros el año que viene.
María Martínez

viernes, 9 de agosto de 2013

Carmen Álvarez, profesora de Teología del cuerpo, en San Dámaso: La familia, ¡mucho más!


«Está bien tener hijos, pero el amor entre los esposos debe ir más allá de los hijos; y no sólo por tener hijos un matrimonio es más cristiano que otro que no tiene ninguno»: a veces se hace un sinónimo de ser una familia cristiana con tener muchos hijos, pero el amor de verdad va más allá de las habitaciones de nuestra casa. Así lo explica Carmen Álvarez, profesora de Teología del cuerpo en la Universidad San Dámaso, de Madrid, y Presidenta de la asociación Mater Dei, de especial vocación familiar
alfayomega.es
¿De dónde nace toda esa polémica que acompaña a la Humanae vitae?
Para empezar, hay que señalar que la encíclica Humane vitae fue polémica dentro y fuera de la Iglesia. Vio la luz en los años de larevolución sexual, y eso repercutió también en la vida de la Iglesia. El Papa Pablo VI vio necesario renovar la concepción de la moral sexual que proponía la Iglesia, y sacó adelante un documento novedoso respecto de la tradición anterior. La encíclica fue muy contestada por sus números 11-14, especialmente cuando habla de los dos aspectos inseparables del acto conyugal: el unitivo y el procreador, y señala que hay actos, en este terreno, que son intrínsecamente malos. Éso es lo que causó más revuelo.
Sin embargo, la encíclica Humanae vitae es más moderna de lo que pueda parecer, porque abre la sexualidad y el amor conyugal a una visión personalista, que va más allá de la filosofía natural y de la necesidad de procrear para perpetuar la especie. En realidad, la encíclica abre ya a una explicación nueva sobre el amor.
Entre esos actos intrínsecamente malos, la encíclica señala la anticoncepción...
Hay que tener en cuenta que lo que más nos realiza como seres humanos es el amor. Sólo el amor es la actitud adecuada ante el esposo, la esposa o los hijos. Y en esa vocación al amor es algo intrínseco la apertura a la vida. Cuando los esposos se cierran a la transmisión de la vida, en realidad van contra su propio amor, pues en el fondo están construyendo una relación narcisista y egoísta. Después, cuando deciden procrear, no como fruto del amor, sino como fruto de una planificación -Yo quiero un hijo ahora, de esta manera, con este sexo...-, en realidad estánprogramando el hijo: así, infravaloran la nueva vida, porque no nace como fruto del amor, sino de un falso derecho, y van contra el propio amor entre ellos.
Todo esto nace de una visión del amor muy romántica y también muy utilitarista, pero el amor es algo más. El amor es un don; y los dones se reciben, no se usan ni se programan; los dones no son un derecho. Cada hijo es un don, por lo que no tenemos derecho a programarlos o a ponerles determinadas condiciones.
Ahora bien, todo esto, o se entiende desde la fe, o lo entendemos desde la perspectiva de las ideologías: Yo decido lo que hago con mi vida y con mi cuerpo, Me apetece un hijo, Yo también tengo derecho a un hijo...
¿Cómo influyen entonces los hijos en el amor de un matrimonio? ¿Lo acrecientan , o lo disminuyen?
Está claro que los esposos que se abren a la vida se abren también al amor. Porque el amor es más pleno cuanto más se da, cuanto más nos hace salir de nosotros mismos. Los esposos están llamados a vivir su amor en plenitud mucho más allá de los hijos. Que un matrimonio tenga muchos hijos no significa, por eso, que se amen más que otros matrimonios que no los tienen.
Los esposos están llamados a amarse y darse más allá, incluso, de la propia familia, porque lo propio del amor es darse.

La vocación evangelizadora de la familia:
evangelización de otras familias, vida de parroquia,
testimonio de fe ante los amigos...
Entonces, ¿no se trata sólo de tener muchos hijos?
Es que no es sólo cuestión de tener hijos o no tenerlos, o de tener muchos o tener pocos; esta idea puede convertirse en un reduccionismo peligroso. Está bien tener hijos, pero el amor entre los esposos debe ir más allá de los hijos, si quiere llegar a vivir en plenitud su propia vocación esponsal. La paternidad y maternidad físicas están llamadas a una paternidad y maternidad que, superando los lazos de la carne, se vaya haciendo universal. Porque dar la vida biológica, con ser algo grande, en realidad es muy poco.
¿Y esto cómo se concreta?
El matrimonio está llamado a ser familia más allá del número de hijos que tenga, y más allá de la puerta de casa. Ésa es la verdadera vocación al amor. Los esposos están llamados a hacer espiritualmente con todos los hombres, dentro y fuera de la Iglesia, lo mismo que hacen con sus hijos: ayudarles a crecer en la vida verdadera, que es la vida de Dios. Aquí entra el apostolado, la evangelización de matrimonios hacia otros matrimonios y familias, la vida de parroquia, el testimonio de fe ante los amigos...: es la vocación evangelizadora de la familia.
El amor, cuanto más universal se hace, más allá de los límites de los hijos o de los dos esposos, más se parece al amor de Dios. Cuanto más universal es el amor, menos egoísta es; y lo hacemos más universal cuanto más nos damos, no sólo hacia mi mujer, hacia mi marido o hacia mis hijos.
En realidad, el principal testimonio que está llamado a dar el matrimonio y la familia es el testimonio del amor. Lo que la gente está esperando es ver a dos esposos que se aman, y que creen en el amor que ellos viven.
Esto va más allá de ser o no familia numerosa...
Ser familia numerosa no es sinónimo de ser una familia cristiana. Esto debe quedar claro; porque no sólo por tener hijos un matrimonio es más cristiano que otro que no tiene ninguno. El amor ha de ser fecundo más allá de los propios hijos: amándonos nosotros dos, amaremos a nuestros hijos; y amar a nuestros hijos nos llevará a un amor más grande y más universal.

jueves, 8 de agosto de 2013

EL OBISPO DE BILBAO HACE BALANCE DE LA JMJ


Mons. Iceta: «Tenemos que agradecer al Papa que nos invite a una vida austera»

El obispo de Bilbao, monseñor Mario Iceta, fue uno de los trece obispos españoles que acompañaron al Papa Francisco durante la JMJ de Río de Janeiro. Acompañado por un grupo de jóvenes de su diócesis, el prelado ha sido testigo del entusiasmo que genera el Santo Padre, no sólo en los jóvenes, sino también en toda la Iglesia.

(ABC/InfoCatólica) ¿Qué le ha parecido este primer encuentro del Papa con los jóvenes?

Muy positivo. En primer lugar, por la actitud del Santo Padre con los jóvenes. Es una actitud abierta, de franqueza, de cercanía. Se ve que el Papa conoce bien la situación en que viven los jóvenes de hoy. Además, el Santo Padre tiene un estilo de hablar directo, que llega al corazón, un lenguaje claro y asequible para todos, sin rehuir ningún tema difícil y dando respuesta a los interrogantes de la juventud.

¿Qué le han parecido sus mensajes?

Se trata de una propuesta novedosa y actualizada de los fundamentos evangélicos. Se ha referido a la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio y hacerlo presente en todos los ambientes. Es una tarea en la que estamos todos implicados. Por eso decía a los jóvenes que quería lío en las calles y en todos los ambientes. Y les invitaba a ser protagonistas en primera persona de la historia. También ha tenido palabras para la propia Iglesia. Nos ha recordado tanto al pueblo de Dios como a sus pastores cuál es el estilo evangélico y el estilo de vida de Jesús. Y nos ha pedido que ajustemos nuestro estilo de vida a la radicalidad del Evangelio. Es un programa ciertamente ilusionante y que nos abre nuevos horizontes de una profunda renovación espiritual.

¿Por qué este Papa genera tanto entusiasmo entre los jóvenes?

La sintonía entre el Santo Padre y los jóvenes ha sido perfecta. Les ha dado lo que ellos ardientemente necesitaban: palabras de Vida verdadera, indicaciones para edificar una vida auténtica, abundantes mensajes y testimonios que tanto precisan en estos momentos de la historia. Y por eso estoy seguro de que los frutos de vida cristiana, de compromiso por edificar un mundo justo, serán formidables.

¿Cómo están recibiendo los prelados esta preocupación del Papa por que los pastores y todos los miembros de la Iglesia vivan la pobreza evangélica?

Todos estamos llamados a desterrar de nuestras vidas los ídolos que nos esclavizan. El poder, el hedonismo y el dinero constituyen los principales ídolos de nuestra sociedad actual. El Santo Padre nos invita a una conversión profunda, desterrándolos de nuestra existencia y purificando toda clase de ambiciones. Tenemos que agradecer al Papa que nos invite continuamente a retomar la senda de una vida evangélica austera y entregada al servicio de los demás, desprendida de todo tipo de ambiciones.

¿Cree que sus gestos y carisma pueden ser un revulsivo para la Iglesia?

Sin duda es un gran servicio de caridad que el Papa nos presta, al recordarnos cuáles son los fundamentos que configuran nuestra identidad como pastores de la Iglesia y cuál debe ser nuestro estilo y tenor de vida. Personalmente, no me cabe sino agradecer profundamente al Papa que muestre su corazón de padre, corrigiéndonos y animándonos a vivir una vida plenamente identificada con lo que debe ser un discípulo de Jesús. El estilo del Papa Francisco ya comienza a calar en la vida de la Iglesia. Estoy seguro de que contribuirá a una magnífica renovación y purificación de todos nosotros para vivir nuestra vocación en verdad.

miércoles, 7 de agosto de 2013

45 años de la encíclica Humanae vitae, de Pablo VI

El amor, a lo grande
Se cumplen 45 años desde que el Papa Pablo VI firmara la encíclica Humanae vitae, quizá el documento del Magisterio más contestado e inaceptado del siglo XX, fuera y dentro de la Iglesia. Casi medio siglo después, el tiempo le ha dado la razón, pues la anticoncepción se ha revelado como el comienzo de la llamada cultura de la muerte. Por eso, hoy, más que nunca, es necesario el testimonio de matrimonios que se quieren con un amor a lo grande

El amor a lo grande es la verdadera llamada de Dios
a todos los hombres, creyentes o no, católicos o no
El 25 de julio de 1968, a la vuelta de unos días en Castelgandolfo, Pablo VI firmaba la encíclica Humanae vitae. La semana anterior, con el documento ya preparado, el Papa se mostraba preocupado, pues el contenido de la encíclica era contrario al ambiente social de entonces favorable a la anticoncepción, una mentalidad que también había invadido, por aquellos años, las conciencias de muchos pastores -incluso la Comisión de obispos asesora del Pontífice le pidió cambiar las enseñanzas de la Iglesia en este terreno- y de no pocos matrimonios.
En realidad, la Humanae vitae acota los límites de la paternidad responsable y muestra la grandeza de la apertura a los hijos; también aporta un juicio preciso acerca de soluciones técnicas como la anticoncepción, o los métodos naturales de observación de la fertilidad. Sin embargo, el núcleo de la encíclica -que luego desarrollaría con toda su riqueza Juan Pablo II, al elaborar la Teología del cuerpo- va mucho más allá: muestra el amor a lo grande como la verdadera llamada de Dios a todos los hombres, creyentes o no, católicos o no; un amor más allá de cualquier método; un amor que, en el matrimonio, se desborda más allá de los esposos, e incluso más allá de los hijos.
Sin tener en cuenta esta vocación primera del ser humano, no se puede entender la Humanae vitae, ni la propuesta de la Iglesia acerca del matrimonio y la fecundidad.
Una pastoral equivocada
No siempre se ha percibido toda la riqueza de la Humane vitae, incluso dentro de la misma Iglesia. Muchas veces, en el aspecto pastoral, queriendo el bien de los esposos, en realidad se ha hecho mucho daño; en la IV Conferencia Internacional sobre la Familia en Europa y África, el mismo Juan Pablo II hizo referencia a los sacerdotes que practican una falsa comprensión pastoral, con estas palabras: «No puedo callar ante el hecho de que muchos no ayudan a las parejas casadas en esta grave responsabilidad suya [de la paternidad], y más bien ponen grandes obstáculos en su camino. Esto puede llevar consigo graves y destructivas consecuencias, cuando la doctrina de la encíclica Humane vitae se pone en duda, como ha sucedido algunas veces, hasta con teólogos y pastores de almas. Esta actitud, de hecho, inspira dudas respecto a la enseñanza cierta de la Iglesia sobre este tema. Esto no es un signo de comprensión pastoral, sino una equivocación con respecto al verdadero bien de las personas». Y en 1987, en una alocución a los obispos estadounidenses, Juan Pablo II también advirtió sobre la situación de los católicos que no se adhieren a la enseñanza moral de la Iglesia sobre la anticoncepción y, aun así, reciben los sacramentos: «A veces, se proclama que el rehusar la adhesión al Magisterio es totalmente compatible con ser unbuen católico, y que ello no presenta ningún obstáculo para recibir los sacramentos. Esto es un grave error que pone a prueba el oficio de maestros de los obispos en Estados Unidos y en todas partes», dijo el Papa.
El inicio de la cultura de la muerte

Juan Pablo II desarrollaría Humane vitae, de Pablo VI,
en su Teología del Cuerpo
Precisamente el hoy Presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, el cardenal Thimoty Dolan, arzobispo de Nueva York, reconoce que «la mayoría de nosotros [los obispos] evitamos hablar de ello en aquel momento, porque era demasiado exigente. Sin embargo, los adultos siguen necesitando la voz autorizada de la Iglesia, y los pastores deben responder aunque los comportamientos de los católicos no sean siempre coherentes». También monseñor Galeone, obispo de San Agustín, Florida, constata que «muchas parejas casadas han usado anticoncepción en algún momento de su matrimonio. Pero la culpa no es sólo suya; con raras excepciones, debido a nuestro silencio, somos los obispos y los sacerdotes los culpables». Y el cardenal Burke ha lanzado un grave diagnóstico, señalando a la mentalidad anticonceptiva como el origen próximo de la cultura de la muerteque denunciaba Juan Pablo II: «La contracepción es el comienzo de la cultura de la muerte. No estamos hablando de realidades distintas. La anticoncepción propicia el clima favorable al aborto. Arranca la naturaleza de la unión sexual y la viola de manera significativa, al eliminar el aspecto procreativo de la unión conyugal».
Un documento profético
En Europa también hubo una acogida fría de la encíclica. Apenas cinco días después de su publicación, la Conferencia Episcopal Holandesa publicó una Declaración en la que mantenía la obediencia al magisterio del Papa, pero manifestaba su temor ante el ambiente en contra. Y en agosto del año siguiente, el Comité Pastoral del mismo Episcopado holandés votó a favor -con 100 votos frente a 4 en contra- de ideas no concordantes con la encíclica. El teólogo don Aurelio Fernández, cronista durante el Concilio Vaticano II y buen conocedor de aquellos años de pontificado de Pablo VI, reconoce hoy que, vistas las consecuencias de la revolución sexual, la encíclica del Papa fue un documento profético: «Después de tantos años, se puede comprobar que la que tiene un verdadero concepto de lo que es la persona humana es la Iglesia católica. Hoy, las antropologías están rotas: se dice que el hombre no es más que un saco de genes, o que es un proyecto de gran simio... Quien tiene el verdadero concepto de lo que es la persona, de lo que es la libertad, de lo que es el matrimonio, de lo que es la sexualidad humana... es el cristianismo. Y, ahí, Pablo VI acertó; y su pensamiento lo desarrolló muy bien Juan Pablo II con la Teología del cuerpo. La encíclica Humanae vitae fue un texto profético. De tal forma que hoy, aunque muchos tienen la ilusión de que el Papa Francisco revise toda la doctrina de la Iglesia sobre la sexualidad, estoy convencido de que no lo va a hacer. Hay que tener en cuenta hasta dónde han llegado las consecuencias de la revolución sexual, con la ideología de género: el sexo depende de una elección personal, no hay hombre ni mujer, no hay ni padre ni madre, no haymatrimonio ni familia... Y todo eso, garantizado por la ley, incluso despreciando lo que llaman el matrimonio tradicional. Es el descarrilamiento de la cultura occidental».
Un terrible desequilibrio
La Humanae vitae percibió todo esto de lejos, y dio la voz de alarma ante el desconcertante panorama en torno a la afectividad que se nos venía encima. Pablo VI citaba explícitamente en la encíclica las nefastas consecuencias que la extensión de la anticoncepción podía acarrear: infidelidad conyugal y degradación general de la moralidad;pérdida de respeto a la mujer, considerándola como simple instrumento de goce egoísta y no como una compañera, respetada y amadaintervención de las autoridades públicas en el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal...
Monseñor Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares y Presidente de la Subcomisión episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, de la Conferencia Episcopal Española, hace balance: «En Occidente, no se quiso escuchar la voz profética de Pablo VI cuando, en la Humanae vitae, anunciaba las consecuencias que se derivarían para las personas y para la sociedad, si no se seguía la doctrina moral de la Iglesia referida al amor conyugal y a la procreación. El tiempo ha dado la razón a Pablo VI. Junto al invierno demográfico que sufrimos en España, hay que destacar también las rupturas familiares, la banalización de la sexualidad, el maltrato a la mujer, la nobilización del autoerotismo, etc.»
Hoy, cuando se ha descubierto que la píldora anticonceptiva es, además, abortiva; cuando se han puesto sobre la mesa los problemas que trae consigo la emergencia afectiva; cuando se dispara el número de abortos, separaciones y divorcios; cuando se están constatando las consecuencias del desequilibrio demográfico; cuando se multiplican los hogares de personas que viven solas..., conviene traer las palabras del mismo padre de la píldora anticonceptiva, el químico austriaco Carl Djerassi, quien llegó a manifestar su desilusión acerca de las consecuencias de su creación, denunciando la «catástrofe demográfica y el terrible desequilibrio poblacional» que ha traído consigo, así como la «desconexión entre sexualidad y reproducción», con lo que «la caída de la natalidad es una epidemia peor que la obesidad»; y, en definitiva, «los jóvenes están cometiendo un suicidio global al rechazar la reproducción».
Hasta que la píldora nos separe
¿Qué ocurre cuando un matrimonio decide abrir las puertas a la anticoncepción? ¿Es que acaso utilizar anticonceptivos, cerrarse a los hijos, hace que un matrimonio se quiera más? ¿Cómo influye la píldora, o el preservativo, en la capacidad de amar? Doña Sara Pérez-Tomé, asesora familiar y moderadora de conflictos, del gabinete de orientación Sophya, señala que, «hoy en día, los matrimonios han puesto su potencial procreador en manos de la ciencia y los negocios de los laboratorios. Por eso, los anticonceptivos en todas su formas son más que protagonistas en la intimidad conyugal. Los anticonceptivos convierten el diálogo entre dos personas que se aman, en un monólogo de dos. La anticoncepción termina convirtiendo el acto conyugal en un mero acto sexual: por parte de uno de ellos que se busca a sí mismo y no en el otro; o por parte de dos que coinciden sólo en la búsqueda del placer».
En este mismo sentido, doña María Álvarez de las Asturias, Defensora del Vínculo en el Tribunal Eclesiástico de la diócesis de Madrid y Directora del Instituto de orientación familiar Coincidir, revela que, «cuando acudes a los anticonceptivos, acudes a una vía fácil. Por otro lado, una mujer sana no tiene por qué tomar unas hormonas que no necesita y que tienen consecuencias médicas».
Por el contrario, el matrimonio que se pone a salvo de los anticonceptivos salva su amor: «Un matrimonio que no acude a los anticonceptivos, no pone barreras entre ellos. No hay entre ellos ninguna barrera en esa entrega: Yo me entrego a ti del todo, y no hay nada que nos separe. La entrega es absoluta. Además, en esa entrega está presente el Señor de una manera clarísima, porque lo que hacemos es respetar los ritmos que Dios ha puesto en nuestros cuerpos, y así nosotros reconocemos de hecho que Él está por encima de nosotros, que Él nos cuida y Él garantiza nuestro amor. Por tanto, los matrimonios que viven así sus relaciones sexuales se aman mejor», señala María Álvarez de las Asturias.
Por eso, «no podemos conformarnos con poco. La Iglesia nos enseña y nos quiere ayudar a vivir un amor en plenitud, un amor que merece la pena, un amor para toda la vida. Frente a la sociedad, que nos da un mensaje falso al negar que haya un amor por el que merezca la pena dar la vida, la Iglesia dice que es verdad y que es posible vivir el amor de esta manera», concluye.
Amar así es imposible sin Cristo
A la hora de llevar a la práctica un modo de amarse más y mejor, surge inmediatamente el recurso a los llamadosmétodos naturales de observación de la fertilidad. Pero ¡ojo!, también se pueden usar con mentalidad anticonceptiva, algo así como una píldora para católicos. Para evitar este reduccionismo, don José Luis Méndez, Delegado de Pastoral de la Salud de la archidiócesis de Madrid, aclara que, «en la perspectiva de la paternidad responsable y los métodos naturales, la primera cuestión no es sobre la licitud de ciertos medios, sino que hay una cuestión previa sobre el amor humano. Así, lo decisivo es descubrir la verdad del amor conyugal y cómo se crece en él. Por ejemplo, si quiero aprender a amar más y mejor a mi madre, no me preguntaré: ¿Hasta dónde puedo faltar sin que haya ofensa grave? Ésa es una pregunta ajena al dinamismo del amor. Entonces, la pregunta será si la reducción del encuentro esponsal únicamente a los períodos infecundos, en caso concreto, introduce a los esposos en la lógica del amor de generosidad, y les ayuda a que se entreguen mutuamente con una totalidad mayor. Si la respuesta es afirmativa, entonces -porque es bueno para el amor conyugal- es moralmente lícito; pero si fuese negativa -porque no conviene al amor conyugal, al desvirtuarlo-, sería moralmente ilícito».
El recurso a los métodos naturales lleva consigo dos elementos que es necesario tener en cuenta: «Si el amor es verdadera entrega, no está exento de renuncia»; y, además, «implica situarse en la lógica de quien esadministrador, y no dueño, del poder de transmitir la vida», explica don José Luis. Por ello, «no es sencillo comprender ni vivir en esta perspectiva desvinculado de la fe, de la compresión última de la misión de paternidad responsable, y al margen de la vida de la gracia». Así, la paternidad responsable supone «adentrarse en un camino de santidad específico, en el que sigue teniendo la primacía la vida de la gracia. Por eso, no se puede llevar a cabo sin deseo de santidad, sin vida de oración y sin vida sacramental. La respuesta supone la determinación de la libertad humana, ayudada por las virtudes; sin perder de vista que todo camino de santidad lleva implícita la participación en el misterio de la cruz de Cristo. Por ello, es imposible sin amar la cruz; al mismo tiempo que uno no puede amar de verdad si no es casto, si no es dueño de sí. Amar así, y ser amado así, es imposible sin Cristo».
De la misma manera se manifiesta hoy, en respuesta a Alfa y Omega, el teólogo norteamericano Germain Grisez, laico y padre de familia, uno de los pocos expertos que asesoraron a Pablo VI en favor de mantener la doctrina de la Iglesia sobre la sexualidad matrimonial: «Estoy firmemente convencido de que la Iglesia no puede hacer nada que ayude a cambiar la mentalidad anticonceptiva, o promover una cultura de la vida, excepto predicar y enseñar el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. No me refiero a parte del Evangelio, sino a todo el Evangelio. A menos que la gente crea en el reino de Dios, no puede tomar su cruz y seguir a Jesús. Pero una vez que alguien cobra esperanza y toma su cruz, todos los asuntos morales vendrán por su propio peso».
Familias que se parecen a su Padre

No hay mayor don, ni mejor tarea,
ni alegría más grande, que participar
del amor de Dios. 
En una Fiesta
a favor de la familia, en Madrid
Si, en palabras de san Juan de la Cruz, al atardecer de la vida nos examinarán del amor, una de las materias de examen será la generosidad en la apertura al cónyuge, a los hijos y a la Iglesia. Como afirmaba un matrimonio al plantearse su vida matrimonial: «Si un día, en una hipótesis imposible, estuviéramos delante de Dios y delante de los hijos que no hemos querido tener, nos gustaría poder explicarles, sin vergüenza, que nuestras razones para no tenerlos eran realmente serias».
Don José Luis Méndez expresa esta misma idea de otro modo: «Si alguien tuviera un tesoro inagotable y su felicidad fuera compartir su tesoro, ¿querría hacerlo con muchos, o con pocos?» Sólo de esta manera el amor de los padres se parece al amor de Dios, al tiempo que participa de él. «Dios quiere hacer partícipes de su vida a los hombres. En cierto sentido, podemos decir que Dios pone su felicidad en nuestras manos, porque Él ha querido, y los esposos son cooperadores necesarios para la realización de este designio», concluye don José Luis.
No hay mayor don, ni mejor tarea, ni alegría más grande, que participar de este amor de Dios. Lo corrobora el testimonio luminoso de tantos matrimonios que, pese a sus dificultades, hacen de su casa un hogar lleno de hijos, con las puertas abiertas no sólo a ellos, sino a todos los demás hombres. Cada uno de sus hogares es un nuevo Belén en el que se desborda la gracia.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
La ausencia de hijos no se debe sólo a la falta de ayudas económicas
La tarea de ensanchar el corazón
En España, la natalidad ha caído un 13% desde el año 2008. Nuestro país tiene el segundo de los índices de natalidad más bajos del mundo, sólo por delante de Corea del Sur: 1,32 hijos por mujer, y sigue bajando... Esta crisis de la natalidad revela algo mucho más serio que un grave problema demográfico. Se dice que, con más ayudas económicas, la natalidad remontaría, pero los datos lo desmienten: en países donde se han implantado medidas de apoyo a la maternidad y en beneficio de la natalidad (aumento de los subsidios a las madres, medidas de conciliación, aumento de los días de baja maternal y paternal...), los beneficios no han sido los esperados. En Suecia, las ayudas de este tipo que el Estado ofreció a las parejas en los años 90 dieron resultado a corto plazo, pero al cabo de algunos años los índices de natalidad volvieron a la situación anterior. Tampoco se puede achacar la falta de hijos a la crisis económica, ya que cuando no había crisis los índices eran similares, muy por debajo de la tasa de reposición. Aunque las ayudas tienen su importancia, conviene manejar otras variables como la generosidad, la renuncia o las prioridades a la hora de formar un hogar. Más que hacer cuentas, es necesaria una tarea educativa, para aumentar y ensanchar, no sólo los presupuestos, sino el corazón...
alfayomega.es

lunes, 5 de agosto de 2013

El Papa en el Ángelus: los jóvenes no siguen al Papa, siguen a Jesucristo, llevando su Cruz

«La verdadera riqueza es el amor de Dios compartido con los hermanos» expresó explicando que el evangelio de este domingo «advierte propiamente sobre el absurdo de basar la propia felicidad sobre el tener»
El obispo de Roma enmarcó su reflexión en la maravillosa experiencia vivida en Brasil con la JMJ, a la que calificó como «una nueva etapa en la peregrinación de los jóvenes a través de los continentes con la cruz de Cristo».
«Las JMJ no son ‘fuegos de artificio’, sino etapas de un largo camino», constató el Sucesor de Pedro. «Los jóvenes no siguen al Papa, siguen a Jesucristo llevando su cruz. Y el Papa los guía y los acompaña en este camino de fe y de esperanza».
Después de agradecer y pedir al Señor que recompense a todos los que han trabajado para esta gran fiesta de la fe y el encuentro con el pueblo y los pastores, el Obispo de Roma pidió rezar para que los jóvenes que participaron de la JMJ, puedan traducir esta experiencia en su camino cotidiano, en el comportamiento de todos los días y que puedan traducirlo también en elecciones importantes de vida, respondiendo a la llamada personal del Señor.

Texto completo

Queridos hermanos y hermanas,
El pasado domingo estaba en Río de Janeiro. Se concluía la Santa Misa y la Jornada Mundial de la Juventud. Pienso que todos juntos tenemos que dar gracias al Señor por el gran don que ha sido este evento, para el Brasil, para América Latina y para el mundo entero. Ha sido una etapa en la peregrinación de los jóvenes a través de los continentes con la Cruz de Cristo. Nunca tenemos que olvidar que las Jornadas Mundiales de la Juventud no son «fuegos de artificio», finalizados en sí mismo; son etapas de un largo camino, iniciado en 1985, por iniciativa del Papa Juan Pablo II. Él confió a los jóvenes la Cruz y dijo: vayan y yo iré con ustedes! Y así fue; y esta peregrinación de los jóvenes continuó con el Papa Benedicto, y gracias a Dios también yo he podido vivir esta maravillosa etapa en Brasil. Recordemos siempre: los jóvenes no siguen al Papa, siguen a Jesucristo, llevando su Cruz. Y el Papa los guía y acompaña en este camino de fe y de esperanza. Agradezco por esto a todos los jóvenes que han participado, incluso con sacrificios. Y agradezco al Señor también por los otros encuentros que tuve con los Pastores y el pueblo de aquel gran País que es el Brasil, como también con las autoridades y los voluntarios. El Señor recompense a todos aquellos que han trabajado para esta gran fiesta de la fe.
También quiero subrayar mi gratitud; muchas gracias a los brasileños, buena gente la del Brasil, un pueblo de gran corazón, no me olvido de su calurosa bienvenida, de sus saludos, de sus miradas, tanta alegría, un pueblo generoso, pido al Señor los bendiga tanto.
Quisiera pedirles que recen conmigo para que los jóvenes que han participado en la Jornada Mundial de la Juventud puedan traducir esta experiencia en su camino cotidiano, en los comportamientos de todos los días; y que puedan traducirlo también en elecciones importantes de vida, respondiendo a la llamada personal del Señor. Hoy en la liturgia resuena la palabra provocante de Qoèlet: «Vanidad de vanidades… todo es vanidad» (1,2). Los jóvenes son particularmente sensibles al vacío de significado y de valores que a menudo los circunda. Y lamentablemente pagan las consecuencias. En cambio, el encuentro con Jesús vivo, en su gran familia que es la Iglesia, llena el corazón de alegría, porque lo llena de vida verdadera, de un bien profundo, que no pasa y no se marchita: lo hemos visto en los rostros de los chicos de Río. Pero esta experiencia tiene que afrontar la vanidad cotidiana, el veneno del vacío que se insinúa en nuestra sociedad basada en el beneficio y en el tener, que ilusionan a los jóvenes con el consumismo. El Evangelio de este domingo nos advierte justamente sobre el absurdo de basar la propia felicidad sobre el tener. El rico se dice a sí mismo: «Alma mía, tienes bienes almacenados… descansa, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dice: Necio esta misma noche morirás. Y aquello que has acumulado ¿para quién será?» (cfr Lc 12,19-20).
Queridos hermanos y hermanas la verdadera riqueza es el amor de Dios, compartido con los hermanos. Aquel amor que viene de Dios y hace que nosotros lo compartamos con nosotros; y nos ayudemos entre nosotros. El que hace la experiencia no teme la muerte y recibe la paz del corazón. Confiemos esta intención, esta intención de recibir el amor de Dios y compartirlo con los hermanos, a la intercesión de la Virgen María.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,
Los saludo a todos y les agradezco su presencia, a pesar del calor.
Estoy contento de saludarlos, en particular a algunos grupos juveniles: la Juventud Carmelitana de Croacia, los jóvenes de Sandón y Fossò, diócesis de Verona; a los de Mozzanica, diócesis de Cremona; aquellos de Moncalieri, que han hecho parte del camino a pie, y a los de Bérgamo, que han venido en bicicleta. ¡Gracias a todos!
Pero hay tantos jóvenes en la plaza, ¡esto parece Río de Janeiro!
Querría garantizar un recuerdo especial a los párrocos y a todos los sacerdotes del mundo, porque hoy se recuerda su patrono, San Juan María Vianney. Queridos hermanos, estamos unidos en la oración y en la caridad pastoral.
Mañana los romanos recordamos nuestra Madre, la Salus Populi Romani. Pidámosle a ella que nos custodie y ahora todos juntos la saludamos con un Ave María, todos

sábado, 3 de agosto de 2013

Nuevo Youcat para preparar la confirmación



Os presentamos la última iniciativa de preparación a la confirmación utilizando parte del Youcat, que se publicará en Ediciones Encuentro en octubre del 2013.
Publicado por el equipo
YOUCAT de Ausburgo

Estimado amigo,

Tenemos el placer de avanzarte nuestra próxima publicación del NUEVO YOUCAT dedicado a la CONFIRMACIÓN.

"El Catecismo Joven de la Iglesia católica (Confirmación) abarca en un lenguaje adaptado a los jóvenes la totalidad de la fe católica, como ha sido expuesta en el Catecismo de la Iglesia Católica".

Esperamos que sea de tu interés.
CAPÍTULO I

Para comenzar: Maratón hacia la Confirmación
     
¡Hola!
Imagínate que quieres correr un maratón; quizás en Berlín o incluso en Nueva York. Es imposible sin entrenarse. Al menos medio año antes tienes que comenzar a correr. Tienes que ir subiendo el ritmo y aumentando el recorrido. Y si quieres ser realmente bueno, deberías modificar quizás tu alimentación, renunciar por un cierto tiempo a esas patatas fritas tan ricas y a esas chocolatinas tan tentadoras. Como recompensa a tus esfuerzos notarás cómo tu cuerpo se transforma semana a semana, embellece y se pone en forma. Un buen día llega la carrera. A otros les falta el aliento, pero tú tienes por lo visto unas reservas infinitas y estás en los primeros puestos.

Algién aquí hay que comenzar al menos medio año antes para estar realmente a pleno rendimiento en un asunto realmente grande. Puede que digas: "Correr un maratón sería un puntazo. Pero la Confirmación la consigo en cualquier caso. ¿Para qué tantas molestias?".
Si quieres saber más, pincha aquí

DISPONIBLE EN OCTUBRE DE 2013

jueves, 1 de agosto de 2013

ONU: Sin familia no hay desarrollo


El año 2014 marca el final del periodo para el que se establecieron los Objetivos de Desarrollo del Milenio en Naciones Unidas. Aunque se ha avanzado en todos ellos, estamos lejos de alcanzar los resultados previstos, entre otras cosas porque han surgido dos obstáculos que no se habían previsto.
El primer problema es el envejecimiento de la población, causado sobre todo por el descenso de la natalidad, que se ha ido extendiendo deEuropa a otros continentes. Sus efectos no son inmediatos, pero ya tenemos claro que serán muy difíciles de afrontar. Un ejemplo de esto es el aumento de las necesidades de dependencia. Ahora que por primera vez la población española mayor de 65 ha superado a la de los menores de 16, debemos considerar que eso supone a medio plazo no sólo la inviabilidad económica de las pensiones, sino también la falta de personas que puedan atender a los dependientes, algo que tradicionalmente ha hecho la familia. Sin familia, es mucho más difícil —y, sobre todo, muchísimo más caro— atender esas necesidades.

El segundo problema es más inmediato y complica un poco más la situación: la crisis económica actual está afectando sobre todo a los jóvenes, con el riesgo que supone una generación «perdida» —o «ausente» en el caso de los que emigran— no sólo para el mercado laboral, sino también para tener los hijos que desean.

Reconocimiento internacional

La reunión anual del Consejo Económico y Social de la ONU trata esta semana en Ginebra de buscar soluciones a estos problemas y puede aportar muchos elementos que ayuden a afrontarlos con mayor eficacia. Concretamente, el reconocimiento del papel social de la familiay la importancia de que los Estados establezcan políticas que le ayuden a cumplirlo es uno de esos elementos, como el Consejo ha señalado con ocasión del aniversario del Año Internacional de la Familia, que se cumple también el año que viene.
Sin familia no hay desarrollo posible. Potenciar la familia ayuda de hecho tanto a que se puedan cubrir las necesidades de dependencia en el futuro como a que se pueda ayudar a que los jóvenes afronten la crisis con esperanza de futuro. Por eso, tanto la UE como la OCDE insisten cada vez más en que lo que se gasta en políticas familiares es una verdadera inversión y un ahorro seguro a medio y largo plazo.
http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20130707/abci-familia-desarrollo-201307041302.html