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miércoles, 5 de marzo de 2014

#Masterlent: la propuesta de los Dehonianos para vivir esta Cuaresma 2014

Los dehonianos proponen vivir la Cuaresma de este año como una escuela de cocina, donde el plato a cocinar es la ENTREGA. Para ello contamos con un auténtico maestro, Jesús de Nazaret, que hizo de su vida una vida con sabor, donde el ingrediente principal fue su capacidad de acoger a los demás, mirar al mundo que necesitaba de él y darse sin medida.

El programa Masterchef es uno de los más conocidos en el mundo, y en sus diferentes versiones (niños, expertos, etc.) demuestra que todos, en el fondo, tenemos “madera” de cocineros, pero al mismo tiempo necesitamos disciplina, ejercitar nuestras capacidades y talentos, descubrir aquello que nos hace únicos, creatividad… La Cuaresma (en inglés: “Lent”) es un tiempo para descubrir que todos somos llamados por Dios a actuar en el mundo poniendo lo mejor de nosotros mismos teniendo como espejo en el que mirarnos a Jesús de Nazaret y su capacidad de entrega. Él es quien nos dice “ánimo, porque al mundo le faltas tú, le falta tu entrega. Pero si no sabes cómo hacerlo, mírame, aprende de mí”.
Este año los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús proponen hacer un pequeño itinerario en el que trabajar laentrega  en dos pasos, marcados por la propia palabra de Dios. Un primer bloque lo conforman los dos primeros domingos de Cuaresma, donde Jesús descubre y descubre quién es, sus limitaciones y tentaciones, su llamada por parte de Dios a entregar la vida (con el evangelio de las tentaciones y también el evangelio de la Transfiguración). Tomando como base estos dos evangelios los dehonianos ofrecen diferentes materiales para profundizar en la propia identidad, los límites, las dificultades, pero también a qué nos está llamando Dios, qué proyecto tiene para nosotros y si somos capaces de asumirlo.
Después, un segundo bloque con los evangelios de los tres domingos siguientes, que conforman una especie de “receta de la entrega”: para lograr aquello que Dios sueña para que, como Jesús, ser agua viva, comprometerse con el mundo, ser luz que sea capaz de rasgar, de romper las noches de nuestra sociedad, y ser vida, aunque ello lleve a ir contracorriente en la sociedad. Así lo hizo Jesús y eso le supuso la entrega definitiva en la cruz.
Este año los materiales serán muy diversos: desde una propuesta de cine-forum a recursos para poder hacer un tiempo de desierto, retiro, oraciones, canciones, textos de diferentes autores, poemas. Todo para poder acercarse a los jóvenes y no tan jóvenes y animarles a hacer el camino de la Cuaresma.
Los dehonianos colgarán en su web www.jovenesdehonianos.es un conjunto de “recursos” pastorales: celebraciones, videofórum, trabajo con canciones, materiales para un tiempo de desierto/retiro, lectio divina, etc. Con ello buscan prepararnos para la celebración de la entrega máxima de Jesús en la Pascua con una reflexión sobre nuestra propia capacidad de entrega.
Junto a todo ello se acompañan los materiales de cuatro carteles que, unidos, forman una gran mesa donde se disponen diferentes elementos de cocina.
Además animan en esta Cuaresma 2014 a utilizar en las redes sociales el hashtag #MasterLent
¿Quiénes están detrás de todas estas campañas y recursos pastorales?

Así, de nuevas a primeras, podemos pensar que todo sale de la Delegación de Pastoral Juvenil y Vocacional de los Dehonianos en España, pero detrás no sólo se encuentra el trabajo de la Delegación de PJyV, sino también de otros religiosos y del Equipo de Jóvenes de PJyV Dehonianos. Este último es un grupo de jóvenes que, a lo largo del año, aportan ideas, están atentos a las “tendencias” y modos de llegar a los jóvenes hoy, sugieren campañas, lemas, propuestas, crean recursos. Éstos, junto con otros religiosos dehonianos, son los que elaboran buena parte de los materiales que se ponen a disposición en la web y redes sociales. Materiales para jóvenes, sobre todo, y preparado y pensado por jóvenes.
¿Por qué este tipo de materiales durante los tiempos litúrgicos?
A lo largo del año los dehonianos estructuran sus actividades pastorales en torno a la reflexión de diferentes aspectos de nuestro carisma que se concretan en un lema, diferente cada año. Los tiempos litúrgicos de Adviento y Cuaresma, más allá de la preparación inmediata a los tiempos de Navidad y Pascua, sirven para el desarrollo de parte del lema del año pastoral. Se puede decir, así, que lema-tiempos litúrgicos conforman una unidad que explica un aspecto de nuestro carisma a lo largo del año.
En los últimos años se han dado cuenta de que muchos de los materiales que normalmente colgaban en internet y que en principio se hacían para uso “interno” de la propia Congregación eran utilizados por otras Congregaciones, Diócesis, Parroquias, grupos de jóvenes y grupos de fe de España y de otros lugares del mundo.  Esto les ha animado a compartir todo aquello que hacen y preparan, confiando en su buen uso (y siempre gratuito) y esperando que todo sirva para acercar a los jóvenes a Jesús, “traducir” el Evangelio al mundo, provocar el encuentro con Dios en la oración.

domingo, 16 de febrero de 2014

Los Mandamientos de Dios son caminos hacia la libertad

DOMINGO VI-A (16-02-2014)
Los Hombres, a lo largo de la historia y en todos los órdenes (religioso, político, social) han ido creando estructuras que, en principio, les han facilitado la subsistencia (pensemos en los vestidos, las casas, las herramientas, los pueblos, imperios, etc.). En muchas ocasiones estas estructuras, con el pasar de los tiempos, se han ido modificando para adaptarlas a los tiempos, pero también otras muchas se han fosilizado y lo que hacen es entorpecer la vida y a veces la asfixian y matan. La religión judía y la religión católica no son ajenas a estos procesos y hoy la Palabra de Dios nos invita a poner ojo avizor. 
La 1ª lectura (Eclo 15, 16 – 21)  es un canto a la libertad del hombre frente a Dios y por lo tanto a la responsabilidad del hombre a la hora de hacer opciones en su vida. Libre para elegir por los caminos que llevan a la vida o por los que llevan a la muerte: responsable en construir una civilización para la vida o una civilización para la muerte; una cultura de la vida o una cultura de la muerte. El hombre no está predeterminado para obrar necesariamente en un sentido, ni está debilitado o imposibilitado para optar por otro sentido. El hombre no está sometido a ningún carma, a ningún fatalismo, a ningún dios controlador, a ningún sino. También es verdad que el hombre no puede permanecer indiferente o sin tomar una opción. Debe elegir entre la vida y la muerte; entre el bien y el mal. El hombre debe hacerse a sí mismo y hacerse con los demás. El “no hacerlo” es ya una opción por la deconstrucción de sí mismo. El Pueblo de Israel, dice la Sabiduría, tiene bien claro que el camino que lleva a la vida es la Ley del Señor.
Como las cosas no están siempre tan claras, y porque el hombre tiene un corazón capaz de retorcer o enturbiar lo que está recto y claro, la misma Ley de Dios ha sido retorcida o enturbiada de tal forma a favor de unos pocos que los profetas y finalmente Jesús han querido poner el dedo en la llaga para repristinar en su justa medida el alcance de la Ley de Dios.
La Ley de Dios (los 10 mandamientos) había pasado de ser cauce de libertad a ser yugo de opresión. Prácticamente impracticable. Primero porque se había concretado en tantos mandamientos (más de 600) que casi nadie podía conocerlos en su totalidad; y después porque se había caído en el cumplimiento de la literalidad de la ley como indicativo de perfección y santidad y se pasaba de lejos  del espíritu de la ley o de la “vida” que subyace a toda ley a la que ésta pretende servir.
El Evangelio de hoy (Mat. 5, 17-37) nos presenta a Jesús frente a la Ley. No “enfrentado” sino “confrontado” con la ley y las interpretaciones que sobre ella habían hecho los entendidos en leyes.
No podemos olvidar que San Mateo, en el Sermón de la Montaña, traba una labor de substitución por cumplimiento plenificador de la ley mosaica por la ley evangélica. Igual que Moisés sube al monte para recibir las tablas de la Ley, Jesús sube al monte y, sentado, pronuncia las bienaventuranzas. La “nueva ley” que no anula sino que lleva a plenitud la antigua ley. Y esto lo quiere dejar claro desde el inicio, el evangelista: “No he venido a abolir la ley sino a llevarla a su plenitud”. Jesús no es revolucionario cambiando la ley, sino que es revolucionario llegando a la raíz. Es radical pero no extremista. Su revolución se enraíza en lo profundo del hombre, en el corazón; ahí donde se encuentra el hombre con la presencia de Dios.
Nunca podemos olvidar que la Ley (los mandamientos de Dios) nacen del corazón de Dios que ama al hombre desde siempre y por siempre y sin límites. Dios se la juega creando al hombre libre capaz de elegirle a Él como fundamento de la vida y también capaz de negarle a Él su puesto, su existencia, su invitación al encuentro, al diálogo y a la comunión. Una ley que nace del amor no puede ser otra cosa que un indicativo del camino que lleva a la Vida. Por eso Jesús hace su relectura de la Ley desde este presupuesto y desde ahí llega hasta las últimas consecuencias del amor.  La ley de Dios, sería algo así como un indicativo de mínimos, pero nunca desde la exterioridad o desde el cumplimiento puramente literal. Esos mínimos siempre convocan a la persona entera e invitan a un continuo crecimiento que lleva hasta límites insospechados; quizás ni siquiera límites porque el límite es el mismo Amor de Dios que no tiene límites. Para Jesús los límites son “obrar toda justicia” (sus primeras palabras en la vida pública) que es igual a obedecer a Dios en todo momento, siendo justos, santos, fieles al estilo de Dios mismo.
El evangelio de hoy desarrolla un primer tramo del sermón del monte donde Jesús afronta este tema de la justicia pedida por Jesús para vivir según la ley de Dios.
La ley de Dios dice “no matarás”. Jesús añade (no niega el no matarás) que no basta con no mancharse de sangre sino que hace falta llegar a apostar permanentemente por la vida. El límite del amor al otro no llega solo al respeto de la vida biológica sino que se puede llegar hasta dar la vida por el otro. Es necesario sacar del corazón todo aquello que nos lleva a eliminar al otro de nuestra vida. Odios, maledicencias, juicios, acusaciones, separaciones, huidas. El “otro” siempre es mi hermano y siempre merece por mi parte un trato de acogida, apertura, perdón y misericordia. El límite, Jesús lo vive en la cruz cuando dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
La ley dice “no cometerás adulterio”. Por supuesto, pero Jesús añade algo más. La fidelidad, la castidad se vive en el corazón. Incluso la donación de cuerpos en el matrimonio se vive desde el corazón. Debe tender siempre al ejercicio del don de la persona, de la entrega total de un yo a un tú, que juntos forman el “nosotros” del matrimonio. El matrimonio es indisoluble por la radicalidad del amor y no por ley externa alguna. El matrimonio será sacramento del Amor de Dios si se vive desde esta actitud de encuentro, de donación y de entrega. El matrimonio no siempre es fácil mantenerlo o vivirlo, pero si lo hacemos desde esta radicalidad en Dios es apasionante y siempre creciente. Hay que foguearlo permanentemente y cuidarlo como la vida misma, pero nunca deja de ser camino abierto hacia el crecimiento y la plenitud del amor que se hace Amor.
La ley dice “no jurarás en falso”. Ciertamente no jurarás. Jesús añade o va más allá invitándonos a la sinceridad sin límites y a apoyarnos justamente en la interioridad o en el valor de la misma persona en sí misma. La palabra debe expresar siempre la interioridad. Si digo “SI” es si en toda su amplitud. No tener subterfugios, escaqueos, camuflajes o desintereses. En mi palabra está comprometida toda mi veracidad, todo mi valor, todo mi ser. En el “sí” comprometo toda mi vida. Y hay síes que lo son para siempre. Además el jurar puede falsear a Dios o manipular a Dios o querer ponerlo a mí servicio. Y esto no se puede hacer. Dios no debe ser utilizado nunca como escudo o paracaídas; ni como justiciero ni como justificador. Una vez más decimos: dejar a Dios ser Dios.