martes, 1 de abril de 2014

Cardenal Rouco: «Corrientes culturales nos dicen que hay vidas que no valen»


«¿Cómo se explica la razón de un matrimonio en situación difícil que se abre a la vida? ¿Cómo se supera la enfermedad incurable o terminal de un niño? ¿Cómo se descubre el valor de la vida de un anciano, de un enfermo de Alzheimer? Corrientes culturales de pensamiento dicen que esas vidas no valen». Esta denuncia la hizo el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco, en la Eucaristía de envío de la Jornada Da la vida. «Ante ese hecho, hay que responder conociendo la verdad de la vida, sabiendo que si queremos hablar de dignidad de la persona humana, de su vocación para amar y vivir siempre, tenemos que abrirnos a la luz de la fe»
El arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, clausuró este domingo las Jornadas Da la vida, que se celebraba en el marco de la Jornada por la Vida que cada año celebra la Iglesia el 25 de marzo.
La Eucaristía fue concelebrada con monseñor Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares; monseñor Joaquín López de Andújar, obispo de Getafe, y monseñor Nicolas Djomo, Presidente de la Conferencia Episcopal de la República Democrática del Congo. Participaron también más de 50 sacerdotes. Durante la homilía, el cardenal Rouco manifestó su alegría por poder celebrar una misa en el Madrid Arena, «lugar que en los últimos tiempos ha acogido tantos eventos dedicados sobre todo a los jóvenes».
El cardenal valoró el esfuerzo de las familias con niños que, a pesar del cambio de hora y de las inclemencias del tiempo, se han desplazado hasta el recinto de DALAVIDA. «Nos ha obligado a hacer cierto ejercicio de superación de nosotros mismos. Una especie de penitencia, no buscada que el Señor nos ha ofrecido para vivir más a fondo este tiempo de Cuaresma».
La vida triunfa sobre la muerte física y del alma
Aprovechando las lecturas del cuarto domingo de Cuaresma, don Antonio María reflexionó sobre las ideas esenciales de la Pascua. «Sobre todo vista desde lo que es el hombre y lo que necesita el hombre personalmente, diríamos que es la fiesta de la vida que triunfa sobre la muerte física y sobre la muerte del alma».
El Señor resucitado, explicó, «aparece como una luz que ilumina el panorama hasta entonces oscuro del hombre, que no sabía cómo iba a hacer o qué iba a hacer con su vida. Porque el horizonte más inmediato de la vida del hombre es la muerte, que es oscura y tenebrosa. Pero vista desde el misterio de la Luz pascual es la puerta para la Luz y la Vida».
Tras referirse al Beato Juan Pablo II como creador de esa bella expresión del Evangelio de la Vida, el arzobispo de Madrid se preguntó por qué la vida está hoy amenazada. «Porque el hombre no ha querido conocer la verdad de Dios y por lo tanto su propia verdad».
Razón y corazón
«¿Cómo el hombre se enfrenta a las grandes cuestiones de su existencia de forma muy primordial y básica? ¿Sólo con el corazón? ¿Sólo con la inteligencia? No es posible. No se puede separar el corazón de la inteligencia». Ese diálogo de fe y razón se ha interrumpido, a juicio del cardenal, porque el Príncipe de las tinieblas ha engañado al corazón humano al hacerle creer que el hombre podía ser su propio Dios, el que todo lo sabe y el que prescinde del Señor.
A juicio del cardenal, para conocer lo que es la vida, poder dar la vida, hay que conocerse humano, saber de dónde se viene y a dónde se va. «La razón sola no sabe explicarlo todo. ¿Cómo se explica la razón de un matrimonio en situación difícil que se abre a la vida? Hay que pedirle un sí más allá que el de la razón pegada a lo material. ¿Cómo se supera la enfermedad incurable o terminal de un niño? ¿Cómo se descubre el valor de la vida de un anciano, de un enfermo de Alzheimer?», se preguntó don Antonio María, que tuvo un cariñoso recuerdo para el fallecido presidente Adolfo Suárez.
«Corrientes culturales de pensamiento y expansión mediática, política y jurídica -continuó- dicen que esas vidas no valen». Una realidad que se acerca a la «expresión tremenda» que se hizo conocida en el siglo XX, durante la II Guerra Mundial: Vidas no dignas de ser vividas. «Ante ese hecho es ante el que hay que responder conociendo la verdad de la vida, sabiendo que si queremos hablar de dignidad de la persona humana, de su vocación para amar y vivir siempre, tenemos que abrirnos a la luz de la fe, del misterio de Cristo que nos señala con claridad que la vida es don y que hay que vivirla para darla».
Llenos de amor, nos sale dar la vida
Igual que el Hijo se da a Sí mismo, nos pide a los hombres vaciarnos de nosotros mismos para llenarnos del Espíritu Santo y reconstruirnos. De esta manera, señaló el cardenal, nos llenamos de amor y nos sale dar la vida. «Y si nos sale dar la vida la daremos en todas las fases de su historia física o espiritual. Incluso las consideramos como las más fecundas desde el punto de vista del amor».
El cardenal Antonio María animó a los fieles a «entrar a fondo en la experiencia del sacramento de la Eucaristía con un horizonte de que es necesario dar la vida. Tenemos que ser humildes (...) Para comprender dentro de la fe el Evangelio de la vida hay que comenzar por hacerse como niños, que entienden muy bien lo que es la vida, y qué es dar la vida».
Por último, un consejo: «Oración a la Virgen, nuestra Madre, que lo es también de Aquel que es la Vida. Con Ella la oración se hace no sólo fecunda, sino casi infalible. Con Ella y por Ella, empezamos a escribir un nuevo capítulo de la promoción del Evangelio de la vida».
La Eucaristía presidida por el cardenal puso fin a las Jornadas Da la vida. Durante el sábado y el domingo, se proyectó para jóvenes y familias el documental La sangre y la rosa, sobre la Virgen de Guadalupe, Patrona de la vida. Además, en el marco de la Jornada se celebraron un festival, una Vigilia de oración y un Congreso formativo, todo con el objetivo de dar a conocer las iniciativas de la Iglesia en defensa de la vida y la familia, y promover el compromiso de los fieles con este apostolado.
Alfa y Omega

No hay comentarios: