miércoles, 16 de abril de 2014

El musical sobre la historia de Karol Wojtyla evoca la grandeza de Juan Pablo II


El teatro Brancaccio acoge la obra que cuenta la dura vida de quien acabaría siendo el Papa

Roma vibró anoche con la música que evoca la poderosapersonalidad de Karol Wojtyla, un hombre cuya figura se ha reencarnado en música de la mano de la cantante Noa y un equipo de compositores que ayer estrenaron en la ciudad eterna «La verdadera historia». Se trata de un musical sobre Juan Pablo II, cuya subida a escena ocurre cuando solo quedan dos semanas para su canonización el próximo 27 de abril. Después de haber actuado en dos ocaciones frente al entonces Papa Juan Pablo II , la artista israelí ha confesado: «Aquella experiencia me hizo entrar en un sentimiento profundo que me permite dar un valor nuevo a toda la humanidad. Para componer las canciones reviví ese sentimiento y enseguida volví a conectar con él».
La periodista española Paloma Gómez Borrero, que cubrió para TVEy la COPE todo el pontificado de Juan Pablo II, acompañándole en los 104 viajes internacionales, prestó asesoramiento histórico para centrar el perfil humano uno de los mayores personajes del siglo XX. «Karol Wojtyla. La verdadera historia» comienza con el dramático momento de los disparos contra el Papa el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro. Mientras agoniza en una ambulancia que atraviesa enloquecida las calles de Roma, Juan Pablo II recuerda las principales personas de su vida.
Todas ellas son corazones grandes y fuertes: su madre Emilia, fallecida prematuramente, su hermano Edmund, un médico valiente, víctima de una epidemia de escarlatina por no abandonar a sus enfermos… El capitán Karol Wojtyla, que abandono el servicio para cuidar a su esposa y después se trasladó a Cracovia con el joven Karol para apoyarle en unos estudios universitarios interrumpidos violentamente por la invasión alemana…
El estruendo seco de las balas de Ali Agca resuena en la primera canción, musicada como la mayor parte por el Solis String Quartet italiano, que añade su talento al de Noa y su compositor-guitarrista, Gil Dor. Juntos, son un equipo formidable. El uso de varias pantallas y cámaras en directo en diagonal multiplica la presencia de personajes, sobre todo en las coreografías de grupo, que pueden verse a la vez de frente y a vista de pájaro. Es también muy acertado el uso de hologramas para crear un efecto tridimensional. La apuesta arriesgada del Teatro Brancaccio, el más «romano» de la capital, ha sido un éxito. En algunas ocasiones no está claro si estamos ante un espectáculo de teatro o de cine. La realidad es que conjunta lo mejor de ambos. La escena del mercado de Wadowice o la despedida cuando los dos Karol Wojtyla emprenden rumbo a Cracovia tiene talla de gran musical.
La música de Noa, Gil Dor y el Solis String Quartet se contagia de la fuerza del personaje, pero sabe alternar momentos de tempestad, quecabalgan en la percusión, con otros de lirismo, apoyados en la cuerda. Y recoge el eco de las canciones populares polacas de la primera juventud de «Lolek», como le llamaban su familia y sus amigos.
El protagonista está interpretado por dos actores -el angelicalAlessandro Bendinelli y el vigoroso Virgilio Brancaccio- que cubren tres momentos significativos: niño de nueve años que pierde a su madre, estudiante universitario en un mundo en guerra, ysacerdote joven en un país dominado por la peor tiranía del siglo XX.
Aunque a veces el guion se hace algo lento, el conjunto del espectáculo es de gran calidad. El guion incluye textos muy personales de Karol Wojtyla como su primera poesía, escrita en 1939, «Sobre tu blanca tumba», un canto al cariño y a la ausencia de la madre, Emilia.
Otras canciones, están inspiradas en frases que el Papa supo hacer llegar al mundo entero. Por ejemplo: «La vida es un camino difícil. ¡No tengáis miedo nunca!». Así era Karol Wojtyla

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